Mockus y Santos: Vidas paralelas y horizontes irreconciliables.

Presentación: ¿Qué sentido tiene hoy volver a publicar un artículo escrito hace casi siete años, en medio de la disputada campaña presidencial de 2010 entre Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, publicado entonces en un anodino blog? La respuesta es su lamentable vigencia y la eventual inminencia de que esa historia se vuelva a repetir en las próximas elecciones presidenciales del 2018. Quizá por ello cobre sentido su lectura y advertir que ahora, quienes levantan de nuevo la bandera de la lucha contra la corrupción, aspiran otra vez a instaurar la máxima corrupción de la política que es la guerra, pues en ella no sólo se roban billones de pesos sino cientos de miles de vidas humanas; no sólo se enriquece más a unos pocos, en nombre de la “paz y la seguridad”, sino que se empobrece y degrada a toda la sociedad y a nuestra común dignidad de seres humanos.

Mockus y Santos: Vidas paralelas y horizontes irreconciliables.

Hernando Llano Ángel.

Un fantasma, cuyos antepasados proceden de lejanas e ignotas tierras, recorre a Colombia. Su figura es una extraña mezcla de Quijote y Moisés. Del primero tiene la inspiración de la  locura  y su obsesión por la justicia. Del segundo, el carácter de la ley y la fe en lo sagrado. En  esta campaña por la Presidencia de Colombia su máxima aspiración es desterrar de la política la ilegalidad del crimen y la trampa, instaurando de nuevo la vigencia de la ley como garantía de igualdad y dignidad para todos. Por eso parece un profeta iluminado que proclama la sacralidad de la vida  en medio de un desierto de fosas comunes que no logran ocultar los frutos de la “democracia más estable y profunda de América Latina”: cerca de 18.000 desaparecidos, según informe del Instituto de Medicina Legal en su reciente publicación: “Forensis: datos para la vida”.

Mockus, con su voz trémula y ademanes temblorosos, se enfrenta sin odio a una “seguridad democrática” que ha cobrado hasta la fecha 2.358 vidas de jóvenes anónimos y pobres, cuyas ejecuciones sumarias son denominadas con cinismo mediático como “falsos positivos”. Durante 2007 se registró el mayor número de “falsos positivos” con 507 víctimas, siendo entonces ministro de defensa Juan Manuel Santos, con quien ahora se disputa cabeza a cabeza la favorabilidad en las encuestas de opinión para alcanzar la Presidencia. Tiene sentido, entonces, hacer una comparación entre estos dos candidatos, que no sólo encarnan vidas paralelas, sino que además representan horizontes irreconciliables para el destino de Colombia.

Para empezar, hay que reconocer que Juan Manuel es un digno heredero no sólo de Uribe, sino de algo más trascendental y significativo que desde Gaitán se conoce como el “País Político”, él cual ha vivido y prosperado a costa y en contra del “País Nacional”. Ese “País Político” que en nombre de la “civilidad” y la “democracia” ha cometido genocidios y magnicidios en forma impune desde 1948 y ahora aspira a continuar haciéndolo en nombre de la “seguridad democrática”.  No es gratuito que Juan Manuel proponga, entonces, que el Fiscal General de la Nación sea nombrado en adelante por el Presidente, para cubrir así lealmente todas sus fechorías y las de sus subalternos. En tal eventualidad, ya no habrá posibilidades de llamar a juicio a un ministro, como Sabas Pretelt, para que responda ante la sala penal de la Corte Suprema de Justicia por su ejemplar gestión como mercader de cargos públicos.

Tiempos Criminales

Por eso Juan Manuel rescató de la ultratumba política a ilustres descendientes de prohombres como Mariano Ospina Pérez y Guillermo León Valencia, para que le levantaran su brazo derecho de fiel heredero de la “convivencia política” y la “paz” que forjaron sus padres.  Se comprende que ahora Juan Manuel no tenga apellido, pues en este tramo final de campaña quiere ocultar su origen y su pasado, tan ajeno a la sacralidad de la vida y de lo público y tan cercano a la picardía de lo mundano y a las tramoyas del poder corrupto y cortesano. Poder que aspira a seguir regentando como un testaferro de Uribe o su muñeco ventrílocuo, pues apeló a su fingida voz en una cuña radial para confundir a electores incautos y luego celebrar con picardía semejante proeza de sus geniales publicistas de la mentira (J.J. Rendón). Propaganda electoral que, con el consentimiento tácito de Uribe, mancilló la dignidad presidencial de Jefe de Estado de todos los colombianos, pues se convirtió en pregonero de la “U” y de Juan Manuel. De allí que rápidamente la sacaran del aire y ya no se escuche tan destemplada cuña. Razón le asiste al destituido Gobernador del Valle, Juan Carlos Abadía, cuando reclama que “desde Uribe hasta el Alcalde” deben ser sancionados por intervención en política proselitista.  Es el signo de los tiempos que corren: la ilegalidad y la criminalidad han reducido la política a una especie de concierto disimulado para delinquir y han convertido a la Casa de Nariño en una penumbrosa dependencia para conspirar contra la Corte Suprema de Justicia. En sus sótanos fue recibido “Job”, el legendario jefe de la oficina de sicarios de Envigado, por el actual Secretario de Prensa de la Presidencia y futuro embajador de Colombia en la Santa Sede, Cesar Mauricio Velásquez. Engrosará así la lista de funcionarios non sanctos en representación de nuestro desacreditado cuerpo diplomático, que después de su periplo europeo regresan a rendir cuentas ante la justicia, como Jorge Noguera y Sabas Pretelt.

De alguna manera el inexorable paso del tiempo, que no se detiene, revela tanto como oculta, y refleja bien nuestro pasado inmediato y esa  ignominiosa historia de “reconciliación” llamada Frente Nacional, donde prohombres liberales y conservadores pactaron el “miti-miti” del Estado (como si fuera su Hacienda particular), repartiéndoselo durante casi medio siglo, eludiendo de paso toda responsabilidad como determinadores de “La Violencia”.  Sin duda, Santos es un vástago de esa tradición de privatizar y criminalizar lo público. Por eso su facilidad para conversar en 1997 con criminales de lesa humanidad como Carlos Castaño y Salvatore Mancuso para promover una nueva edición del “Frente Nacional”, ahora en clave criminal, y forzar así la salida de la Casa de Nariño de Samper, quien se le adelantó en tratos y acuerdos financieros con otro sector más “decente y empresarial” del narcotráfico. Así las cosas, el país político pasó del “pacto de caballeros” del Frente Nacional al “pacto entre criminales”, pero sin coalición y alternancia gubernamental, pues los de cuello blanco y “manos limpias” hoy gobiernan, mientras los delincuentes comunes y sanguinarios son extraditados o eliminados. Una sutil división del trabajo sucio y una acertada combinación de todas las formas de lucha, en nombre de la “democracia más estable y profunda de América Latina”. Estable en los torrentes de sangre que la recorren y profunda en el número de fosas comunes, trincheras y minas antipersonales que la surcan.

Tiempos Ciudadanos

Pero los tiempos están cambiando. De nuevo el País Nacional, ahora más joven y citadino, empieza a reconocer que la política es un asunto ciudadano y no quiere permitir que siga siendo violada, expropiada, secuestrada y mancillada por los dueños del País Político. Ha llegado la hora de recobrar la libertad de la política, contra el chantaje del miedo y de su secuestro por intereses corporativos y privilegios familiares. Por eso el mensaje de Mockus, refrendado por su gestión pública y la de su fórmula vicepresidencial, Sergio Fajardo, ha calado tan hondo en las nuevas generaciones y en el País Nacional. Estamos frente a dos horizontes irreconciliables de la vida pública: el de la criminalidad y la impunidad política al mando del Estado o el de la ciudadanía política y la legalidad transformando el Estado. Tal es la encrucijada que debemos resolver en las próximas elecciones y ningún ciudadano puede ser ajeno a semejante responsabilidad histórica, política y ética. Si triunfa Santos, será el putrefacto País Político que se impone de nuevo sobre el naciente País Nacional que ahora se expresa con rostro imberbe de País Ciudadano. Santos celebrará y consolidará esa funesta unión de la política con el crimen, que merece el nombre de régimen Electofáctico, en tanto son los poderes de facto los que determinan quién gana y quién gobierna tras bambalinas, y no la libre voluntad de los ciudadanos.

Pero si gana Mockus, el triunfo es el de una nueva ciudadanía que no se deja manipular por el miedo y el asistencialismo gubernamental. Una ciudadanía que asume la responsabilidad de no dejarse engañar más por las mentiras oficiales que niegan las pruebas y evidencias crecientes de sus graves ilegalidades y crímenes (interceptaciones y persecución política del DAS a los opositores del Gobierno y “falsos positivos”) como tampoco se intimida frente a la violencia organizada, sea de derecha o de izquierda, institucional o ilegal. Una ciudadanía que repudia radicalmente la violencia y el crimen como fuente de legitimidad y gobernabilidad. Una ciudadanía que se expresa heroicamente todos los días en el campo, como las comunidades indígenas del Cauca cuando rechazan a las FARC y a todos aquellos actores armados que cometen execrables crímenes contra la población civil, sin importar el uniforme que porten.  Como la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, acribillada y humillada por todos los actores armados, incluyendo el condecorado por Uribe Vélez con el título de pacificador de Urabá, general (r) Rito Alejo del Río, hoy privado de la libertad por crímenes contra sus líderes. Crímenes cometidos durante la gestión de Uribe como Gobernador de Antioquia (cerca de 930 asesinatos entre 1995 y 1997) gracias a la promoción y defensa de las Cooperativas de Seguridad Convivir, una de las cuales fue fundada por Salvatore Mancuso en Córdoba, antes de dar su paso a la creación de la Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) con los hermanos Castaño.

Horizonte de Criminalidad, Impunidad, Mentira y Muerte contra horizonte de Civilidad, Legalidad, Verdad y Vida.

El próximo 30 de mayo no sólo se estará definiendo quién gana. Se estará decidiendo qué tipo de sociedad somos: la tolerante con el crimen y la ilegalidad, responsable de genocidios como la  “Violencia”  y de magnicidios como los de Jorge Eliecer Gaitán y Luis Carlos Galán, pasando por  Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, José Antequera, Carlos Pizarro y una innumerable lista de líderes populares anónimos, sin olvidar el holocausto de la justicia y de miles de abnegados miembros de la Fuerza Pública o, por el contrario, si somos una sociedad civil responsable y decente que no está dispuesta a seguir legitimando este entramado de criminalidad política y se compromete a construir una auténtica democracia y un Estado Social de derecho insobornable.

Lo que está en juego es si la actual generación de las redes sociales, con sus padres y mayores, gana la oportunidad histórica de empezar a tejer una sociedad incluyente y equitativa, promovida por un Estado de Justicia, donde la única  excluida sea la violencia estructural de la pobreza y la personal de la venganza o, por el contrario, va a continuar gobernando la ilegalidad del crimen y la impunidad bajo la perfecta coartada de un candidato Non Sancto llamado Juan Manuel y de una cacocracia diestra en robar la confianza ciudadana y en pervertir el sentido de lo público.

Cada quien decide bajo qué horizonte vive y cuál sociedad legará a sus hijos: la de la civilidad, la legalidad y la equidad o la de la criminalidad, la impunidad y la desigualdad que hasta ahora hemos consentido por la ambición y astucia de unos pocos pícaros disfrazados de políticos; la indolencia, comodidad o necesidad de muchos que los eligen y la fútil pasividad de la mayoría que no vota. Es la hora de la verdad que rinde tributo a la vida y la legalidad o de la mentira complaciente con la muerte y la ilegalidad. De su decisión el próximo 30 de mayo o el 20 de junio depende cuál sociedad prevalecerá.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

** Imagen extraida de las 2 orillas

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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