México y Estados Unidos: una relación compleja

 

Estados Unidos fue la primera democracia liberal del mundo. Sus fundadores conjugaron la experiencia de Gran Bretaña desde la revolución gloriosa de 1689 y las ideas liberales de la ilustración francesa. Tuvo vocación de crecimiento desde el principio, e incluso compró Luisiana, territorio francés con linderos con México.

Como casi toda Latinoamérica, México se separó de España a principios del siglo diecinueve y tomó muchos elementos de su gran vecino para el diseño de sus instituciones políticas, pero la relación fronteriza trajo dificultades. España había colonizado lo que hoy es Texas, Nuevo México, Arizona y California. Esa franja se incorporó a México hasta la guerra de los dos países, entre 1846 y 1848. Estado Unidos la adquirió como consecuencia de decisiones irracionales del Presidente Santa Anna. La relación bilateral mejoró bajo Porfirio Díaz, quien gobernó a su país entre 1876 y 1911 y México recibió importante inversión americana. La revolución mexicana cambió las cosas durante tres décadas desde 1913, cuando el gobierno americano desconoció la legitimidad del presidente Huertas, y la relación solo volvió a ser cordial después de la segunda guerra mundial, en 1945. Aunque el lindero entre los países se  redujo como consecuencia de los acuerdos de 1848, es todavía muy grande, más de tres mil kilómetros. La articulación terrestre entre los dos países motivó al capital americano a hacer inversión en la frontera para el desarrollo de actividades industriales con importante participación de mano de obra, pues el trabajo más barato hacía más competitiva la producción. En 1994 se incluyó a México en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica que habían suscrito desde 1988 Estados Unidos y Canadá.

 

Pese al progreso económico y social de México en el último medio siglo, las diferencias sociales y económicas entre los dos países todavía son muy grandes. Estados Unidos ofrece oportunidades de vida próspera, lo cual ha motivado el cruce ilegal de la frontera en grandes cantidades durante los dos siglos de independencia de México. Hoy la población de Estados Unidos con raíces y cultura vinculados a México suma casi cuarenta millones de personas, y equivale a doce por ciento del total. Como consecuencia, la sociedad multicultural de Estados Unidos tiene hoy un importante componente de elementos mexicanos, que quizá incomodan a algunas personas de ascendencia europea. La cultura mexicana conjuga elementos hispánicos y propios de las civilizaciones americanas establecidas en ese país antes del descubrimiento europeo de América. Tiene comidas diferentes, con gran peso del maíz y el fríjol. Además, México es hispanoparlante y de tradición católica, así el Estado haya sido anticlerical durante buena parte de su historia, en tanto que la lengua inglesa prevalece en Estados Unidos y la preferencia religiosa de la mayoría sea protestante.

 

El North American Free Trade Agreement, como su nombre indica, tiene orientación central hacia la libertad de comercio, pero no busca, en contraste con la Unión Europea, el libre flujo de trabajo de un país a otro. Las severas restricciones para la migración que existen en ambos países no son efectivas porque hay mucha actividad alrededor de facilitar el cruce ilegal de la frontera hacia Estados Unidos. Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos, ha prometido cerrarla mediante una pared a financiar con gravámenes para las importaciones de México, y proteger la producción nacional en su país, en general, para corregir el déficit de balanza comercial. Parece no tener en cuenta que la limitada competitividad de la industria de Estados Unidos en muchos capítulos está relacionada con el enorme flujo de capital que ingresa al país, sobre todo de China y del  mundo subdesarrollado, y que no se neutraliza en forma debida mediante exportación de capital para evitar la excesiva valoración del dólar. Mientras esta situación persista, el cierre radical de fronteras solo encarecerá el costo de vida para los habitantes de Estados Unidos e inducirá un serio estancamiento en la economía mexicana, con serios perjuicios para los estamentos bajos de la población.

 

El otro capítulo complejo hoy en la relación bilateral es el tráfico de estupefacientes. Los carteles mexicanos, sobre todo el de Sinaloa y los Zetas, son los proveedores principales de cocaína en Estados Unidos. Estas organizaciones criminales controlan la cadena de valor desde el cultivo de la mata de coca en Sudamérica hasta la distribución al por menor en las ciudades americanas, con el apoyo de las mafias rusas radicadas en el sur del estado de Florida, quienes se encargan del trabajo de lavado de activos y de la reexportación a África Occidental y Europa. Estados Unidos dedica cantidades inmensas de dinero a combatir los estupefacientes desde 1971, sin resultados satisfactorios. Parecen haber olvidado el impacto nocivo de la prohibición del consumo de alcohol en los años veinte, hasta 1932, cuando se entendió que la prohibición de sustancias tóxicas tiene grandes costos sociales y económicos, mucho mayores que el beneficio. La guerra desatada en México a raíz de la derrota electoral del Partido Revolucionario Institucional  en 1994, que significó la ruptura de las relaciones de convivencia entre el poder público y los narcotraficantes. Los carteles ampliaron su ámbito al desaparecer las limitaciones derivadas de acuerdos tácitos de mesura de parte y parte, y se convirtieron en verdaderos actores delincuenciales transnacionales. El presidente Felipe Calderón los enfrentó sin resultados contundentes, y la situación sigue compleja hoy, sin perspectivas claras en la medida en que no hay todavía clima para legalizar la cocaína y la heroína en Estados Unidos.

El futuro de la relación depende, sobre todo, de que México encuentre un camino de desarrollo social y económico adecuado. Para ello es preciso mejorar la distribución del ingreso, construir instituciones políticas adecuadas para el mundo actual, y mejorar la calidad de su sistema educativo, en general. La tarea que enfrenta la sociedad mexicana es similar a la de otros países de Latinoamérica, con la salvedad de que la frontera, fuente de oportunidades, también lo es de problemas. “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, declaró alguna vez Porfirio Díaz.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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