Menos ceros al billete colombiano

Tras voltear con el asunto por varios años, ahora decidieron quitarle tres ceros al papel moneda y emitir nuevos billetes. Como consecuencia el gobierno ha anunciado que tramitará la ley correspondiente.

Los beneficios de dar ese paso parecen irrebatibles. Según voces autorizadas el cambio facilitará las transacciones y los registros contables; disminuirá costos y nos acercará a los estándares internacionales.

Pero quien dio el impulso final a la medida fue el Fiscal General. Este la inscribió en la estrategia de lucha contra el enriquecimiento ilícito y el delito. Según la mirada del funcionario los narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares y hampones quienes tienen cantidades de dinero en caletas, perderán lo acumulado salvo que asuman el riesgo inmenso de intentar legalizarlo. Así las cosas los cuatrocientos o quinientos mil millones que cuesta el cambio de los billetes será asunto de poca monta frente a los beneficios.

La eliminación de ceros del medio circulante fue utilizada por varios países con el propósito de ayudar a organizar sus economías. Tal sucedió en Alemania después de la hiperinflación de comienzos de los años 20, cuando una hogaza de pan llegó a costar más de doscientos millones de marcos. También se aplicó en Chile al fracasar el régimen socialista y en Argentina durante 1991. México haría lo propio tres años después, mientras Brasil ha acudido varias veces a ese procedimiento.

Colombia tiene antecedentes en igual sentido. Por los días de la Guerra de los Mil Días el Banco Nacional emitió dinero a rodos para financiar las tropas. El resultado fue una inflación desaforada y la persistente devaluación de la moneda. La situación llevó a que se adoptara el patrón oro en 1905. La nueva unidad equivalía a cien pesos de los antiguos.

El cambio de la moneda para reducir el número de ceros podría aprovecharse con el fin de fortalecer los valores autóctonos, la cultura y la identidad nacionales. En este orden de ideas es conveniente tener en cuenta algunas consideraciones: 

1- La grafica de los billetes debe alcanzar un alto nivel estético, de manera que su movimiento entre la población fomente el gusto artístico. En este propósito sería deseable escoger los mejores diseñadores mediante concurso.

2- Los temas y personajes incluidos tienen que ser relevantes. Este asunto cuenta en un país donde los ciudadanos no conocen la historia. Por eso resulta inexplicable que en la reciente emisión se dé cabida a una académica desconocida, mientras quedaron por fuera La Gaitana, Manuela Beltrán, Antonia Santos, Emma Reyes, Esmeralda Arboleda e innumerables mujeres protagonistas principales de nuestro trasegar.

3- Los billetes no pueden ser confusos. Esto significa que colores y características deben estar bien diferenciados, evitando equivocaciones costosas a los tenedores.

4- Los billetes deben ser limpios. ¿Cómo se pretende tener en alto la higiene y la autoestima de la población si los billetes que tienen en sus bolsillos y los que entregan bancos y cajeros son asquerosos, nidos ambulantes de gérmenes?

Ojalá al eliminar los ceros y sacar las nuevas emisiones intervengan nuestras criteriosas coterráneas Mariana Garcés, ministra de Cultura, y Ana Fernanda Maiguashca, directiva del Banco de la Republica. Ellas podrían lograr que el rollo de los billetes quede bien desenvuelto.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de la página oficial del diario El País.

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