Más y mejores parques para Cali

La administración Duque ha decidido poner un énfasis al sector cultural durante su mandato y, para ser honesto, dada la importancia del mismo, mi deseo es que su sucesor dentro de cuatro años siga priorizando la cultura y la innovación para que esto no sea el capricho pasajero de un presidente especialmente sensible a los aspectos culturales.

Como el sector cultural abarca tantos elementos que van desde las obras de teatro, los eventos deportivos, hasta los museos y las fiestas típicas regionales, muchas veces se pierde de vista la cotidianeidad del sector cultural y deportivo. Esa cotidianeidad ocurre en los parques de barrio. Sí, ese que todos visitamos desde niños, donde transcurre nuestra niñez y nuestra adolescencia, y para muchos que siguen viviendo en sus ciudades, la de sus hijos.

Sin embargo, el estado de los parques de barrio a nivel nacional no es muy bueno y Cali no escapa a esta situación. Por toda Colombia, los parques están abandonados o muy mal mantenidos, posiblemente con la excepción de Barranquilla donde han mejorado bastante, pero donde también sigue habiendo muchísimo por hacer.

Buena parte del problema es que la ciudadanía no se toma el trabajo de reportar el mal estado de los parques de su barrio, como tal vez sí lo haga tras encontrar una tubería rota en sus andenes o los huecos de las calles del vecindario. Aunque incluso sabemos que reportarlos no es garantía de su reparación, las probabilidades de que así se haga, aumentan.

Hoy que la economía naranja está tan de moda, y que me he tomado el tiempo de revisar el Plan Nacional de Desarrollo, con su tono naranja, quiero aprovechar para sensibilizar a los lectores, sobre la manera como ignoramos estos espacios, justo en los momentos donde menos deberíamos ignorarlos, que es cuando estamos planeando la ejecución de las políticas de un gobierno.

En el actual Plan Nacional de Desarrollo las únicas referencias que se hacen a los parque son las relacionadas con el Parque Automotor, el parque auntromotriz, que debe ser el mismo automotor, el parque inmobiliario, los parques tecnológicos, el parque agroindustrial (una iniciativa de inversión en Córdoba),  el parque lineal alrededor del río en Bogotá (que no está precisamente muy dentro de la ciudad), el parque del bicentenario de la independencia en Boyacá (área rural), un parque industrial hidrocarburifero en Norte de Santander, unos parques eólicos en Casanare, y los Parques Nacionales Naturales (bosques, páramos y selvas)  Prácticamente pare de contar. Así las cosas, los “verdaderos” parques, los de los barrios, no fueron mencionados en esas 1660 páginas, sino una sola vez; eso, dentro de una de las categorías donde la movilidad de los inválidos no es buena. Sí, a alguien, al menos, se le ocurrió que los inválidos también visitan los parques, y encontró que tampoco ellos pueden disfrutar de los mismos a plenitud.

Así las cosas, la importancia de estos espacios tan cercanos a nuestras vidas y tan importantes para el crecimiento sano de las futuras generaciones es flagrantemente ignorado, no solo por el gobierno actual, sino por todos los gobiernos, incluidos los gobiernos locales, en quienes recae finalmente la responsabilidad de crearlos y mantenerlos.

Quienes hemos tenido la posibilidad de viajar al extranjero sabemos que tener parques de barrio bien mantenidos es posible. ¿Qué pedimos?. Que se siembren flores, que se arreglen los senderos para trotar y caminar, que se pongan columpios y áreas de juegos que funcionen y estén bien aseadas y, tal vez más importante aún, que se cerquen sus límites para evitar que los niños y las mascotas sean víctimas de accidentes de tránsito.

La manera más lógica de hacerlo es garantizar un mayor presupuesto a las administraciones locales para estos fines y velar por su correcta ejecución. La otra, menos evidente, es facilitando alianzas con el sector privado para su administración. Estas no deben generar cobro por el uso del parque. Pero sí el privilegio del administrador para publicitar su marca y cobrar alquileres o explotar comercialmente el interior de los parques con el fin de realizar actividades que actualmente ofrece la economía informal, como los taburetes para que los niños dibujen, los castillos inflables o las ventas de helados y paletas. Esto permitiría además un paso hacia la formalización del trabajo en el país. Ojalá los caleños nos concienticemos de la importancia de estas iniciativas.

Fuente imagen: https://bit.ly/2TFzkt3

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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