Más divididos que nunca

Dicen que Abraham Lincoln era un gran contador de historias desde muy joven. Podía hacer reír a la gente y la gente lo quería. Confiaban y creían en él.

Abraham Lincoln también creía que la esclavitud era equivocada y se opuso a su expansión en los estados nuevos del Oeste que a mediados de los 1800 entraban a la Unión. Él y su partido, el Republicano, se establecieron como un frente común contra esa injusticia y así fue elegido Presidente en 1860.

Poco a poco los estados del sur se retiraron de la Unión y en abril 12 de 1861, con disparos de soldados sureños sobre Fort Sumter en Carolina del Sur, comenzó la Guerra Civil. Este miércoles en la noche decía un comentarista republicano que la clarísima división que dejan las elecciones del martes en Estados Unidos no es nueva, que viene desde Abraham Lincoln. Algo tiene de verdad, porque siempre ha sido una sociedad fracturada, pero lo de ahora en su esencia es bien distinto porque está liderada desde la Casa Blanca por alguien que no cree en la unión de los supuestos Estados Unidos, ni en la de sus ciudadanos -y tiene millones de furiosos adeptos-.

En su segundo discurso de posesión Abraham Lincoln dijo que la nación debía actuar “sin malicia sobre ninguno, con firmeza en el derecho, debemos luchar por terminar el trabajo que tenemos, sanar las heridas de la nación y hacer todo por una paz justa y duradera entre nosotros y con todas las naciones”. Y todos sabemos lo que dice Donald Trump y que difiere bastante de Abraham Lincoln.

En su columna de opinión del miércoles Thomas Friedman dice que estos últimos cuatro años han sido los más divisivos y deshonestos en la historia de Estados Unidos y que han atacado dos pilares de su democracia: verdad y confianza. “Donald Trump no ha pasado un día de su presidencia tratando de ser el presidente de todas las personas, ha quebrantado las reglas y echado al traste las normas de una manera que ningún otro presidente se había atrevido” afirma Friedman.

Más allá, lo triste es que no llegó esa ola moral que nos esperábamos, “no hubo un rechazo generalizado al tipo de liderazgo que nos divide”, agrega el columnista. Mitad de Estados Unidos votó por una realidad que es una necesidad, la otra votó por un Estados Unidos en la que se moraliza lo que es a todas luces equivocado y se niega una realidad de a puño: el mundo cambió.

Ocurrieron hechos históricos. Por ejemplo, David Ortiz hará parte de la legislatura estatal de Colorado, es la primera persona bisexual y discapacitada que ha sido elegida para ese cargo en el Estado. Mauree Turner, la primera persona no binaria y musulmana elegida para el mismo cargo en Oklahoma. En Nuevo Mexico Deb Haaland, Yvette Herrell y Teresa Leger Fernandez, mujeres, dos de ellas nativas americanas van al Congreso. En Delaware, Colorado, Wisconsin y Florida fueron elegidos cuatro musulmanes para distintos cargos nacionales o locales, y en Nueva York, Ritchie Torres y Mondaire Jones, dos negros abiertamente homosexuales fueron elegidos al Congreso.

¿Cómo seguir negando que Estados Unidos cambió? De hecho, en el futuro muy próximo se prevé que los latinos, negros y asiáticos serán una mayoría indiscutible, así como se prevé que Francia en unos años será musulmana. Como todas las sociedades, es absolutamente diversa y eso es lo que la mitad de los votantes al parecer no quisieron admitir.
Votaron por la división.

Lo que queda de los resultados de la elección en Estados Unidos no es más que un corazón y un país roto.

Columna recuperada de el Diario El País.
Foto de cottonbro

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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