Más allá de la reforma tributaria

La reforma tributaria es un tema que causa conmoción entre la población y la indignación que genera se da como si fuera un problema coyuntural, pero entonces es necesario realizar dos precisiones importantes e incluso incómodas si se quiere: primero no es algo coyuntural, y en segundo lugar no es un problema en sí, por más incómodo que resulte.

Analicemos el primer aspecto: las reformas tributarias (al igual que el salario mínimo) son aspectos que están presentes siempre en el panorama nacional al final del año; de hecho, el aumento de las tasas impositivas es algo que se da en todas las naciones, y es más fuerte en los países desarrollados, de modo que no es una situación que deba escandalizarnos.

En segundo lugar, no es un problema per sé, es una realidad que, reitero, es inherente a todas las naciones y es casi que una ley presupuestal; si los gobiernos quieren hacer una buena gestión requieren ingresos, y estos se recaudan por la vía tributaria. Lo que sí es un problema es que los impuestos no se ejecuten adecuadamente en los puntos problemáticos. Evaluar si el Congreso y demás instituciones públicas tienen un tamaño adecuado, si el gasto en la maquinaria burocrática corresponde con las tasas de mejora que debe tener Colombia en educación, salud, eficiencia jurídica, y otros temas de vital relevancia para la sociedad es el punto a revisar; y más aún, qué hacemos los colombianos para castigar en las urnas la ineficiencia en el uso de los recursos públicos, ¿no somos, al actuar como unos votantes irresponsables, los culpables del despilfarro de los actores públicos sobre nuestros recursos? Los cuales, como dice Mokus, son sagrados. ¿No nos faltamos al respeto como ciudadanos cuando votamos por alguien que sabemos no hará una labor adecuada representándonos? O ¿cuándo no somos capaces de expresar de manera masiva, pacífica pero contundente nuestra indignación en la calle?

El gobierno y el Estado colombiano han tomado malas decisiones sobre el uso de nuestros recursos, eso es una verdad obvia y recurrente, pero bien vale la pena acudir a la autocrítica, algo que escasea en nuestra sociedad, y preguntarnos si no somos nosotros los primeros responsables de ello.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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