Mal ejemplo y ex presidentes

Vivimos en un estado de polarización política que exacerba y destruye. Esa tensión se presenta incluso entre personas que participan de las mismas tradiciones e ideas en materia de democracia, derechos fundamentales y libertades económicas. El furor nos impide entender que los problemas más álgidos de Colombia tendrían solución si nuestros dirigentes actuaran con espíritu de diálogo y consideraran las necesidades apremiantes del país para generar acuerdos.

Por supuesto que siempre habrá diversidad de enfoques. Pero estas diferencias serían superables y podríamos avanzar hacia soluciones ciertas si como nación nos comprometiéramos en un intercambio respetuoso, en un diálogo que parta de aquel principio básico según el cual todos tenemos derecho a vivir dignamente en esta casa grande que es Colombia.

El ideal que mencionamos en la búsqueda de soluciones está lejos. Preferimos odiarnos y descalificarnos, negar los derechos del otro, del que no piensa como nosotros. Quienes nos atrevemos a opinar públicamente sopesando los ángulos distintos de la compleja realidad recibimos descalificaciones de lado y lado, cuando no amenazas.

Las redes sociales tienen algoritmos que trabajan para poner en nuestras manos apenas lo que nos gusta e interesa, hundiéndonos en nuestros prejuicios y obsesiones. A esto se suma la ausencia de referentes que iluminen el camino de la integración y la armonía.

Incluso los cinco expresidentes de la República quienes ya recibieron honores y oropeles; quienes tienen el sol a la espalda; quienes deberían estar más allá del bien y del mal haciendo esfuerzos por recomponer la concordia, han renunciado a propiciarla y a generar soluciones viables, construidas en ánimo de convergencia. Más aún se permiten actuar como propiciadores del odio y de pasiones desenfrenadas; a la menor oportunidad aparecen picoteándose entre ellos, envistiéndose como rumiantes furiosos.

Estos caballeros del ocaso son ahora mentes sin vuelo, sumidos en fútiles vanidades o ambiciones inmediatistas de carácter electorero. Ya no les importa el pensamiento estratégico, generoso y abierto, ese que antepone los intereses generales a cualquier otra consideración.

Sus almas lucen secuestradas por la soberbia y su designio parece ser echarle leña a la hoguera. No se les ocurre que podrían juntarse para liberarnos de ese nuestro peor mal, la corrupción pública y en la política.

La Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, la Comisión de la Verdad, las entrevistas en los medios, cualquier escenario que les ofrezcan es convertido en ring de boxeo; se transforma en sitio para escenificar el triste espectáculo de sus rencores y resentimientos. Los personajes olvidan que con el paso del tiempo sus opiniones serán irrelevantes. El veredicto final sobre cada uno será impartido tan solo por ese juez implacable que es la historia.

A los señores ex presidentes se les debe decir que ya basta de peleadera; ya basta de sacarse los trapos al sol; ya basta de vanidades y arrogancia; ya basta de soberbia. Es hora de que actúen con grandeza. No pueden permitirse más agendas dañinas mientras Colombia se jode; mientras se hacen imposibles los consensos y las soluciones; mientras nos sumimos en el desbarajuste y vamos hacia la confrontación fratricida al estímulo siniestro de su mal ejemplo.

 

Columna recuperada del Diario El País
Foto de Colprensa

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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