MAKE CALI GREAT AGAIN

Pocas ciudades en Colombia gozan de las ventajas geográficas, poblacionales, culturales y económicas con las que cuenta la ciudad de Santiago de Cali. Sin embargo, a pesar de todo ello, nuestra querida urbe no parece progresar al mismo ritmo de otras como Medellín, Bogotá y Bucaramanga. ¿Por qué?

Realizar un diagnóstico es una tarea ardua que precisa de estudios teóricos y empíricos; no obstante, a través de la presente trataré de esbozar algunas estrategias que pueden llevar a la sucursal del cielo a alcanzar su tope de desarrollo.

En primer lugar, para que Cali sea una urbe de talla mundial, requiere consolidar una transformación en su infraestructura. Es indispensable que la próxima administración tome la difícil pero necesaria tarea de gestionar la construcción de vías, andenes, colegios; que recupere el centro histórico y que piense de una vez por todas en el aprovechamiento de la vía férrea para solucionar los gigantes problemas de movilidad; además de conectar a la capital del Valle del Cauca con los municipios vecinos y con el puerto de Buenaventura.

En segundo lugar, la administración deberá promover el emprendimiento. Es necesario implementar alivios tributarios del orden municipal para aquellos que decidan invertir en Cali. Cali debe ser la sucursal del empleo formal, de la innovación y del libre mercado. A mediados del siglo pasado, nuestra ciudad se destacó por ser la sede de múltiples multinacionales que trajeron progreso y desarrollo. Si nuestro marco tributario es benigno y flexible, seguramente en pocas décadas volveremos a ser la meca económica del país.

En tercer lugar, debemos empezar a implementar una estrategia educativa rigurosa. La enseñanza de nuestra historia, de nuestros antepasados, de nuestras raíces debe ser obligatoria. Los caleños debemos entender que hemos sido siempre parte de un pueblo valeroso, precursor de la independencia y cuna de grandes hombres y mujeres que han contribuido al bienestar y desarrollo del país. Solo así, podremos crear el sentimiento de arraigo y de orgullo regional en una ciudad que desde hace mucho perdió su norte e identidad.

Finalmente, es preciso internacionalizar a Cali; resulta indispensable dejar de considerar a nuestro terruño como una parroquia. Es cuando menos, menesteroso abrir sus fronteras, atraer a cientos de miles de turistas extranjeros y compartirle al globo todas las ventajas con las que contamos; las cuales son, por supuesto, muchas. Cali merece ser internacionalizada, por ende se deben fortalecer como nunca todas las iniciativas públicas y privadas que promuevan la cultura, la gastronomía, la hotelería y el turismo en nuestra ciudad.

Solamente una ciudad dotada de infraestructura del primer orden, con abundancia de empresas, empleo formal y con un sentido de pertenencia arraigado y firme, podrá optar por el éxito y la prosperidad. Ojalá el siguiente burgomaestre tenga en claro la hoja de ruta para que nos encamine de nuevo hacia el futuro.

Imagen: Augusto Ilian.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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