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LOS PAÍSES AMENAZADOS

Los países están amenazados por la obsolescencia. El mundo cambió y ellos no se ajustaron. El proceso de integración global que se detuvo en 1914 se reactivó desde los ochenta y se ha acelerado, con los avances en las comunicaciones y la mayor movilidad del comercio, el capital y las élites del planeta. En contraposición, las circunstancias de los estamentos menos favorecidos no progresan. Como consecuencia, la desigualdad aumenta en el mundo, así se morigere su cómputo por el crecimiento rápido de los países emergentes. Las instituciones públicas, fundamentadas en teorías de hace siglos, están haciendo agua en todo el mundo. Cabe repasar las raíces para entender los problemas.

Desde la edad de bronce, hace cinco mil años, el mundo se ordenó alrededor de imperios. En Occidente la ciudad de Roma integró a partir del siglo quinto antes de Cristo a sus vecinos, luego toda Italia, y finalmente toda la cuenca del mar Mediterráneo y sus inmediaciones, hasta la frontera con Partia. Esa cuenca fue la región más próspera del mundo hasta el siglo cuarto después de Cristo, cuando se contrajo el comercio y se redujo el ingreso de manera drástica. A ese declive contribuyeron pestes y la penetración paulatina pero violenta de tribus germánicas, eslavas y mongólicas, que indujeron la formación de diferencias culturales, que siglos después serían fuente de propuestas sociales, económicas y tecnológicas sin precedentes en la historia.

Los Francos forjaron en el siglo noveno un nuevo imperio bajo Carlomagno, y después los Otones le dieron a parte de ese imperio nuevo aire y lo extendieron bajo el nombre de Sacro Imperio Romano Germánico. En el siglo once el orden religioso se desvinculó del civil en Occidente, y la tensión entre los dos órdenes, el Imperio y la Iglesia, impulsó el dinamismo de la sociedad mediterránea, cuya economía revivió en el siglo doce. Occidente volvió a superar rápidamente al imperio chino en ingreso y capacidad de construir conocimiento, y se desarrolló en forma diferente del resto del mundo en asuntos sanitarios, tecnológicos y bélicos hasta el punto de conquistar y someter a buena parte de él en condiciones oprobiosas en un proceso que tomó desde finales del siglo quince hasta el siglo diecinueve, siempre bajo el signo de la cruz, insignia de la propuesta de Jesús de Galilea, gran líder político y religioso judío de hace veintiún siglos.

Con el desarrollo de Occidente se produjo la fractura de la propuesta religiosa alrededor del rechazo al dogma de la iglesia gestada en Roma, y los países como hoy se conocen se forjaron en Europa alrededor de las preferencias doctrinarias de sus élites. Como consecuencia de la conquista de tierras por Europa en todos los continentes, se instalaron sus administradores en todo el mundo en un nuevo esquema imperial, que cobijó todo el planeta, así no se haya establecido gobierno europeo en el grueso de China ni en Japón. En Latinoamérica el esquema hizo crisis a principios del siglo diecinueve por la invasión napoleónica a España y Portugal, que impulsó la primera ola de democracia fuera de los Estados Unidos de América, que se había divorciado de Inglaterra a finales del siglo dieciocho, pero los propósitos imperiales Tras las guerras mundiales, ante arcas metropolitanas agotadas e insatisfacción las poblaciones originarias en cada territorio, se desmontaron los imperios supérstites, primero el Otomano y el Alemán, que era muy limitado, después de la primera guerra mundial, y luego de la segunda el Inglés y el Francés. El último imperio fue el Portugués, en Angola y Mozambique, ambas varias  veces el área de su metrópoli.

En general, los países desarrollados tienen régimen parlamentario, y los países subdesarrollados tienen régimen presidencial. La notable excepción entre los desarrollados es Estados Unidos, que se organizó mediante la negociación entre quienes proponían la soberanía de los estados que conformarían el nuevo país, y los partidarios de un acuerdo federal. La solución final se ciñe al principio de separación de poderes entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, enunciado por el Barón de Montestquieu a principios del siglo dieciocho.

Al margen del papel de los políticos profesionales en el andamiaje y su responsabilidad por la gestión, los linderos se están borrando en la práctica, porque la dilución entre las diversas formas de organización social es enorme gracias a la tecnología de las comunicaciones, y la evidencia de oportunidades fuera del país de origen para quien no pueda vivir en forma acorde con sus aspiraciones induce movilidad. Se han debilitado los vínculos entre países y ciudadanos, y se han roto las homogeneidades culturales en los países destino de la migración. Además se han agudizado las diferencias entre ricos y pobres en los países, porque la tecnología genera fractura entre quien la aprovecha y quien no logra los beneficios que ella ofrece, incluso para el mero acto de consumo. El principio de que la conjunción entre territorio y población tiene cierto carácter trascendental, que obliga al sacrificio por la Patria, lugar ideal de nuestros padres, ha hecho crisis en las últimas décadas.

Los países tienen papel importante en diversos asuntos hoy: capturan recursos fiscales que distribuyen en forma parcial a las regiones con diversos criterios y distintos mecanismos, ofrecen el acceso a la seguridad social y permiten lograr los beneficios de educación con sujeción a pautas compartidas. Además facilitan la ejecución de ciertos proyectos de infraestructura. En teoría son fuente de economías de escala para la gestión pública. Sin embargo, como son muchos y muy heterogéneos, la mayoría no tiene la masa necesaria para tener relativa estabilidad macroeconómica en economía abierta, por lo cual puede ser conveniente cambiar la independencia por mecanismos de articulación fiscal y monetaria, con reglas sobre déficit para evitar desequilibrios fundamentales y sobre seguridad social para promover el libre flujo del trabajo. Deben mantener su identidad cultural y, por ende, sus propias reglas en materia penal, pero en muchos capítulos deben renunciar a la autonomía para capturar los beneficios de la escala internacional, en un ámbito donde los grandes países, como Estados Unidos, China y Japón, son mayores que cualquiera de los demás. Al tiempo, las ciudades región son actores centrales en la economía globalizada: cada comunidad tiene su conjunto de ventajas comparativas naturales, destrezas y estrategias de desarrollo social y económico de largo plazo, resultado de acuerdos al interior del sector privado y entre este y la administración pública regional. Ellas deben tener cierta autonomía en el gasto en educación e infraestructura, en tanto que debe haber articulación internacional en mecanismos para la atención en salud.

El mundo requiere autoridad trasnacional para atender problemas asociados a la existencia de armas de destrucción total, los asuntos ambientales, el lavado de activos y los delitos cibernéticos. El establecimiento de esta clase de ordenamiento implica que los países deben construir redes de control para evitar el desbordamiento de la autoridad mundial. Este papel es determinante para mantener la institucionailidad de los países, o al menos la diversidad en materia de  uniones, cada una respaldada por un conjunto de mecanismos para la preservación del orden público. La suma de las tareas en cada instancia, regional, nacional y global, apunta a que el futuro tendrá instituciones más complejas, en las cuales cabrá incluso la posibilidad de que comunidades separadas lleguen a la integración política para aprovechar de manera plena ventajas comparativas naturales complementarias. Al fin y al cabo, tras muchas vueltas sobre la distribución mundial de las especialidades, se llega a la conclusión de que en un planeta muy abierto e integrado los países deben aprovechar como punto de apoyo para sus estrategias las ventajas comparativas naturales. El caso del algodón, cuyo mayor centro de procesamiento para la cadena de valor completa quizá ha vuelto a ser el subcontinente índico, es un buen ejemplo. Esas son las vueltas que da la vida…

 

  * Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

** Imagen extraida de Blog Thinkger Link

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