Los irritados

Ha terminado el 2016 con un balance confuso y sombrío en materia económica y política para el país. El senado de la república aprobó mediante acto administrativo  el pasado 29 diciembre, la ley 1819  o mejor dicho la famosa Reforma Tributaria Estructural (RTE), con las ingeniosas excusas, primero que se requieren recursos para la paz y en segunda instancia, que hay que llevar mejores controles para luchar contra la evasión y elusión fiscal.

Ocultando que la RTE trae consigo una política de profundización de pobrezas, mayores violencias económicas y deja muchos más compatriotas en la miseria,  expresando su malestar como quejas en redes sociales, haciendo el papel de irritados e indignados por la falta de sensibilidad social de sus “representantes” en el ejecutivo y legislativo nacional que votaron positivamente la reforma.

Aquí es preferible hablar de irritados y no indignados, porque éstos últimos se consolidaron en Europa en mayo de 2011 como un movimiento de protesta y acción política, para  promover una democracia más participativa, amplia e incluyente con pretensiones de distanciar los partidos políticos tradicionales, el dominio de los bancos y establecer una autentica división de poderes en el sistema constitucional.

Acá en las américas coloniales hablamos de los irritados porque las acciones de la gente, del soberano pueblo son de enojo, rabia, impotencia y extrañamente tranquilidad a pesar de que con este acto legislativo se violentan derechos fundamentales como la educación, la salud, la vivienda, la recreación y otros más.

La irritación como término médico, es un brote en la piel, que provoca una sensación de rasquiña u ardor superficial. De forma similar la RTE, ha causado una irritación superficial que no deja ver la profundidad del hematoma, sobre todo ahora que ya empezamos a despertar de la anestesia decembrina, nos encontramos con una realidad que profundiza la exclusión, la vulneración y la marginalidad de miles de colombianos-as.

Es doloroso pensar cuantos niños y niñas quedaran sin ir a la escuela, sin salud o con una ración de alimentación al día,  estas noticias con seguridad pronto lo veremos en televisión en RCN y Caracol con la franca intención de causar morbo o pesar y ganar más audiencia de espectadores pasivos. Con esto se disuade la realidad nacional y se fracciona el control de Juan pueblo.  A toda esta maraña de  estructuras, relaciones y poderes es lo que el filósofo francés Foucault le denominó la biopolítica,  y una muestra en Colombia, es la RTE pura, total y sin dolor.

La biopolítica,  se puede entender sin mayor rigor como todas las estrategias que utiliza el sistema estatal para controlar la población y ejercer el poder sobre esta de manera que permita gobernarlo mejor, lo que implica que para nuestro caso ahora la gente tendrá que trabajar más para poder sobrevivir con el salaria mínimo decretado.

Esta misma idea, como gobernamiento nos lo explica el filósofo contemporáneo sur coreano  Byung-Chul Han, a través del accionar del neoliberalismo que convierte al ciudadano en consumidor y esclavo moderno. “solo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor ante la mercancías y los servicios que le degradan”  parece increíble pero, escucho muchísimas amenazas en el whatsapp y el facebook de castigar en las próximas legislativas a todos los que hicieron de villanos en la citada y votada reforma, pues ya veremos con el tiempo si hay memoria o no.

Porque aunque aparentemente estamos informados y arrebatados por todos los medios posibles, la protesta y la libertad han pasado a ser puntuales y pasajeras, o peor aún desaparecen ante el implacable control total que ejerce el sistema de gobernamiento en su unidad.  Prevalece el miedo, porque quien protesta se queda sin empleo, ante los miles de desempleados esperando una oportunidad, así como quien crítica se expone al señalamiento o a la condena. Son estas cadenas de incertidumbre hoy, las que además de castigar o controlar traen mayores enfermedades a la gente, enfermedades mentales o físicas.

No tener empleo causa estrés, depresión y remueve otras patologías de la psiquis que se evidencias en violencias de todo tipo, masacres, violaciones, agresividad o ataques desquiciados. En esta modernidad explotada casi todo se vende y los derechos humanos cada vez son más distantes. Para algunos jóvenes disfrutar la vida, es vivir intensamente cada instante porque el futuro es confuso, gris y la proyección de vida escasa.

Es tenebroso pensar que estamos controlados, si todo se controla, el futuro es predecible y manipulable. Lo que sustenta la cuantificación y el control del pueblo hoy se disfraza con los show, realities y espectáculos que se diseñan para que el pueblito comente, se ría, creen “polémica” y se mantenga feliz. Tal vez, por esto Colombia, figura dentro de los países que la gente dice ser más felices, claro está que se sustenta en las pocas oportunidades laborales, cultuales o de estudio y más bien por el contrario se invade la mente de la gente y se copa sus reflexiones con un gran número de novelas, de partidos de futbol y de realities.

Para terminar, con estas acciones políticas se deja claro que cada vez más se amplía la brecha entre ricos y pobres. Ricos, más ricos y pobres, más pobres. Creando en estos últimos un enjambre de marginación, indigencia, deshumanización y guerra. Así, señor presidente, construir una paz duradera se complejiza y ustedes señores senadores, no obliguen, no impulsen al pueblo a la corrupción, a la guerra, a la muerte y a la violencia diaria por intentar sobrevivir a una economía voraz que quiere consumirlo todo, consume la infancia, la juventud y las familias.

No olviden que la explotación extrema provoca una sub-economía del mercado con una precariedad dolorosa que determina el todo se puede, todo es válido y todo se vende. Les propongo impulsar una postpolítica, desde una reforma agraria estructural, para reorientar la propiedad sobre la tierra, incentivar cultivos ancestrales, mejorar la producción agrícola, piscícola, hortícola, porcicola, avícola, marina, frutícola y ganadera entre otras, con lo que se ayudaría a la población a resolver sus necesidades básicas y ofertarle condiciones dignas mínimas a las familias más necesitadas.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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