Los contrastes de nuestra realidad

Es normal comenzar cada año con optimismo enfocándose en que las cosas van a estar cada día mejor en el país y los proyectos que se tienen en mente con el paso del tiempo se van a ir materializando. Es nuestro deseo y trabajamos día a día por ello.

Pero en un mundo tan dinámico e hiperconectado como el que tenemos la incertidumbre, la flexibilidad y la capacidad de adaptación están a la orden del día al igual que la coherencia y el sentido común. Para la muestra varios ejemplos.

Durante los últimos años Colombia ha sido catalogado como uno de los países más felices del mundo, pero al mismo tiempo sigue siendo uno de los países más violentos.

Muchos vivimos de cerca el dolor y la impotencia que nos dejo la época del auge del narcotráfico, pero curiosamente las series y novelas con más rating en Colombia son las que se relacionan con el narcotráfico, el delito y el dinero fácil.

Tenemos todavía la errada percepción de que los ciudadanos que habitan en barrios estrato 1, 2 y 3 viven en condiciones lamentables y nos encontramos con que en muchos casos tienen las mejores vías de la ciudad, cobertura de todos los servicios públicos, y como lo informó hace unos días un periódico de circulación nacional, en los estratos 1, 2 y 3  están viviendo personas con ingresos de varios millones de pesos , carros último modelo y para completar el cuadro, con subsidios en los servicios públicos.

Los lideres del régimen venezolano nos llaman a los colombianos narcotraficantes y paramilitares y se olvidan de mencionar que en los últimos años al país han llegado más de un millón de venezolanos en lamentables condiciones, quienes en la actualidad están recibiendo atención en salud y educación de manera prioritaria. Sumado a lo anterior, el Gobierno nacional definió el año pasado una estrategia mediante un documento Conpes para atender a la población venezolana en el que se proyecta realizar una inversión hasta el 2021 por más de 422 mil millones de pesos. Sumado a lo anterior, dentro de la economía del rebusque, los venezolanos desplazaron a los colombianos de los semáforos.

Los narcoterroristas del ELN hablan de paz, pero siguen realizando atentados al medio ambiente, la población civil y la Fuerza Pública llegando al límite de la irracionalidad.

En la agenda nacional siguen temas tan importantes como la corrupción, la sostenibilidad del sistema de salud, la informalidad, el auge del narcotráfico, la impunidad y la crisis de la justicia, pero la crisis en Venezuela ha cambiado el orden de las prioridades y ha desviado la atención de la opinión pública. Un clásico ejemplo de manipulación para que nos concentremos en temas que no afecten el establecimiento político y económico

Mientras un gran número de colombianos quiere que se consolide la paz y se implemente el Acuerdo para la terminación del conflicto firmado con las Farc, otro número significativo de colombianos promueve de nuevo la guerra.

Sobre este último punto es importante recordar que la paz no es simplemente la firma de un Acuerdo. La paz se relaciona con la generación de oportunidades, el respeto por la diferencia, el manejo transparente y eficiente de los dineros públicos, la equidad, la solidaridad, la sostenibilidad y la inclusión.

Es por eso que a pesar de los contrastes que nos muestra la realidad nacional no debemos perder el foco en las cosas verdaderamente importantes que se deben resolver y por las que como ciudadanos debemos tomar partido.

Fuente imagen: https://www.bancomundial.org/es/country/colombia/overview

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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