Latino América: En busca de buenos ejemplos

Es normal que se busquen buenos ejemplos a emular. Todos queremos sentirnos capaces de reproducir los éxitos de alguien o incluso superarlos. De hecho, un buen punto de referencia puede favorecer la motivación al mostrar una hoja de ruta, en la que procesos, muchas veces complejos, parecen fácilmente realizables. Las naciones como las personas, también buscan sus puntos de referencia para proyectar su senda de progreso. En materia de desarrollo económico, es muy común hablar del modelo de los tigres asiáticos, el modelo de los países nórdicos, el modelo americano, o el chino, por citar algunos ejemplos.

Y por supuesto, a Colombia, no le han faltado las listas de buenos ejemplos a seguir. Recientemente, The Economist[1] presenta una renovada lista de países modelo; inspirada en trabajos realizados por Augusto de la Torre y Alain Ize[2].

En tal sentido, se propone que Colombia siga los buenos ejemplos de Perú, Chile y Uruguay (exportadores de materias primas) y de Costa Rica, República Dominicana y Panamá (exportadores de servicios) pues estos países habrían crecido suficientemente para conseguir una convergencia de ingresos con los Estados Unidos.

La receta mágica que estos países ofrecen sería la de ganar cuota de mercado en el sector exportador, aunque se alerta sobre la preocupante excepción de México. El artículo también menciona la importancia de unas finanzas públicas responsables, la aplicación de políticas macroeconómicas contracíclicas, la reducción del crimen y el fomento de una mayor competencia frente a los grandes monopolios y oligopolios que favorezca la aparición de PYMES. Debo aclarar que comparto la importancia de lograr estos propósitos, todos ellos conducentes a incrementar la productividad.

Sin embargo, los buenos ejemplos mencionados no resultan tan claros cuando se analizan los datos desde una perspectiva histórica. Analizando el indicador de PIB per cápita a dólares corrientes, publicado por el Banco Mundial, para una muestra de 12 países de América Latina que incluye los seis países sugeridos como ejemplos a seguir, se encuentra que, en efecto, entre ellos, República Dominica, Panamá y Costa Rica se encuentran sistemáticamente entre las naciones que más han multiplicado su PIB per cápita en dólares corrientes entre 1962 y 2017. Particularmente, Panamá ha tenido un comportamiento insuperable en los últimos 25 años.

Chile y Uruguay dos de los modelos mencionados, se encuentran justo al otro lado del espectro, es decir, entre las naciones que menos han aumentado su PIB per cápita entre 1962-2017, así como en distintos subperiodos a lo largo de estos años. Si los vemos como referentes es porque son los países de mayor renta per cápita en la región, pero no porque su modelo económico haya generado suficiente crecimiento económico, pues ya eran países relativamente ricos en los años sesentas.

Con respecto a Perú, las ganancias de su crecimiento económico real, son constantemente arrojadas a la baja por la debilidad de su moneda, de manera que su PIB per cápita a dólares corrientes no logra incrementarse suficientemente, aunque si bien es cierto, ha tenido un mejor comportamiento que Colombia en los últimos 25 años.

Paradójicamente, Brasil y Bolivia muestran los mejores resultados a lo largo de todo el periodo 1962-2017 en cuanto a su capacidad para elevar su PIB per cápita. En el caso de Brasil, no obstante, se evidencian comportamientos mediocres en los últimos 25 años y una fuerte caída en los últimos seis años. Una situación todavía peor ha ocurrido en Argentina y Venezuela. Pese a los buenos resultados de Bolivia, a nadie se le ocurriría proponer el modelo boliviano de desarrollo para adaptarlo, por ejemplo, al caso colombiano, lo más probable es que diera pésimos resultados.

El punto central aquí es que ni Chile, ni Uruguay ni Perú son los buenos ejemplos que muchos creen que son. Más allá de sus niveles, los datos de la evolución de su renta per cápita no soportan este argumento.

En conclusión, encontrar buenos ejemplos de manejo económico, que sean consistentes en el tiempo, no es tarea fácil. Y lamentablemente nuestros países hermanos de América Latina no nos ofrecen una receta infalible a emular. Por ejemplo, no existe margen para un segundo Canal de Panamá ampliado.

Algunos países destacan en unas décadas para luego borrar las ganancias por la vía de las crisis políticas, económicas y financieras. Otros simplemente ya eran ricos en el pasado y su mérito radicaría en haber logrado sostenerse, pero no tanto en haber convergido a los niveles norteamericanos.  Recordemos que otros como Argentina y Venezuela, han incluso experimentado retrocesos.

Así las cosas, Colombia, hoy más que nunca, debe centrarse en sus propias capacidades y diseñar su propio modelo de desarrollo. Uno que reconozca todas sus singularidades, y que le permita construir sobre sus propios aciertos y errores, en lugar de guiarse por los aparentes éxitos de otras naciones.

[1] The Economist (May 30th, 2019) Bello. Why Latin America’s economies are stagnating.

[2] De la Torre, A. and Ize, A. (2019) Unfulfilled Promises: Latin America Today. Edited by Michael Shifter and Bruno Binetti. The Dialogue.

Imagen: https://bit.ly/2EDh7D7

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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