La Violencia olvidada

Estamos perdiendo la memoria. Cada año que pasa da cuenta de la renovación generacional, y de esta manera, casi que proporcional, van quedando en el olvido muchas realidades políticas y sociales que nuestras y nuestros mayores presenciaron.

Por ejemplo, ¿qué tanto sabemos de La Violencia en Colombia? no hablo de la violencia actual en la que varios grupos criminales continúan amenazando, desplazando y asesinando en las zonas rurales, en especial a los líderes y lideresas sociales de dichos territorios, no. Hablo de la época de La Violencia en Colombia, la que inicia con mayúscula, la que con los años se ha transformado conservando su esencia: el sufrimiento.

Sin duda, es importante que como nación hagamos un esfuerzo por recordar aquel momento de nuestra historia, por supuesto, desde todos los ángulos posibles. Pero no se trata de retomar los hechos del pasado porque sí, ni de restarle importancia a las problemáticas actuales. Es hacer un ejercicio de reflexión de lo que nos han contado, y lo que no nos han contado sobre el conflicto, precisamente para intentar sanar esas heridas que nos continúa afectando como sociedad, y así no caer en ese mal llamado “Alzheimer colectivo” que abre las puertas del “eterno retorno” sangriento y hostil.

Pero, de nuevo, ¿por qué es importante? Porque mientras la sociedad civil colombiana más pasa el tiempo sin reflexionar, y sopesar los eventos del pasado, más perdemos la memoria, y mientras más perdemos la memoria, más pecamos en seguir cargando un peso sinfín, cual Sísifo en castigo eterno de ladera empinada.

Alguna vez (realizando este ejercicio de recuperar la memoria) alguien damnificado por las dinámicas de su época decía:

“Es que nosotros tuvimos una violencia, una violencia de sectarismo, político ¿no? No es como la de ahora, que la de ahora es pura guerrilla, es narcotráfico, todas esas pendejadas. En ese tiempo, en esa época era, era sectarismo, resulta que yo era conservador y usted liberal, entonces si yo lo mataba a usted o usted me mataba a mí, pero nada más por eso, por puro color político no más”

Lo curioso del relato de esta persona es que no solo naturalizaba las transformaciones que ha tomado estos hechos violentos (síntoma común de personas que han sido muy afectadas por las atrocidades del conflicto armado) sino que también, valientemente, expresaba a detalle cómo fue víctima de las acciones bélicas que, quizá, hubiese quedado en el olvido si este sujeto hubiera preferido callar y no compartir su reflexión.

Este ejercicio para nada es fácil de hacer porque de alguna manera todas las familias colombianas hemos sido afectadas y seguimos siendo afectadas por este conflicto antiguo. Sin embargo, si todas y todos tomamos la iniciativa de no olvidar, quizá las futuras generaciones pasarán a una paz estable, y a una sociedad madura que aprende del pasado, que no naturaliza las crueldades que van en contra de la dignidad de los demás, y que aprende a tener mejores conflictos. Todo lo contrario a la generación de La Violencia olvidada.

Fuente imagen: https://bit.ly/2ObpAl7

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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