LA TRISTE REALIDAD DE LAS CANDIDATURAS A LA ALCALDÍA DE CALI

«No es posible imaginar que, en aras de conseguir electores, haya tanta incoherencia.»

Pensar en una contienda electoral en función de programas, y no de señalamientos y miradas retrospectivas, en Cali y en general en Colombia parece una utopía. La descentralización que tenía como objetivo incentivar la participación ciudadana y el desarrollo de las regiones ha dejado como rédito, la corrupción y el crecimiento de presupuestos en función de una burocracia por prestación de servicios, pero vacía de memoria institucional.

En octubre 27 tendremos nuevas elecciones locales y regionales y Cali cuenta con 9 candidatos a la Alcaldía y 263 al Concejo. En este último grupo se cuentan los nuevos, los que repiten, los que ya estuvieron, pero buscan regresar, los que siempre han estado, los que se denominan jóvenes, los que vienen de la empresa privada; en fin, pero cuántos de los que representan esas categorías -a excepción de los nuevos, que se encuentran en la etapa de prometer-, han hecho su labor, ¿la labor de un concejal? Muy pocos según los análisis del Observatorio Cali Vislble, cuyos informes están para ser consultados por la ciudadanía, antes de realizar su voto. Además, de ese abultado número, que perjudica el medio ambiente visual y en su mayoría desconocidos sólo el 8% ocupará una curul; el resto se quema, aunque ha habido derroche de dinero y tal vez no sabemos cuánto, pues como dice la directora de la Misión de Observación Electoral, es más probable que la información que entregan a Cuentas Claras, no sea real, e imposible de confrontar.

En cuanto los candidatos a la Alcaldía, en Cali, como en otras ciudades no debaten sus ideas, ni propósitos de ciudad, independiente de que cada candidato inscriba ante la Registraduría su hoja de ruta: algunas con cierto contenido de desarrollo, otras con muchas promesas, aunque poco ejecutables y las que supuestamente la ciudadanía debe consultar para conocerlas, analizarlas y apostarle al candidato que mejor represente sus ideales de ciudad. Pero esto también parece una utopía; además, porque estas hojas de ruta no son centrales en eventos o encuentros organizados por universidades o grupos de ciudadanos interesados en escucharlas. O son eventos de poca trascendencia y de los que el auditorio sale con menos interés por el proceso electoral, que el interés con el que entró, o son eventos para agredirse o como se dice coloquialmente “sacarse los trapos al sol” mutuamente.

El bochornoso acto durante el evento en la Universidad ICESI da cuenta de esto último. Comenzando por Alejandro Eder, de quien considero tiene un buen programa de gobierno, pero no comprendo por qué no se centró en explicar sus propósitos para mejorar la educación, en vez de echarle pullas a Ospina y a Ortiz por sus alianzas políticas y por las posibilidades de que esas alianzas los llevaría a un manejo poco transparente de los recursos destinados a ese sector. Comparto ese criterio, porque las experiencias dan cuenta de ello; no obstante, no era el escenario. Como resultado, estos señores, ni cortos ni perezosos, objetaran sus argumentos, dando a entender que Eder había despreciado esas alianzas, las que ahora, posiblemente necesitaba. Sencillamente: de programas de gobierno… Nada por ningún lado. ¡¡Que poca altura y que engaño a la ciudadanía!!

Pero lo más grave vino cuando Jorge Iván Opina, líder del proceso de paz y del SI en favor del Acuerdo firmado entre el Gobierno Santos y los jefes de las FARC, le dice a Eder, quien participó del proceso de negociación: “Te sentaste con las FARC y les cediste un bulto de impunidad”. No es posible imaginar que, en aras de conseguir electores, haya tanta incoherencia.

A renglón seguido y seguramente a consecuencia de las críticas que le llovieron, salió en las redes sociales a tratar de cambiar su versión, pero no creo que lo logró. En primer lugar, porque se mostró como víctima del establecimiento y defensor a ultranza de procesos a favor de la Paz; por esa razón, debería ser más coherente con el mensaje que dejó en la ICESI. En segundo lugar, aunque trató de ofrecer disculpas, continúo dejando entrever, indirectamente, responsabilidades de Eder con las consecuencias del proceso, principalmente con los problemas de distribución de tierras, pues según él, entre quienes negociaron la Paz, hubo quienes  la negociaron “… para mantener los mismos privilegios de siempre, […] negociaron la paz o en apariencia negociaron la paz pero no entregaron un milímetro de sus recursos, de sus posibilidades, de sus bondades, de sus propiedades, de sus tierras o de sus grandes desarrollos en la llanura y en la Orinoquía colombiana. […]. Para ellos, la acción de la reconciliación solamente fue una acción táctica para mantener privilegios y para mantener su misma manera de crear riqueza…”

Con base en este confrontador mensaje, el candidato Ospina olvida que la implementación del Acuerdo no está en cabeza de Eder, sino de líderes que lo han dilatado empleando diferentes estrategias. El informe, sobre los avances en la implementación del Acuerdo, de Kroc Institute for International Peace Studies, de febrero de este año, señala que los compromisos con la Reforma Rural Integral, que sería a la que Ospina se refiere, no han avanzada en un 51%, como también hay retrasos de un 50% en la solución al problema de las drogas; sin contar con los tropiezos políticos que conocemos.

No sé si enardecer a las barras como en el circo romano traiga réditos para el desarrollo local, pero esta manera de convocar al electorado es totalmente equivocada. Los resultados de octubre nos lo dirán.

Image: https://bit.ly/2kPZ85v

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario