“La tierra habla y tú no escuchas”

«Porqué, se pregunta, pueden ser arrasadas las selvas y los mares por decisiones locales o individuales, siendo que hay necesidades vitales y superiores para la subsistencia de las especies, entre ellas la humana?»

La selva magnífica y temible pasó de ser un escenario de aventuras a ser protagonista en la subsistencia de la humanidad.  En épocas anteriores se la veía como el hábitat de animales extraordinarios o como lugar para expediciones o luchas contra la naturaleza y los animales en sensibles historias y dramas de la vida real o de la ficción. La geografía que permite en América del sur una selva extensa y profunda hace que la historia de los países que la albergan haya estado ligada a ella, especialmente en Colombia en tiempos de la violencia.

Y desde hace décadas el objetivo del ataque es la propia selva, diversos actores la han hecho víctima de la deforestación a pasos agigantados y de feroces incendios como los vistos en la Amazonía brasileña.  En la ambición ciega no importa la hecatombe, ni desconocer una verdad irrefutable: la selva es uno de los pilares para la sostenibilidad del planeta y de los seres vivos por su papel en la absorción del CO2 a través de la vegetación y los suelos. De ahí la movilización a nivel mundial por la salvación de la Amazonía.

Recientemente se suscribió el Pacto de Leticia en una cumbre llevada a cabo por Presidentes de los países de la cuenca amazónica, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana, ante los reclamos de la opinión pública y la propia conciencia de que la responsabilidad es de todos. Brasil suscribió el Pacto, pero falta ver cómo se traduce en medidas efectivas y herramientas para  supervisar y presionar el cumplimiento de lo acordado. Porqué, se pregunta, pueden ser arrasadas las selvas y los mares por decisiones locales o individuales, siendo que hay necesidades vitales y superiores para la subsistencia de las especies, entre ellas la humana?

Por esa riqueza vegetal y animal que anima la selva y por su conexión con los derechos fundamentales a la vida y a la salud, se entiende que en sentencia C- STC3460-2018 de la Corte Suprema de Justicia,  se reconozca “a la Amazonía Colombiana como entidad, “sujeto de derechos”, titular de la protección, de la conservación, mantenimiento y restauración a cargo del Estado y las entidades territoriales que la integran..”. La sentencia resolvió una tutela de “(…) un grupo de 25 niños, niñas, adolescentes y jóvenes adultos (…) entre 7 y 25 años de edad, que viv[en] en ciudades que hacen parte de la lista de ciudades de mayor riesgo por cambio climático. (…)”. Es una jurisprudencia de avanzada ante los retos que plantea el medio ambiente y los acuerdos internacionales y  nacionales, así como anterior jurisprudencia en la materia. Entre otros aspectos, “Explican que en el Acuerdo de París[1] y en la Ley 1753 de 2015[2], el gobierno adquirió compromisos nacionales e internacionales para lograr la “(…) reducción de la deforestación y de la emisión de los gases efecto invernadero en un contexto de cambio climático (…)”, entre los cuales, destacan la obligación de disminuir “la tasa neta de deforestación a cero en la Amazonía colombiana para el año 2020”.

Merece destacarse la siguiente reflexión de la Corte en la misma sentencia: “No obstante, paulatinamente ha venido creándose conciencia de la obligación de cambiar nuestros comportamientos. Hay surgimiento de movimientos favorables a una nueva ideología de sociedad “ecocéntrica antrópica”, que supere la desmedida “homomensura[3]autista” antropocentrismo (..)”. Se necesitan muchas Gretas activistas, manifestaciones y voluntad política de las Naciones para salvar lo que aún hay de riqueza ambiental y especies animales. Con los efectos inminentes del calentamiento global, “la tierra habla” – como lo advierten carteles de jóvenes en las manifestaciones ante la crisis climática–  y pareciera que nadie la escucha, ignorando el sobregiro en el consumo de recursos naturales con el cual el hombre la está llevando al límite de sus posibilidades. Sin embargo, como lo anota la Corte Suprema de Justicia, se viene creando conciencia y ahí radica la esperanza de un mundo viable para las futuras generaciones.

[1] Aprobado en Colombia mediante la Ley 1844 de 2017. Diario Oficial 50294 de 14 de julio de 2017.

[2] Por la cual se expidió el Plan Nacional de Desarrollo 2014- 2018.

[3] PROTÁGORAS DE ABDERA: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que existen en cuanto existen y de las que no son en cuanto no son”. CALVO T. “De los Sofistas a Platón. Política y Pensamiento”. Madrid: Cincel. 1986.

Referencias.

Sentencia STC3460-2018:

https://www.google.com/search?q=Sentencia+STC3460+de+2018&oq=Sentencia+STC3460+de+2018&aqs=chrome..69i57.28296j0j8&sourceid=chrome&ie=UTF-8

Imagen:https://nyti.ms/2mjTkBM

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