La seriedad del humor

Hay hechos lastimosos o leyendas acerca de infaustos sucesos que con el paso del tiempo o por obra del arte, se reinterpretan o escenifican con dosis de humor. El ingenio y la agudeza del creador o intérprete de una obra encuentra un modo artístico e inteligente de soliviar el peso de una congoja o una tragedia, que al público le resulta atractivo. Desde los tiempos de la oralidad se narran dramas y aventuras que la tradición recoge, y en algún momento se convierten en leyenda que apreciarán las sucesivas generaciones, no solo como una ventana a mundos anteriores, sino también como fuente de inspiración y diversión.

Al decir de la escritora Irene Vallejo en El Infinito en un Junco, en los héroes de la Ilíada y la Odisea se vislumbran dos personalidades diferentes al enfrentar las pruebas y azares de la existencia. Mientras Aquiles decide ir al cruel universo de la guerra de Troya en pos de un ideal, “Ulises – una criatura literaria tan moderna que sedujo a Joyce-  se lanza con placer a aventuras fantásticas, imprevisibles, divertidas, a veces eróticas, a veces ridículas”.  La prosa con que aborda Vallejo los caminos de las palabras “aladas” y la invención de los libros desde sus albores en el mundo antiguo, es amena, y rica en conocimientos que desde su propia voz desenrolla con asociaciones y alusiones a pensamientos o hechos actuales, en una amable conversación con el presente.  Aquellos textos épicos, dice, nacieron en otro mundo distinto del nuestro, en un tiempo anterior a la expansión de la escritura, e imagina en la sociedad oral la escena del narrador, como un cantautor con su guitarra, en que los convidados al banquete quedan hechizados, “el cuento los arrastra a su interior, les brilla la mirada y empiezan a sonreír sin darse cuenta.”

El humor que lleva a sonreír es una poderosa herramienta en la vida social para la comprensión de situaciones y la instalación de mensajes que de otra manera no llegarían tan clara y profundamente a la conciencia. Incluso es una forma pacífica de resistencia y castigo cuando se pone de presente a través de una forma lúdica las actitudes o comportamientos que se consideran injustos o imperfectos de personajes o grupos sociales, así como las de los desposeídos o sometidos  con sus picardías o recursos para salir a flote.

La comedia y la tragicomedia tuvo en el teatro lugar apropiado para la expresión del humor y la sátira ante realidades por las cuales, no se sabe si reír o llorar.  La literatura en general, así como el cine alcanzan una rica combinación entre lo dramático y lo cómico con las características propias de su género y época.  Cercanas a nosotros están  las extraordinarias películas dirigidas por Sergio Cabrera, la Estrategia del caracol y Perder es cuestión de método – ésta última basada en la novela del mismo nombre de Santiago Gamboa – que convocan en la primera de ellas, el infortunio de los habitantes de un inquilinato que serán desalojados, y en la segunda, la investigación de un horrible crimen. La realidad del conflicto por la vivienda que puede extrapolarse a los grupos sociales más pobres que carecen de ella, se tensionan hasta descubrir el absurdo y el profundo sentido de la comicidad que hay en la situación que vive un grupo heterogéneo que logra unirse para lograr un mismo fin.  La complacencia y diversión del público viene de reconocer su medio social con sus múltiples caras, neurosis y habilidades.

La película norteamericana No miren arriba pone el foco a una realidad actual en sus expresiones más locas, ridículas y huecas de una sociedad atomizada, que  privilegia la ligereza, la banalización y la negación de la amenaza que se cierne sobre la tierra. A pesar de que el cometa que impactará sobre el planeta tiene dimensiones apocalípticas,  solo los científicos que lo advierten desesperan en su impotencia para que se tome conciencia de que están contados los días de la existencia de la humanidad, si no se adelantan de inmediato las medidas para desviar el curso del cometa. El filme es una burla a las actitudes necias y fatuas de la Presidente, asesores, periodistas, negacionistas de la catástrofe anunciada por científicos, el público y presentadores de programas de medios de comunicación que aligeran las noticias, entre otras. Es ello risible y ridículo por lo que de absurdo tienen estos comportamientos ante la inminencia de la tragedia que prefieren ignorar. No falta tampoco la especulación acerca de la riqueza que podrá extraerse del cometa, como una locura más del afán de lucro que nubla la realidad. Por conveniencia política, se posterga la solución al peligro inminente, mientras aquel sinfín de manifestaciones del mundo espectáculo se atropellan, sin permitirse la gente mirar hacia arriba, hasta que sucede lo inevitable.

Lo que se resalta con las referencias anteriores, es la importancia y la seriedad del humor como estrategia para aludir a situaciones que el espectador podrá apreciar en dimensiones que le permiten reconocerse o reconocer la realidad de su mundo, posiblemente más de lo que hasta entonces ha percibido.  Como lo ha interpretado la crítica, en No miren arriba hay más de una similitud con hechos, personajes de la vida real, medios de comunicación, grupos fanáticos y negacionistas, información falsa y  poderes económicos. A ello se suma que aquel retrato social puede ser el que acompaña ya no el cometa que impactará la tierra,  sino la catástrofe climática anunciada ante la cual se postergan las soluciones colectivas e individuales para detenerla.

Foto de Mike en Pexels

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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