La rabia en el corazón

El año 2016 será recordado como el año en que la rabia de los electores se sintió con más fuerza en las urnas: Gran Bretaña y Colombia con la victoria del NO, Estados Unidos con la victoria de Donald Trump y otras manifestaciones de inconformidad que se evidencian en las encuestas de opinión. Por supuesto tiene todo el sentido del mundo, si se considera que hay una brecha cada vez más grande entre lo que los ciudadanos quieren y lo que los gobiernos logran, aparejado a la asombrosa capacidad de las redes para difundir información, sin importar su veracidad. No es una época de mentiras en masa exclusivamente, como se ha querido reducir en algunos sectores, pero sí es un tiempo donde la gente reclama compromisos mayores de su clase dirigente so riesgo de castigarlos severamente en las urnas.

Decía Napoleón que hay dos elementos esenciales que dominan a los hombres: el interés y el miedo. Este último, particularmente, ha determinado buena parte de los resultados que han estremecido la escena política nacional e internacional y ha sido aprovechado por las maquinarias de propaganda de los grupos políticos más reaccionarios para acaparar más votos y poder -ahí la interacción peligrosa entre el miedo y el interés-. La incertidumbre, la inconformidad y la información que sienten y reciben los ciudadanos, exacerban los ánimos de las masas y los llevan a tomar decisiones a menudo viscerales. Contrario a lo que muchos piensan, ni Uribe, ni Trump, ni Le Pen han creado los sentimientos que hoy ganan protagonismo en sus respectivos países: lo que han hecho es comprender el ambiente de la opinión pública y jugar magistralmente con él. En el caso colombiano, la constante información que llega sobre la crisis venezolana ha sido el terreno fértil para que muchos sectores denuncien una supuesta e inminente marcha hacia el modelo político y económico fallido de los vecinos. El mérito de los movimientos reaccionarios no ha sido construir sentimientos sino canalizarlos, interpretarlos y orientarlos.

En el plano local pasa exactamente lo mismo: los hurtos, las dificultades de movilidad o los homicidios o en el plano nacional el proceso de paz, los impuestos o la desaceleración económica generan un ambiente de insatisfacción o de incertidumbre. Si estos fenómenos se registran casi en tiempo real en las redes o en los medios de comunicación, el efecto que se desencadena en la opinión es multiplicador. Algunos sectores políticos, generalmente en la oposición, aprovechan estas situaciones para acentuar esos ánimos y los instrumentalizan, gestando así la creencia que la dirigencia no es efectiva para satisfacer las necesidades de la población. No en vano en 2016 vimos la proliferación de medios alternativos de comunicación que, con un marcado sesgo político, se dedican a registrar sin mucho rigor periodístico noticias casi siempre adversas para los gobiernos y el establecimiento. Por supuesto, ayuda también la sensación que existe que la prensa tradicional ha perdido su rigor y su ética. Y en tiempos en que la información, los deseos y los miedos de la gente van más rápido que las obras y los resultados de los gobiernos, eso sin duda es un gran reto.

El error al analizar esta situación es creer que la gente está equivocada. Es evidente que un ciudadano no tiene por qué estar satisfecho si le roban su teléfono celular o si tarda cada vez más en atravesar la ciudad, o si le cobran más impuestos, pero le cuentan que la corrupción se come 21 billones de pesos al año. Es probable que el peligro es que los grupos reaccionarios no están tan interesados en revertir necesariamente estas situaciones como en instrumentalizarlas para satisfacer sus intereses. Jugar con la rabia de los ciudadanos puede ser un peligro si esta se desborda y lleva a que se tomen decisiones desastrosas.

El llamado es a la clase dirigente y a los sectores alternativos no reaccionarios: hay un reto por delante y es detener la espiral de rabia. Los sectores reaccionarios están ganando la partida por el manejo de la información que tienen, ¿qué esperan los gobiernos para tomar nota y aplicar la lección? La rabia en el corazón de los ciudadanos se ha hecho sentir con mucha fuerza en 2016. Y el peligro lo describe con contundencia Papini, el célebre escritor italiano: la rabia es como el fuego; no se puede apagar sino al primer chispazo. Después es tarde.

Felices Fiestas y nos vemos de nuevo en 2017.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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