LA PENOSA INFRAESTRUCTURA DE CALI

Quizás uno de los aspectos que más me generan vergüenza de Cali, es su cada vez más precaria infraestructura, -no se confundan, amo a mi ciudad y mi proyecto vital se encuentra arraigado en este terruño; pero ello no es óbice para realizar críticas constructivas-. En virtud de lo anterior, pareciera que mejorar la calidad de las vías, andenes, parques, monumentos históricos y demás, no ha sido un tema lo suficientemente prioritario para ninguna de las últimas cuatro administraciones. Basta con realizar una somera comparación entre los cambios que urbes como Medellín, Bogotá y Barranquilla han sufrido en los últimos veinte años en parangón con la pobrísima y cada vez más decrépita infraestructura caleña.

Así por ejemplo, resulta imposible caminar por las calles de la sucursal del cielo sin encontrar andenes desgajados, plagados de forámenes en donde otrora existían tapas del alcantarillado público. También, resulta imposible apreciar los suaves atardeceres caleños sin que la vista sea interrumpida por cientos de miles de kilos de cables de toda índole, enmarañados y arrumados cual lianas en las selvas congoleñas.

Las megaobras impulsadas por el imputado aspirante a la alcaldía –cuyo nombre me reservo- terminaron siendo “medias obras”, en donde los mayores beneficiarios de las mismas no fueron los caleños, sino el hermano del controvertido burgomaestre. Parques abandonados, plagados de basuras, drogas y delincuencia; canchas peladas, ausencia de contenedores de residuos, entre otros, son pan de cada día y terminan de decorar el cada vez más lúgubre retrato de la desidia municipal.

Nuestra ciudad quedó sumida en la mediocridad. Somos un pueblo grande –con infinito potencial, es verdad- pero pueblo al fin y al cabo. En la actualidad, nuestras vías y calles dan lástima; nuestro sistema de semáforos está completamente obsoleto; el Masivo Integrado de Occidente es  cada vez más rudimentario; nuestro Centro Histórico es un basural en donde conviven furcias, indigentes y rateros. No es normal que una ciudad, administración, tras administración, quede incólume. A este ritmo, alcanzaremos a nuestros pares del resto del país cuando afloren en nuestro cuero cabelludo pelos blancos, o cuando simplemente ya no quede sobre nuestra cabeza, cabello que peinar.

¿Qué precisamos para saltar hacia la transformación que merecemos? La respuesta es simple; voluntad. Los caleños llevamos más de treinta años imbuidos por el espíritu nefando de la mediocridad y del canibalismo regional, dejando nuestro destino a merced de políticos anodinos y corruptos.

Espero que cualquiera de los candidatos, tanto Ortiz como Eder, -ya que el imputado no merece ni ser nombrado-, tengan dentro de su plan de gobierno, estrategias y marcos concretos de acción para transformar en pocos años, la decadente infraestructura de nuestra ciudad. No es un tema de menor importancia, pues nos encontramos en la coyuntura ideal para enderezar el camino y convertir a Cali, ojalá, en la segunda ciudad más importante del país.

Imagen: Augusto Ilian.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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