La oposición

No solo no se reconoce el valor de la oposición, sino que se está llegando a la exclusión.

Colombia tiene una larga experiencia en congelar la oposición política, lo que podría ser una de las tantas explicaciones sobre la dificultad de aceptar su importancia para la democracia en Colombia. El mejor ejemplo de esta realidad son nada menos que los 16 años del Frente Nacional, durante los cuales el Partido Liberal y el Conservador se repartieron milimétricamente el poder. Según un interesante artículo publicado por Banrepcultural, ‘Frente Nacional, acuerdo bipartidista’, “la oposición fue proscrita [durante el Frente Nacional]… incluso la conciliadora (o legal), que no iba más allá de reponer rectificaciones al nuevo sistema político”. Como también lo menciona este artículo, “el Frente Nacional activó la vida política del país, pero por exclusión”. Al analizar este largo período, según Ayala, su autor, agrega que “la oposición solo se tradujo en dejar actuar a sus voceros elegidos en los cuerpos legislativos, pero no en las demás instituciones del Estado”.

La prueba de que la oposición política durante muchos años ha dormido el sueño de los justos es la crítica que sufrió el presidente Virgilio Barco cuando quiso imponer en su administración el esquema Gobierno-oposición. Se lo criticó durante esta decisión porque, según afirmó el periódico EL TIEMPO en ese momento, “Barco rompió con una tradición de 28 años de repartición equitativa de la responsabilidad del poder entre las dos colectividades tradicionales”. Es decir, la norma aceptada en el país durante un período de diez años después del Frente Nacional era cero oposiciones. Al observar lo que está sucediendo actualmente, se cumple la idea de que cuando no se conoce la historia se repiten sus errores. Pero resulta que, precisamente, la existencia y, sobre todo, el respeto a la oposición son lo que distingue una democracia de una dictadura.

Por lo que está viviendo el país actualmente, hay peligrosos síntomas que deben hacerse explícitos para que no se profundicen y agudicen; no solo no se reconoce actualmente el valor de la oposición, sino que se está llegando a la exclusión, por funcionarios públicos, de todos aquellos que no comparten las ideas del gobierno actual. Una manera bastante grave de extender el rechazo a todo lo que se puede asimilar con oposición, que, a similitud del Frente Nacional, solo se admite en el Congreso de la República, porque no hay forma de evitarla cuando además el partido de gobierno no tiene las mayorías.

Las prácticas de altos funcionarios del Gobierno en el exterior convienen ser revisadas en este sentido. Un preocupante incidente, que debería prender alarmas, fue la decisión de la embajadora en Italia, Gloria Isabel Ramírez, recurrente en Grecia, de impedir la participación de profesionales de nuestro país en el Festival Literatura en Atenas, dirigido por una colombiana, Adriana Martínez. La justificación de la embajadora Ramírez para no apoyar ni el festival ni el viaje de la persona que había sido invitada para participar en este evento por ser una experta en el tema central de este festival da grima: “El festival había invitado el año pasado a escritores importantes de Colombia que han criticado el actual gobierno, como son: Santiago Gamboa, Héctor Abad Faciolince, William Ospina, Juan Gabriel Vásquez (…) entre otros”.

Este episodio, protagonizado por una alta funcionaria de la diplomacia colombiana, no es un asunto menor, y el Gobierno debe aclarar esta situación porque, de no hacerlo, dos mensajes quedarían en el aire en medio de la polarización que vive Colombia. Primero, que se acepta que algunos altos funcionarios confundan la libertad de expresión, que es un derecho de todos los individuos del país, con oposición al Gobierno, y por ello se vetan; y, segundo, que la oposición se debe frenar, incluyendo a quienes ellos creen que la representan, ignorando que es un elemento sustantivo de un régimen democrático. Una pregunta para la Cancillería: ¿con qué criterios se están seleccionando los embajadores de Colombia, los representantes plenipotenciarios del Presidente de la república?

Imagen: https://bit.ly/2TB6MRq

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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