La ignorancia no distingue de ideologías…

El filósofo Cleóbulo de Lindos dijo una vez: “Nada hay en el mundo tan común como la ignorancia y los charlatanes.” Es curioso que tantos siglos después, en Colombia, esta frase tenga tanta relación con el momento que atravesamos como nación.

Hoy por hoy, los momentos políticos y electorales en Colombia son un reflejo del fatalismo del que hablaba Martín Baró. El salvadoreño (1942-1989) sostuvo que el fatalismo es comprender la existencia humana con un destino predeterminado y bajo el cual todo sucede de manera “ineludible”.

Pero, ¿quiénes somos para burlarnos del destino sin reconocer que en el mundo hay profetas? ¿Y qué aparecen en la historia para re-escribir el destino propio y colectivo?

En el 2018, el destino colombiano aparición de dos supuestos mesías, ambos de polos opuestos. En la esquina izquierda está Gustavo Petro, con un pasado reciente criticado por su administración como Alcalde de la capital colombiana. En la esquina de la derecha está Iván Duque, de pasado recientísimo como Senador de la República.

Ambos tienen sus diferencias clarísimas: Petro fue miembro de la guerrilla desmovilizada del M-19, en la que se desempeñaba en el ala política e ideológica de la misma. Tuvo una buena carrera en lo público hasta llegar a la cúspide de su carrera, alcalde de Bogotá y destituido por el ex-perseguidor… digo, ex-procurador Alejandro Ordóñez. Hoy, en su aspiración presidencial, se le ve acompañado por las masas que quieren un : de enemistades y de antagonistas. Y ni hablar de su pasado como tuvo una gestión duramente criticada.

Por su parte, Iván Duque no tiene una hoja de vida con tanto recorrido. Si bien ha ejercido cargos importantes, ninguno tuvo mucha relevancia en el ámbito el cuestionado partido Centro Democrático, (encabezado por alguien quizá más cuestionado como lo es el expresidente Álvaro Uribe Vélez), lo presentó como su candidato para la Presidencia. Y este candidato, de quien sólo carrera como Senador en el anterior periodo (2014-2018) es el más opcionado paranar las elecciones ensiguiente periodo presidencial.

Aunque cada persona tendrá en sus haberes razones para no votar por uno u otro candidato, en algo se asemejan. Ambos tienen una turba enardecida dispuesta a defenderlos. Además que ambos bandos se han caracterizado por el ya inherente macartismo de la política colombiana, los seguidores de estos mesías son muy violentos y radicales: violentos en sus palabras y en sus argumentos. Y ni hablar de lo que dicen para desprestigiar a uno u otro candidato: fake news, cifras infladas, campañas de desprestigio que apelan a mentiras, videos que afirman que los falsos positivos son mentiras ‘castrochavistas’, Colombia volviéndose una dictadura pseudo-venezolana o una de derecha… ¿Un chauvinismo intrínseco? Y peor aún, ¿dónde quedaron los argumentos de peso y no amparados en la pereza y la ignorancia para poder debatir?

Habrá más características en las que se parezcan, como ambos tendrán sus diferencias permanentes. Lo único verdaderamente cierto es que el daño que se ha hecho a esta sociedad lo tienen los relatos: esos relatos fatalistas donde el destino debe ser cambiado por un falso mesías, que nos salvará de la guerrilla (que sólo logró debilitar), que lograría la paz (pero que dejó un país profundamente polarizado) o, al que viene, que va a: o acabar con los Acuerdos de Paz, o que va a volver este país comunista. Esas han sido las promesas (en parte cumplidas, en parte nunca realizadas) que se han atribuido nuestros pasados mandatarios y las que, hoy por hoy, atribuyen a uno u otro candidato.

Sólo quedaría afirmar que es momento de acabar con estos relatos. Es momento de reconstruirlos. Es momento de cambiar el curso de la historia; pero no gracias a un mesías. Es momento de cambiarlos a raíz de una nación fortalecida, de una sociedad optimista y de un relato menos fatalista y mucho más consciente de lo que este país tiene por ofrecerse a sí mismo.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de la página eje21.com 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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