LA GUERRA ES LA MADRE DE TODAS LAS POBREZAS

«Luego de este ensayo del proceso de paz en La Habana debemos preguntarnos como colombianos qué nos une o qué nos debe unir.»

¿Cómo se podría describir la sensación que dejó el anuncio de Iván Márquez de volver a las armas? Genera desesperanza, tristeza, desahucio, pesimismo, miedo. La lista puede seguir, sin embargo, en momentos tensos hay que apelar a la razón y no al corazón. Desde la historia se le puede dar explicación al fenómeno que está viviendo Colombia, ya que los cambios sociales son lentos y mucho más en sociedades conservadoras como la nuestra. Pienso en la revolución francesa, que irrumpe al final del siglo de las luces con un cambio total en la forma de ver y vivir el estado en ese memorable año de 1789, pero la revolución francesa se consolidó casi un siglo después, recién en 1871 después del fracaso de la primera etapa, el terror, la llegada de Napoleón Bonaparte, el gobierno del partido de la Montaña, la llegada de Luis Bonaparte y su derrota a manos de Otto von Bismarck que acaba definitivamente con la monarquía o cualquier tipo de gobierno autoritario en Francia (salvo la ocupación nazi en la segunda guerra mundial). Otro ejemplo lo tenemos cerca, en El Salvador, que al no implementar de una manera adecuada la paz firmada en 1989, se derivó en la creación de las maras que hoy son estructuras trasnacionales de crimen organizado y que tienen en jaque desde hace lustros a los gobiernos de Centroamérica. Otro caso más reciente, la primavera árabe, la cual se mostró como un renacer de las sociedades islámicas subyugadas por dictaduras históricas, pero que sucumbieron a grupos ultraconservadores como la hermandad musulmana.

Sí, lo del anuncio de esta “nueva” guerrilla, que es muy vieja, desalienta por muchas razones. Es incomprensible la posición de Márquez, que fue el jefe negociador en La Habana por parte de las FARC y que vivió en carne propia el genocidio de la Unión Patriótica ¿Acaso no es consciente de que con su nueva salida a la guerra, deja en total vulnerabilidad a los excombatientes que asumieron el proceso de paz y que están desarmados? Esa salida solo la puede dar un desquiciado e irresponsable. Desalienta también la respuesta de la polarizada sociedad colombiana, ya los voceros de la extrema derecha están ladrando para acabar de una vez por todas con el proceso de paz, con quitarle su estatus constitucional, con acabar con la justicia especial para la paz, mejor dicho, con volver a la guerra frontal. Lo he dicho desde hace un buen tiempo, los extremos en la política se parecen y mucho, estos dos extremos, sedientos de sangre, nos quieren llevar a quién sabe cuántas décadas más de una guerra absurda y una guerra de pobres en la que los que van a seguir poniendo los muertos son los más necesitados, mientras los más acaudalados se brotan las manos sacando réditos de la muerte.

La guerra es la madre de todas las pobrezas, dice Andrea Riccardi, seguramente el historiador más importante de Iglesia contemporánea y fundador de la comunidad de Sant’Egidio, comunidad católica de laicos con sede en Roma que ha participado en múltiples procesos de paz, el primero, el de Mozambique, pero también han ayudado a construir paz en Argelia, Guatemala, Burundi, Albania, Kosovo, Liberia, Costa de Marfil y Colombia. Fui responsable de Sant’Egidio en Cali y fueron mis maestros italianos los que me enseñaron el don divino de la paz. Quiero citar un aparte del primer discurso de Andrea en la primera conversación entre el FRELIMO (Frente de liberación de Mozambique) que era el gobierno, de corte marxista en 1990 y la RENAMO (Resistencia nacional mozambiqueña), la guerrilla de derecha que combatía al gobierno en una guerra civil que contaba en ese entonces con más de 500.000 muertos en el país más pobre del mundo. Andrea decía: “Existen muchos y graves problemas sobre el pasado y sobre el futuro. Sabemos que cada problema puede suscitar malentendidos y que las interpretaciones que se dan son muy distintas. ¿Seremos capaces de resolverlas y de superar las dificultades humanas y políticas que se plantean? Viene a la mente una expresión de un gran papa, Juan XXIII, que fue también su método de trabajo: ‘preocupémonos por buscar lo que une y no lo que divide’. La preocupación por lo que une puede sugerirnos también a nosotros un método de trabajo, el espíritu para ese encuentro. Lo que une no es poco, al contrario es mucho. En primer lugar, la gran familia mozambiqueña, con su historia de sufrimientos muy antiguos, durante el infeliz período colonial y durante los años recientes. La unidad de la familia mozambiqueña ha sobrevivido a esta historia de sufrimientos. Nos encontramos hoy, permítanme decirlo, ante dos hermanos que forman parte verdaderamente de la misma familia, que han vivido experiencias diferentes en estos últimos años, que han luchado entre ellos. Por experiencia familiar sabemos que las incomprensiones entre hermanos son a veces las más dolorosas, las más profundas, incluso desde el punto de vista psicológico, porque ponen en discusión las cosas más queridas. Los conflictos con los extraños pasan. Entre hermanos todo parece más difícil. Y sin embargo, los hermanos siguen siendo hermanos a pesar de todas las experiencias dolorosas. Esto es lo que une, el hecho de ser hermanos mozambiqueños, parte de una misma familia”.

¿Y si cambiamos en el anterior texto mozambiqueños por colombianos? Como la guerra es la madre de todas las pobrezas es la misma en toda la faz de la tierra, solo genera dolor, llanto, desesperación, desesperanza, ganas de venganza, sangre y muerte. Luego de este ensayo del proceso de paz en La Habana debemos preguntarnos como colombianos qué nos une o qué nos debe unir. Mi respuesta es la paz y debemos quitarle la satanización a esa palabra, la paz no es de la izquierda como la guerra no es de la derecha, la paz es el bien común que debe unir a la familia colombiana. Quitando los fanatismos absurdos, ningún colombiano quiere la guerra, ningún ser humano quiere la guerra, si la guerra fuera inherente en el hombre no existiría el estrés postraumático ¿Cuántos excombatientes de todos los bandos quedan traumados después de un conflicto?

No podemos retroceder en esta nueva historia que empezamos a escribir, no podemos dejar que unos pocos enfermos por la guerra nos vuelvan a manchar el porvenir y la esperanza, no podemos llegar a los otrora tiempos de bombas en las ciudades y los pueblos, de metralla y tatucos, de mutilados y secuestrados, de huérfanos y viudas… Es el momento de exigirle al gobierno nacional con todo el respeto, pero con toda la vehemencia que implemente los acuerdos firmados, que proteja a tantos líderes sociales y comunitarios amenazados, que ejecute los proyectos del posconflicto y también es el momento de exigirles a los comandantes disidentes que hay una población civil más despierta que no quiere más el trinar de los fusiles, que estamos convencidos que por la vía armada no se llegó nunca a nada y no se va a llegar a nada, bueno, sí, se va a llegar de nuevo al abismo de la guerra y la desesperanza. Es el momento de encontrar lo que nos une y no lo que nos divide como familia colombiana.

Imagen: https://bit.ly/2mloPvd

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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