La focalización del gasto público

Ante la necesidad de asignar de manera eficiente los recursos públicos a la población más pobre y vulnerable del país, desde hace varios años el Estado cuenta con varios instrumentos de focalización como lo son la estratificación socioeconómica y el Sisbén.

La estratificación socioeconómica es utilizada actualmente en la asignación de los subsidios de servicios públicos a estratos 1, 2 y 3 y el Sisbén en subsidios individuales como lo son el régimen subsidiado en salud, Colombia Mayor, Más Familias en Acción, De Cero A Siempre, entre otros.

Teniendo en cuenta lo anterior y conociendo los informes que presenta el DANE, en los que se ve una constante disminución de la pobreza, existe la necesidad de replantear los requisitos para la asignación de los subsidios y su temporalidad.

En el caso de la estratificación económica, en el terreno uno puede observar que barrios que históricamente han sido catalogados de estrato 1, 2 y 3 han venido progresando en cuanto a su infraestructura de servicios públicos, espacio público, calles y avenidas. Sumado a lo anterior, la calidad de las viviendas ha mejorado notablemente al igual que los bienes de las familias. Hacen parte del paisaje urbano los televisores de pantalla plana de alta definición, potentes equipos de sonido, carros último modelo y casas de dos y hasta tres pisos, lo que demuestra que el poder adquisitivo de quienes habitan esos lugares ha aumentado.

Con respecto al Sisbén, en noviembre de 2009 había 35 millones de colombianos identificados en dicha base de datos y para noviembre de 2018 ya eran 37 millones y medio. Un aumento de más de dos millones que no es coherente con la reducción de la pobreza anunciada de manera permanente el DANE.

Lo anterior puede tener diversas explicaciones como que las cifras del DANE no son confiables o que la mayoría de los colombianos siguen acostumbrados al asistencialismo.

La economía informal tiene especial importancia ante esta realidad. Mucha gente prefiere mantenerse en la informalidad porque le sale más económico y favorable vivir de los subsidios del Estado. De ahí que no paguen la seguridad social y no piensen que en el mediano o largo plazo van a tener comprometido su futuro ante la imposibilidad de acceder a una pensión de vejez. En este sentido la informalidad laboral se suma a la precariedad de los trabajos que en muchos casos no brindan estabilidad y salarios justos a los trabajadores.

Para hacerle frente a esta realidad es necesario seguir trabajando en la formalización de la economía y en la focalización del gasto social de manera eficiente y transparente.

Si los recursos son escasos hay que identificar los programas sociales que pueden generar mayor impacto y rentabilidad social. Los programas relacionados con la primera infancia, los adultos mayores, la salud y la educación generan grandes transformaciones en la sociedad. Es por eso que deben ser manejados no solo con una gran sensibilidad social sino también de manera eficiente y transparente alejando de su manejo los intereses políticos.

Por último, no todos los subsidios que brinda el Estado deben ser asumidos como un derecho adquirido, ya que impide que los ciudadanos hagan su debido esfuerzo para mejorar sus condiciones sociales y económicas. La temporalidad en muchos de los subsidios debe ser motivo de análisis del Gobierno.

Al oido del ciudadano: Cali no necesita un alcalde popular, la ciudad merece un mandatario que conozca el manejo de lo público, que sea honesto, que tenga una visión de ciudad de mediano y largo plazo y que trabaje por unir a todos los caleños sin importar su condición social y económica. No más megarobos.

Fuente imagen: www.caminoconsciente.com

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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