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La democracia requiere una actualización – Luis Ernesto Gómez

Conversamos con el Viceministro del Interior para la Participación e Igualdad de Derechos, Luis Ernesto Gómez. Le preguntamos acerca de la renegociación del nuevo acuerdo con la guerrilla y los opositores del NO, así como los desafíos en materia de legitimidad política que enfrenta el proceso. También abordamos uno de los temas en los que se ha especializado, la participación ciudadana en el marco de la democracia digital y cómo esta se puede convertir en una herramienta para recuperar la confianza del ciudadano en las instituciones y los liderazgos públicos.

 

La refrendación e implementación del Nuevo Acuerdo con las FARC la llevó a cabo el Congreso de la República. El gran consenso nacional en torno a la paz entre las fuerzas políticas del NO y el gobierno no fue posible. ¿A qué atribuye el rechazo de la oposición al nuevo texto? ¿Cómo convencer, más que a los líderes a esos ciudadanos que votaron por el NO, de que el Nuevo Acuerdo es mucho mejor y necesario para el país?

No fue posible un gran consenso nacional porque a pesar de que se incluyeron prácticamente el 80% de las propuestas y 56 de los 57 ejes temáticos que se discutieron con los distintos voceros del no y que fueron modificados; se incluyeron precisiones, aclaraciones, cambios de fondo, cambios de estructura, (realmente el acuerdo refrendado la semana pasada es un nuevo acuerdo), a pesar de todo esto, existieron unas posiciones en las que no hubo posibilidades de encuentra. Especialmente en el tema de la elegibilidad política.

Pero en esto es esencial y es entendible que no es posible en todos los puntos llegar a acuerdos. Ha sido un proceso de 6 años bastante arduo. Este es uno de muchos procesos que se han intentado hacer con la guerrilla de las FARC a lo largo de sus 52 años de historia y por eso, a pesar de que persistan algunas diferencias con los voceros del NO, estamos convencidos que lo que hay es un buen acuerdo que nos permite terminar una guerra de muchos años.

Es difícil hablar de los líderes y voceros del NO. El plebiscito viene de “plebe”, es un proceso ciudadano, y aunque evidentemente la discusión se hizo con varios de estos voceros, hay que entender que dentro de estas vocerías, no se trata de una representación objetiva. Estos voceros no fueron elegidos por el NO. Pero sí reconocemos el mandato democrático de la población colombiana votando NO y exigiendo que se hiciera un nuevo acuerdo. Creo que ninguna de esas personas que votó NO no quiere la paz. Yo creo que esas personas sí quieren la paz y por eso, con un acuerdo mejorado, estamos cumpliendo ese objetivo.

 

Muchos críticos y líderes de oposición sostienen que el Congreso carece de legitimidad y representatividad suficiente para haber refrendado el Nuevo Acuerdo. En los debates tanto de Senado como de Cámara participaron muchos ciudadanos como veedores. ¿Es suficiente esa conexión de democracia representativa y democracia directa para aprobar los acuerdos? ¿Qué papel debe cumplir ahora la ciudadanía?

Considero que el Congreso de la república tiene toda la legitimidad política y la legalidad para representar a los colombianos. Es un órgano de la democracia representativa, elegido en 2014 con una votación superior a los 14 millones de votos y por eso considerar que las personas que se encuentran allí representan de manera legítima a los colombianos, es absolutamente razonable. Adicionalmente, le solicitamos desde el gobierno nacional a la sala de consulta del Consejo de Estado, que expresara si el Congreso tenía la capacidad de refrendar los acuerdos y la respuesta de la sala en pleno fue que claro que sí, que estaba dentro de las facultades y el marco constitucional que fuera el Congreso el que reforzara estos nuevos acuerdos.

 

La ley 1757 del 2015 o estatuto de la participación democrática busca avivar el compromiso y los instrumentos de incidencia efectiva de los ciudadanos en las toma de decisiones de sus municipios, departamentos y nación. ¿Cómo va su implementación? ¿Cómo entiende el gobierno la participación ciudadana en este nuevo contexto democrático?

La dinámica de la participación ciudadana es el segundo punto del acuerdo y va a ser parte del paquete de implementación. Sin embargo, las prioridades en este momento de trámite legislativo están ligadas a los temas de justicia, la ley de amnistía y el acto legislativo que permite la conformación de la Justicia Especial para la Paz. El proceso de implementación legal y modificación normativa para implementar el punto dos del acuerdo, que es ampliación de la democracia, se va a trabajar, en el caso del sistema electoral, con una comisión de expertos que va a presentarle unas recomendaciones al gobierno nacional. En el caso del sistema de participación ciudadana, con la Comisión Nacional de participación, reforzada por unos nuevos actores para poder discutir las propuestas normativas que tenemos.

 

Como politólogo y  viceministro de participación ciudadana, ¿cómo lee todas estas discusiones sobre el modelo de democracia occidental, el ecepticismo ciudadano especialmente de los milénicos hacia el político profesional, la desconexión de las élites políticas con el electorado y el auge de los populismos y movimientos radicales? ¿Cree en la democracia tal cual la conocemos?

Yo creo que el abstencionismo y la falta de involucramiento de la ciudadanía, no solo en procesos electorales, sino la apatía hacia los políticos está ligada a que definitivamente el sistema requiere una actualización. Y cuando quiero decir que requiere una actualización, me refiero a que hay unos retos muy grandes para que la clase política se reconecte con la gente, entienda mejor sus necesidades. A través de las nuevas tecnologías hay una experiencia única para actualizar nuestra democracia. Experiencias internacionales así lo indican y parte de mi apuesta personal como viceministro del interior es poder incorporar en esta implementación de los nuevos acuerdos una visión moderna, contemporánea y tecnológica de las posibilidades que tiene hoy la participación ciudadana.

 

Conectando con lo anterior, usted es un experto en democracia digital. Fundó SeamOS como un movimiento ciudadano para hacer más creativo el ejercicio del poder y mejorar la calidad y el acceso a la democracia. Usted acuñó una frase que dice “hay que pasar del me gusta al hagámoslo”. ¿Cómo trascender en la práctica de la interacción política de redes sociales hacia cambios políticos concretos? ¿Cómo transformar la indignación en compromiso cívico, especialmente de los ciudadanos más jóvenes?

Con personas como tú, con personas como yo, que tienen un compromiso con lo público, que tienen un compromiso con la construcción de país y de democracia, que estén dispuestos a hacer ese esfuerzo. Pasar de criticar en redes sociales a dar un “me gusta” a algo que les agrada a construir procesos democráticos, procesos electorales, procesos electorales para darle a eso forma a través de normas, a través de programas y a través de hechos reales.

 

El concepto de democracia digital es bastante amplio… Simplemente quisiera enfocarlo a la dimensión de los datos. Aaron Swartz, activista norteamericano decía que “la información es poder y como cualquier poder hay algunos que buscan apropiarse de él sólo para sus intereses particulares”… ¿Por qué no incentivar la apertura de datos y de información a través de SeamOS y así no sólo recolectarla (que es igual de importante), para empoderar al ciudadano?

Sí claro, democracia digital es un concepto muy amplio. Y hay que diferenciarlo de gobierno digital y de gobierno en línea. La democracia digital obedece a la lógica de la participación ciudadana no solo para los procesos de gobierno sino también para los procesos de toma de decisiones democráticas, sean electorales o de participación. Básicamente es involucrar en la democracia nuevas tecnologías y acercar la administración pública a la ciudadanía, a través del celular o a través de espacios tan cotidianos como el Facebook.

Frente al tema de transparencia, evidentemente el problema no es simplemente transparencia de la información, en que la información esté disponible para que cualquiera pueda leerla y consultarla. El problema es un tema de cultura. La información puede estar disponible pero la ciudadanía, en la medida en que no le asigne un valor a la transparencia, y la ciudadanía no exija a través de diferentes mecanismos, transparencia por parte de la administración pública en la gestión de recursos, terminan en ejercicios inanes. Puedes tener todas las formulas y soluciones tecnológicas, pero si no tienes detrás de eso un respaldo en la cultura ciudadana, de demandas hacia los gobernante y rechazar la corrupción es muy difícil.

 

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