La cultura se democratiza

El pasado 30 de marzo y armado con un mazo, un hombre rompió una puerta de seguridad del museo Singer Laren -que estaba cerrado por cuarentena- y se llevó debajo de su brazo derecho el óleo Jardín de Primavera de Vincent Van Gogh. Se estima que la obra tiene un valor de 6,5 millones de dólares. La policía no respondió a tiempo a las alarmas y de la pintura nada se sabe.

Lo que sí ha resonado mucho son las declaraciones de Jan Rudolf de Lorm, director del museo, quien en medio de su rabia e impotencia dijo que el robo “es terrible para todos porque el arte existe para ser visto y compartido por nosotros, por la comunidad para disfrutarla y que nos inspire y de consuelo”.

Palabras apropiadas para momentos de incertidumbre y ansiedad como los que nos ha traído la pandemia del Covid 19, porque el arte es un aspecto de la vida que reconforta, que hace trascender a otros mundos, que llena el alma y que actualmente está al alcance de quien lo quiera, como debiera ser siempre, como dijo De Lorm.

Es clarísimo que uno de los aspectos más positivos que trajo consigo el Covid 19 ha sido la democratización de la cultura. Hoy, con solo tener un teléfono relativamente decente, el ser humano que quiera y que sepa, puede acceder de manera gratuita todos los días y noches a un delicioso exceso de contenido frente al cual hasta ya cuesta trabajo escoger a qué dedicarse.

Pienso que esto de la democratización de la cultura durante el Covid 19 ya no tiene retroceso. Evidentemente los teatros, las salas de cine, los ballets, las óperas, los museos, tienen que abrir y tienen que cobrar el acceso a sus presentaciones y exhibiciones. Con eso se mantienen y de eso vive la industria. No obstante, también se han dado cuenta que tienen una responsabilidad con la humanidad que va más allá de la cultura en recinto cerrado y para quienes tienen con qué pagarlo. Tienen que ser accesibles, tienen que ser abiertos y tienen que compartir contenido.

La gente quiere ver, quiere aprender, quiere disfrutar y vivir la cultura en todas sus dimensiones y el amplísimo abanico de plataformas tecnológicas lo han permitido en estos momentos de crisis. Nos han dado los momentos de inspiración y paz que tanto necesitamos.

Quiero destacar un ejemplo local y absolutamente loable en su esfuerzo por contribuir a entretener y compartir cultura. Me le quito el sombrero a Cine Colombia, compañía que anunció que va a trasladar a las calles y barrios de Bogotá su iniciativa de Ruta 90, a través de la cual durante años ha llevado cine en cada rincón del país. Eso es democratizar cultura.

Y como de compartir se trata, comparto con ustedes algunos descubrimientos míos durante este mes de distanciamiento social. En la página web del Metropolitan Opera www.metopera.org todas las noches están presentando de manera gratuita una ópera pregrabada. Han sido muy cuidadosos en la selección de las mismas y el repertorio ha sido amplísimo y para todos los gustos.

Por otra parte, los playlists que ha estado publicando Deutsche Grammophon en Spotify son espectaculares. En este momento por ejemplo oigo la que se llama Trabajando desde Casa. También en el Día Internacional del Piano, DG organizó por YouTube y Facebook una transmisión en vivo desde las casas de decenas de pianistas famosos y fue plan de una mañana completa, así como el concierto de Global Citizen de la semana pasada y los 15 minutos más conmovedores con Andrea Boccelli desde el Duomo de Milán.

Pero bueno, lo importante es que contenido hay, gratuito y para todos los gustos, es más cuestión que querer y de buscar.

Imagen: https://bit.ly/2YqtrkS

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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