• Lo público es demasiado importante para dejarlo en manos de oportunistas y politiqueros

La “Cultura” de la grosería

Sin ser pesimistas, estamos lejos de que en nuestra bella Colombia, haya paz. Parece increíble, pero es la verdad. Pareciera que entre más vocifere, insulte y ridiculice a otra persona, crece su imagen de gran y poderoso líder. Con ello sólo estamos fomentando “La Cultura” de la grosería.

Lo peor es que no sólo son los viejos y nuevos candidatos políticos, sino también, distinguidos (as) periodistas, quienes de una u otra forma son ejemplo para nuestra sociedad e influyen de alguna manera en la percepción que se puede tener de alguien o de algo. Esas personas que con sus enfermos argumentos, cargados de odios y envidias, pretenden llevar las banderas de la paz, o mejor de una convivencia pacífica.

Se habla mucho de inversión de valores, parece que el respeto por los demás y hasta por uno mismo, no tienen cabida en nuestra sociedad. Pero no. No sigamos haciéndole el juego a la grosería, a la mala educación; qué esperanzas puede tener un país donde sus gobernantes no respetan, no hablan bien, no tienen argumentos de peso para ser seguidos por sus buenas ideas; ideas de progreso, de bienestar, de justicia y solidaridad.

Mi invitación es a que desarmemos nuestros corazones de viejos resentimientos, nuestras mentes de pensamientos negativos; que no nos gane el pesimismo.

Busquemos mejorar en todo, como personas, como profesionales, como líderes políticos o empresariales. Colombia merece un cambio, pero ese cambio nace de cada uno de nosotros, no esperemos que otros cambien, ni esperemos que sólo el proceso de paz en nuestro país, sea la garantía para que todos vivamos bien y felices.

El derecho al voto es un beneficio que tenemos todos los ciudadanos para escoger a quienes queremos que nos representen, por eso no esperemos que otros decidan por nosotros. Si queremos dignos representantes, también tenemos que tener dignidad para elegirlos.

No es cuestión de credos, ni razas, ni partidos políticos, pensemos, qué diferente fuera si desde mi actuar, puedo ser generador de paz, de bienestar, lo que conlleva a un mundo mejor para quienes están en mi entorno, o por el contrario, promuevo el desorden, el caos, la ira y el dolor, que ello como consecuencia, puede causar en mí y en los demás.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

* Imagen extraída de la página venezuelaparaelmundo.com

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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