La corrupción, ¿inherente al ser humano?

Con aire de sabio oriental,  mirada en lontananza, respiración suspendida y pausa dramática, uno de los “empresarios” en su momento más prometedores de este país de apellido Nule, justificó así su descarado robo a los dineros públicos. Robo de dimensiones épicas, recursos con los cuales el entonces alcalde Samuel Moreno Rojas destruyó la avenida 26, sí, la misma que su abuelo el dictador de los años cincuenta, construyó  junto con el aeropuerto Eldorado.

Quizás el amigo lector ya no se acordaba de eso. Y ese es precisamente el mejor recurso de los corruptos: la poca memoria de los colombianos. Entendible en un país donde no hay que inventarse las historias, porque el realismo trágico supera al realismo mágico.

Sino pregúntenle a la barranquillera Merlano.

La semana pasada en entrevista para el programa radial que dirijo en la Emisora Javeriana Estéreo Cali, la muy caleña Marcela Restrepo Hung, directora de gestión de conocimiento de Transparencia por Colombia, compartió una descripción esquemática, el mejor mapa para entender la corrupción que yo haya escuchado.

Restrepo describió los 5 rasgos de la corrupción en Colombia: que es estructural, un proceso sistémico que toca a todos a tal punto que la sociedad lo ve como normal, anidada en la política, engranada con la gestión administrativa y el crimen organizado, y con una institucionalidad capturada por los corruptos.

 Algo que suena como un problema con el cual debemos convivir. Pero no. Aceptar esto es el segundo mejor recurso que tienen los corruptos para hacernos creer que son un mal necesario.

Entender estos rasgos, lejos del desánimo frente a esta enfermedad social tan aceptada con resignación por los colombianos, es el primer paso para extirparla.

En primer lugar, no podemos dejar de ver el problema, hay que visibilizarlo, generar información confiable y hacer análisis del riesgo de corrupción. En segundo lugar, exigirle a los políticos medidas efectivas contra la corrupción. Tercero, profundizar los análisis sobre casos de corrupción y cuarto, aunque no menos importante, visibilizar a las víctimas de la corrupción y sobre todo repararlas.

Según la socióloga Marcela Restrepo, la mayor responsabilidad la tienen las élites políticas, algo con lo que estoy completamente de acuerdo. Mientras prevalezca en el fondo de cada colombiano corazón la lógica del “usted no sabe quién soy yo”, tendremos una cola de personas que incursionarán en la política con la aspiración de hacerse ricos rápido. Incluso, los más hábiles presupuestan los años de cárcel, que luego de volverse piadosos cristianos en prisión, buen comportamiento y servicio social, terminan en 4 años (lo que dura hacer un doctorado) de saldar cuentas con la justicia, y salen a disfrutar por el resto de generaciones del botín logrado.

Y entonces otros hacen las cuentas y  hacen la fila esperando su turno.

Si estuviéramos en China, creo que les hubieran ya quitado la libertad, el patrimonio mal habido y hasta la vida. Somos un país raro en el cual el victimario se convierte fácil en víctima.

Por fortuna entidades como Transparencia por Colombia son un faro en la oscuridad. Por lo pronto lo importante es despertar conciencias. Una buena manera de hacerlo, justo ahora en temporada electoral, es entender que el voto es la mejor y quizás la única herramienta que cada ciudadano tiene.

Pero en Colombia el voto no es un ejercicio libre: algunos lo venden, otros lo entregan emocional o gregariamente (votan por el que le dicen que va a ganar o votan en contra de alguien) y otros deciden no votar, se abtienen, personas que sin darse cuenta son los mejores patrocinadores de la corrupción, pues su no participación abarata los costos de comprar votos, mejor dicho a Merlano no le rendiría la plata si los abtencionistas se abstuvieran de abstenerse.

Pero no todo está perdido.

Creo que la leyenda de El dorado fue una de las campañas de publicidad más eficientes de nuestra historia, pues logró que muchos ibéricos se vineran a estas tierras en busca de riqueza relativamente fácil y rápida. Se llevaron la riqueza y nos dejaron la cultura del dinero fácil. A diferencia de Samuel Moreno Rojas, destruyamos esa leyenda y esa cultura y construyamos una nueva donde el interés colectivo esté por encima del individual.

Porque creo que el optimismo es inherente al ser humano. Por lo menos a este quien escribe.

Imagen: https://bit.ly/2vKnj7h

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario