La conquista de la lengua

Algunas universidades e instituciones españolas se aprestan a conmemorar el V centenario de la llegada de Hernán Cortes a México. Este hecho, cualquiera que sea la forma como se le nombre, dio lugar al sometimiento del imperio Azteca y de otros pueblos indígenas en nombre del Rey de España, bajo el cruel proceder de conquistadores y encomenderos. Aún cuando han transcurrido cinco siglos, subsiste el natural sentimiento por la suerte de aquellos antepasados y de una civilización cuyas ruinas hablan de hondos conocimientos en astronomía, ingeniería, acueductos, agricultura, calendarios, artes y medicina, entre otros saberes.

No extraña entonces que en México se pretenda que España pida perdón a los pueblos originarios por la violencia cometida en su contra. Sea que este reclamo tenga un matiz populista o no, sea que el orgullo español impulse un rechazo altivo a tal pretensión, o que el gobierno español omita celebrar el V centenario de aquella conquista, este acontecimiento trae a la memoria el complejo encuentro de fuerzas y lenguas de dos mundos diferentes, desde algunas imágenes que lo traducen o escenifican.

A veces la historia es imaginativa y sorprende con personajes fabulosos que más parecieran salidos de la ficción. Son protagonistas que están atravesados por la totalidad del drama histórico que permeará a generaciones futuras. Es el caso de la indígena llamada la Malinche o Marina y Hernán Cortés, cuyo encuentro en gran medida fue determinante en la caída del imperio azteca, así como representativo del mestizaje de razas y lenguas con el que se inició el tejido de un nuevo mundo en México.

Según conocedores de la conquista, jugaron en contra de los aztecas varias circunstancias además de los arcabuces y jinetes: otros pueblos indígenas se aliaron a Cortés para liberarse de la tiranía del gran cacique Moctezuma, otros tantos fueron forzados a ello. También jugó en contra las especulaciones teológicas y la creencia en el designio de los dioses acerca de su derrota y el regreso del dios Quetzalcóatl. Para Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, no de otra forma se explica que Moctezuma abriera a Cortés la capital del imperio, Tenochtitlán: “Por qué cede Moctezuma? ¿por qué se siente extrañamente fascinado por los españoles y experimenta ante ellos un vértigo que no es exagerado llamar sagrado – el vértigo lúcido del suicidio ante el abismo- ? Los dioses lo han abandonado. La gran traición con que comienza la historia de México no es la de los tlaxcaltecas, ni las de Moctezuma y su grupo, sino la de los dioses. Ningún otro pueblo se ha sentido tan totalmente desamparado como se sintió la nación azteca ante los avisos, profecías y signos que anunciaron su caída”. (p241).

La otra vuelta del destino a favor de Cortés y el fin del gran Moctezuma estuvo dada por la presencia y el amor de la Malinche. Ella habría de servirle de traductora por su conocimiento del dialecto náhual, propio de los aztecas y ajeno a quien le servía al conquistador de intérprete. Cuenta la historia que siendo hija de noble cacique, al morir éste fue entregada por su madre a mercaderes indígenas y posteriormente obsequiada en ofrenda a Cortés junto con otras mujeres, para su servicio. En una opinión reduccionista, puede decirse que la Malinche hizo posible vencer a Moctezuma, pues por ella Cortés conoció el mensaje del gran cacique y sus intenciones amistosas, y a su vez pudo transmitirle lo conveniente para la traición dentro de sus planes de conquistador. La Malinche fue convertida en amante de Cortés, tuvo un hijo con él, dominó el español, le suministró información valiosa sobre la organización azteca y le dio gran apoyo por su inteligencia y habilidad para las lenguas; incluso le salvó de intentos de rebelión y según dicen, contribuyó en el episodio que le costó la vida a Moctezuma.

Por esa lealtad a Cortés, para muchos mexicanos la Malinche representa a quienes rechazan lo propio, la traición, lo extranjero. Desde otra perspectiva ella es la mujer forzada desde su juventud por los propios nativos y por el español, lanzada a un destino incierto e injusto que la convierte en madre del mestizaje e intermediaria de pueblos diferentes. Es la indígena conquistada por la lengua española que lleva en sí la riqueza de las lenguas originales, y comunica y divulga las palabras en los inicios de la historia. Si bien hubo una conquista hace cinco siglos, con el paso de los tiempos México, Latinoamérica y el boom de su literatura enriquecieron la lengua castellana hasta el punto de colonizarla. América latina desde las particularidades de cada región o país y con el aporte del mestizaje y de la raza afrodescendiente, imaginó, creó y nombró un sinnúmero de experiencias en un enorme caudal de palabras y significados que introdujo al idioma español, enriqueciéndolo y revitalizándolo, como no hubiera sido posible sin la existencia de ese nuevo mundo.

El encuentro de razas y lenguas, los sincretismos en tantos órdenes de la vida, la superposición de la religión católica a creencias ancestrales, las asimilación de costumbres y la inmensa creatividad del lenguaje, originaron un nuevo protagonista, el mestizo latinoamericano con sus diversidades. Un pueblo es el resultado de los acontecimientos que lo precedieron, lo transforman y lo enfrentan a su nueva condición de cara al presente y al futuro, de ahí la importancia de una mirada frente al espejo de la historia y sus primeros protagonistas.

Imagen: https://bit.ly/2GbJuct

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