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La confianza en la cotidianidad

Durante las últimas semanas me he puesto en la tarea de identificar posibles actos de confianza que se gestan en mi vida a diario, y la verdad he quedado sorprendido con la cadena de acciones que se generan en mi entorno y que sin duda contribuyen a que mi vida tenga esos pequeños instantes de felicidad que tanto añoramos.

Es muy común hoy en día, observar a vigilantes de calle que cuidan carros en los diferentes barrios de la ciudad, la mayoría de las veces no sabemos de dónde vienen ni cuáles  son sus “antecedentes”. Estas personas se vuelven parte del paisaje cotidiano de nuestras vidas y comienzan a ser nuestros guardianes y colaboradores cuando los necesitamos. Si llegamos a casa en taxi  y se dan cuenta nos abren la puerta del vehículo y hasta nos ayudan a subir las bolsas o paquetes que traemos con nosotros, si ven a alguien sospechoso se encargan de “espantarlo” y hasta nos sirven de “guardaespaldas” al momento de atravesar alguna calle en la que nos podamos exponer a algún peligro.

Igual sucede con los establecimientos que frecuentamos durante la semana a la hora del almuerzo. Esos lugares ya tienen un ambiente de familiaridad en el cual uno  se siente de alguna manera como en casa por lo cual el administrador del establecimiento y los meseros ya conocen el gusto de uno al mostrar la carta e inclusive en muchas ocasiones están prestos a las pequeñas modificaciones que uno le quiere hacer al menú.

Otra situación semejante sucede cuando uno va a la panadería o al supermercado. Al momento de pagar la cajera –o el cajero- generalmente lo saluda a uno por su nombre y no olvidan, dentro de la estrategia de ventas, preguntar si de pronto a uno “se le ofrece algo más”.

Por mi afición a la lectura y a las noticias, visito regularmente un puesto de revistas y periódicos para ver qué material impreso puede ser de mi interés y siempre voy en busca del “informe especial” o la “edición especial” que me guarda el dueño del puesto.

Para terminar este ejercicio no podía faltar la señora de los chontaduros o  las frutas. Conozco a dos matronas a quienes les tengo un especial afecto y seguramente por ser un asiduo comprador siempre me dan productos y precios especiales.

Por último, reconozco en ellos a seres extraordinarios que me dan ejemplo de respeto, buena educación, lealtad y sobre todo confianza. Son personas que para muchos permanecen en el anonimato pero en mi caso me motivan cada día a ser un mejor ser humano.

P.D: Qué bueno amable lector que usted también pueda hacer el ejercicio.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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