La carta que llegó de Cuba

La confrontación entre el Estado colombiano y el Eln presenta señales preocupantes. El grupo subversivo se mueve a sus anchas en buena parte del territorio nacional y da golpes a discreción en medio país: Norte de Santander, Arauca, Casanare, Chocó, Antioquia, Cesar, Cauca, Nariño, etc.

Según lo expresara la Fundación Ideas para la Paz en el último año las capturas de miembros de esa guerrilla se redujeron en un cincuenta por ciento. También disminuyeron los combatientes desmovilizados y las bajas infringidas por la Fuerza Pública. Entre tanto los efectivos en armas vinculados a esa organización y sus milicias urbanas sigue creciendo, estimándose que en conjunto alcanzan los siete u ocho mil.
No es de extrañar entonces, que las acciones del Eln se hayan multiplicado de manera notoria desde el 2017.

La agrupación subversiva tiene características que dificultan tanto su sometimiento militar como su participación en un proceso de construcción de paz. Al efecto es oportuno recordar que se trata de un colectivo con estructura segmentada, compartimentada, siendo proclive al protagonismo individual desenfrenado y temerario. Tal circunstancia respalda la hipótesis de que los jefes instalados en Cuba para dialogar con el gobierno, no conocieron previamente del salvaje atentado contra la Escuela de Policía General Santander. Pero a la luz del derecho internacional humanitario, esa consideración resulta insuficiente para eximir de culpa a los dirigentes.

El otro inconveniente hacia una solución negociada es la inmensa ventaja estratégica del Eln al poder actuar con libertad desde Venezuela. Según parece el régimen de Maduro dispensa además de apoyo logístico, protección e información a los subversivos.

El papel protagónico de Cuba con respecto a los asuntos venezolanos más su participación como anfitriona y garante en las conversaciones con el Eln, deberían llevar a que Colombia mantenga líneas de diálogo fluido con la isla. Sin embargo, esto no parecería posible en el corto plazo. La opinión pública nacional tiene demasiado dolor por los actos violentos que día a día protagonizan los ‘elenos’. Además, la legitimidad de Cuba como facilitadora de armonía se ha ido erosionando ante la percepción existente de que brinda santuario sin condiciones a los más altos comandantes de un grupo irregular empeñado en aplicar prácticas atroces.

Siendo este el trasfondo se recibió la enigmática carta de la embajada cubana. En ella se alude a una información cuya verosimilitud no es evaluable, a propósito de un supuesto ataque a manos de un frente del Eln. El texto además refiere que comunicaron el hecho a la delegación de aquel grupo en La Habana y sus integrantes expresaron desconocimiento de las decisiones militares de su organización.

El mensaje de la Embajada suscita muchas interpretaciones. La positiva, quizá relacionada con los nuevos vientos y oportunidades provenientes de Washington DC, sugiere que Cuba denunciaría en el futuro cualquier actividad terrorista de la cual tenga conocimiento. La negativa, indica que el Eln es un monstruo de dos cabezas incomunicadas entre sí. ¿Será posible llegar a un acuerdo de paz si el proceso se adelanta en el extranjero con unos cabecillas que desconocen las acciones sangrientas perpetradas por sus compañeros sobre el terreno?

 

Columna recuperada del diario El País
Foto de Yuting Gao en Pexels

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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