La caída de Ospina

Ante la estrepitosa caída de la imagen del alcalde Jorge Iván Ospina en las encuestas, quienes saben de las profundas diferencias que tengo con él deben estar pensando que estoy feliz.

Pues se equivocan. Triste y adolorido no estoy pero preocupado, sí. Por la sencilla razón de que en los momentos tan complejos que vive la ciudad requiere de un gobierno sólido.

Requerimos de un mandatario con liderazgo, capaz de convencer a los caleños de la necesidad de preservar las medidas de bioseguridad y de la importancia de vacunarse. Sobre todo ante el escepticismo que genera la vacuna en una amplia franja de la población.

Y, además, se necesita de un gobernante que inspire confianza y credibilidad para que impulse la reactivación de una ciudad muy golpeada social y económicamente. Desafortunadamente JIO no tiene liderazgo ni inspira confianza y credibilidad.

Lo peor es que le quedan tres años largos al frente del CAM y para la ciudad sería nefasto tener todo ese tiempo, y en estos momentos, un Alcalde tan desprestigiado.

A menos de que ocurra algo muy raro, Ospina va a completar su período. Tendría que presentarse una actuación contundente de la Fiscalía o de la Procuraduría para que saliera de la Alcaldía antes de tiempo.

Pero esos órganos están muy politizados y Ospina tiene en ambos poderosas fichas que de seguro le darán la mano. Como la esposa de Roy Barreras, que es una de las más altas funcionarias de la Fiscalía, por ejemplo.

Y de la revocatoria olvidémonos. Ese mecanismo está diseñado para que no pase nada. Es tan complejo y sus exigencias tan altas que en la práctica es inaplicable. Coincido con Roberto Ortiz en que al poner en marcha ese proceso terminamos ayudándole a Ospina que es especialista en victimizarse (remember la fugaz huelga de hambre en la que se embarcó en la campaña. Y en la que creo que sacrificó el entredía).

Por todo lo anterior, el único camino que nos queda a los caleños es organizarnos para ejercer una celosa veeduría sobre la administración. No podemos quedarnos de brazos cruzados quejándonos ante la proliferación de contratos a dedo y ante la grosera ingerencia de los hermanos del Alcalde en la contratación del Municipio.

Ya hay unos ejercicios de veeduría valiosos en marcha. Como el que lidera Élmer Montaña y otro que organizaron un grupo de notables y empresarios de la ciudad. Pero ese esfuerzo debe replicarse mucho más.
Pueden tener la certeza que Jorge Iván mantendrá su modus operandi en los 34 meses que le quedan en la Alcaldía. Es más fácil que llueva para arriba a que Mauricio y Diego Ospina se alejen del gobierno. Y los convenios administrativos seguirán siendo el instrumento común para la contratación.

El clan Ospina está convencido de que está blindado para actuar y no importa qué tanto baja la imagen del alcalde seguirán en sus andanzas.

Y no les faltan razones para estar fresqueados: las 72 investigaciones que le abrió la Procuraduría en la administración pasada desembocaron en nada.

El reto de los caleños es demostrarles que están equivocados y que esta ciudad se respeta. Por eso urgen las veedurías y la presión sobre los órganos de control para que cumplan la función para los que fueron creados.

El desplome en las encuestas no desvela al clan Ospina. Esas no son las cifras que a ellos les preocupan.

 

Columna recuperada del diario El País
Foto: cortesía El País

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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