LA BUENA HORA DE CALI

Cali, sin duda alguna, ha sufrido una transformación espectacular en las últimas dos décadas. Nuestra ciudad pasó de ser una de las más peligrosas del mundo, a ser exaltada por la BBC Travel como un epicentro turístico emergente y como uno de los destinos más interesantes de Colombia y de Latinoamérica. Dicho reportaje sostuvo que la sucursal del cielo tenía dentro de sus fortalezas, su riqueza cultural, paisajística y gastronómica, así como la bien conocida calidez de su gente.

No es para menos. Nuestra querida urbe pasó de ser la ciudad del terror – conocida mundialmente por el infame flagelo del narcotráfico – a convertirse en una población pujante y con ansias de desarrollo. Sin embargo, la tarea ha gozado de  facilidad y en la actualidad se encuentra inconclusa. Es así como para abrazar el futuro, Cali debe seguirse consolidando como una ciudad destino que valga la pena visitar e inclusive, asentarse e invertir. Para lograr esto, se deben propiciar las condiciones necesarias para hacer de Cali una ciudad agradable a la inversión privada –nacional o extranjera-, al turismo, a la cultura y sobretodo, al deporte.

En pocas palabras, el precitado núcleo urbano debe emular e imitar a otras ciudades del país como Medellín, Bogotá y Cartagena en materia turística e inclusive en materia infraestructural. Actualmente, apenas recibimos –según cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo – a 250.000 turistas de los 4.7 millones de visitantes foráneos que visitaron Colombia en el 2018. Sin duda alguna, la labor pendiente es de gigantescas proporciones.

Ahora bien, aunque hemos mejorado bastante, todavía queda muchísimo por hacer. ¿Cuál es el reto? El reto, sin duda alguna es el de consolidar a Cali como una ciudad próspera; como una ciudad que logre el balance entre la tradición y la modernidad; la naturaleza y la industria. El propósito es dotar a nuestra ciudad de condiciones aptas para el desarrollo de la actividad empresarial y el turismo como motor económico. El desafío será siempre el de hacer de Cali una urbe en donde el arte y la cultura vuelvan a ser referentes; el crear una verdadera metrópoli en donde el deporte sea el anhelo de la juventud y en donde se destierre, de una vez por todas, la cultura de lo banal y fútil instaurada por los malditos capos de la droga.

Es por ello que debemos meditar fríamente sobre las elecciones que se avecinan. La politiquería, demagogia y corrupción –encarnadas en algunos viejos y nuevos candidatos- se ciñen amenazantes como nubes negras sobre el cielo caleño. Una decisión equívoca e impulsiva podría destruir lo que buenamente se ha ido consolidando. Por ello, el llamado es a ser críticos, a analizar los programas de gobierno con lupa y a no elegir, a candidatos que se destacaron por el embuste, la trampa y la corruptela.

Imagen: Augusto Ilian.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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