Innovar desde lo público es una necesidad

Para quienes han vivido la experiencia de trabajar desde el sector público innovar a veces parece un paradigma lejano. Un oasis que se ve allá, lejos, en el sector privado. Brillando por su relevancia, sus figuras mediáticas, sus promesas de libertad y posibilidad creativa, su inagotable recursividad para resolver todo tipo de problemas, desde los más simples y mundanos hasta los más difíciles.

Por desgracia, a pesar de los muchos enfoques renovados de la gestión pública que se han creado en las últimas décadas, Colombia parece atrapada en dilemas eternos de la (re)participación, de interpretaciones legales e institucionales contradictorias y de frustraciones personales de hombres y mujeres que quieren hacer un cambio. Pareciera que la complejidad de lo público termina cambiándolos a ellos.

Esa anhelada innovación se termina convirtiendo en un procedimiento más en extensos sistemas de gestión que, en vez de evolucionar y mejorar, crecen incrementalmente, como ladrillos asimétricos, apilándose uno sobre otro y generando obligaciones sobre obligaciones, sin resolverse entre ellas de forma coherente.

Cada idea nueva, muchas veces pertinente y acertada, termina sumándose a procedimientos anquilosados en el pasado, cuya relevancia legal es indisputada e incuestionable, pero cuya relevancia práctica es nula. ¿Saben de qué les hablo?

Hace unas semanas conversaba con los implementadores de una herramienta innovadora de la gestión pública británica que empezó a pilotearse en Colombia antes que en cualquier país de América Latina: los bonos de impacto social. Estos bonos hacen parte de una tendencia global un poco más amplia denominada “financiación basada en resultados”.

En el mundo, al igual que en Colombia, existe la percepción que desde el sector público no se pueden mejorar las cosas sobre todo porque los resultados que se consiguen de ese sector no son suficientes, son costosos, o peor, no se sabe en realidad cuánto cuestan, o para qué sirven.

Peor aún, el resurgimiento de movimientos libertarios que promueven a toda costa el achicamiento del estado y la reducción del gasto público, son una muestra de esa creciente desconfianza hacia la efectividad del sector público para proveer casi cualquier servicio.

Los bonos de impacto social surgen en ese proceso, como un mecanismo innovador de financiación dónde el Estado en vez de pagar enormes programas sociales termina pagando por los resultados, en esquemas financieros complejos dónde quienes financian las actividades iniciales son inversionistas, quienes ejecutan son proveedores de servicios y, al final, sobre los resultados obtenidos, los inversionistas reciben una rentabilidad financiera que les permite seguir invirtiendo.

Mi sorpresa, conversando con estos actores, no fue la efectividad de los programas (que está siendo demostrada), sino la dificultad que expresaron en lograr que desde el sector público se cambiara la mentalidad sobre estas nuevas figuras y el interés constante de torpedear las nuevas ideas. “Eso no se puede hacer”, “Eso nunca se ha hecho”, son las respuestas comunes.

O peor, la inquisitiva y aterradora revisión de los entes de control, que a punta de hallazgos disciplinarios censuran nuevos avances y mantiene en vilo cualquier decisión nueva, hasta que no se cursen los miedos de actuar sin freno.

¿Será posible que en las próximas elecciones los nuevos gobernadores y alcaldes procuren realizar transformaciones de gestión pública que permitan la innovación y generen cambios organizacionales?

¿Será que más que transformaciones técnicas, se puedan sumar liderazgos que desde lo político transformen esas realidades institucionales que no permiten avanzar las nuevas y necesarias ideas?

En la organización más grande de Colombia, el Gobierno, es prioritaria la innovación. Pero lograrlo requerirá liderazgos que sepan y conozcan sobre estos hitos innovadores que necesita la administración pública y que consideren la innovación como una necesidad perentoria, no como un lujo o un capricho. Liderazgos que conozcan de administración pública y valoren alcanzar resultados sobresalientes en organizaciones que tienden a la mediocridad y que sean capaces de incorporar mentes brillantes. Sobre todo, lograr que trabajen entre ellas a pesar de la competencia política.

Por desgracia, la innovación en lo público es el tema que más brilla por su ausencia en la agenda político electoral de 2019.

Imagen: https://bit.ly/31hDVll

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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