“Impolítica” vallecaucana

Las últimas dos décadas, la clase dirigente del Valle del Cauca, se ha caracterizado por su bajo perfil y eficientismo en la gestión pública nacional, reflejada en el escaso liderazgo parlamentario y la nula articulación interpartidista que desorienta el desarrollo político, económico y social del departamento. No ha sido posible sentar en la gran mesa de la bancada vallecaucana a las personas que tienen la responsabilidad histórica de conducir el camino y determinar un norte lleno de futuro para todos. En lo local, el nepotismo y las familias empresariales que ostentan el arte de dirigir son un fracaso, políticamente hablando nos tienen angustiados por la completa ausencia de rutas conjuntas de solución a los problemas de la gente  o por el distanciamiento en espacios de dialogo asertivos y productivos que generen dinámicas para el bien común de los coterráneos.

Brillan por su ausencia las políticas públicas que promuevan el bienestar ciudadano; para la muestra se ha hundido en tres oportunidades el proyecto de ley que pondría a Santiago de  Cali, como Distrito Especial deportivo, cultural, turístico, empresarial y de servicios. Así mismo, seguramente se aplicará la reforma tributaria (RT), sin objeciones  o un serio debate de control político fundamentado en un departamento que, como el nuestro, adolece de  nuevas fuentes  de generación de empleos e ingresos dignos para su población. Por lo que al sancionar la RT, se provocará por esta vía mayores pobrezas, vulnerabilidades, violencias y corrupción en la sociedad, ya que con tanto ajuste fiscal y agresiones económicas, la gente se ve presionada a actuar ilegalmente, mintiendo o en prácticas no sanas, intentando proteger un poco su patrimonio y/o ingresos.

No olvidemos que para el departamento y su capital la producción agrícola, la prestación y venta de bienes y/o servicios ha desacelerado rápidamente, desregularizando toda posibilidad de empleabilidad, emprendimiento o idea de negocios e incluso  provocando una separación y un aislamiento del sector empresarial con el sector académico y científico. Ahora, ¿cómo transformar las ciudades-municipios y el departamento, sin movilizar ideas de renovación o de cambio? Sin ser desesperanzador es casi imposible, porque en una democracia tan débil, lo que prima es la “impolítica”, es decir, la manipulación, las disputas personales y el clientelismo, esperando erróneamente que emerjan reformas políticas propuestas por las mismas líneas hegemónicas que siempre han estado en el poder. Para analizar a profundidad, en el 2016 el Congreso de la República ha presentado más de 180 iniciativas de ley, de las cuales el 70% corresponden a la Cámara de Representantes, y de éstas, solo 8 son de congresistas del Valle del Cauca, lo que muestra claramente la falta de formulación de propuestas legislativas de impacto social que beneficien a la población más necesitada de la región pacifico, especialmente en el departamento del Valle.

En lo local, Cali este año contó con un presupuesto de $2,6 billones de pesos, de los cuales 1,5 billones son de destinación específica y solo $460,142 millones tendrán libre inversión. De forma similar, el departamento del Valle del Cauca, ha contado con un presupuesto total de $2,63 billones, de los cuales un billón $402 millones se dispusieron para inversión social. Con estos “pobres” presupuestos, se requiere en las próximas legislativas nuevos y mejores liderazgos que jalonen recursos nacionales para distribuirlos de forma más equitativa  e incluyente en el territorio.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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