Ideas para mejorar la movilidad en Cali

Los tiempos de desplazamiento entre el lugar de residencia y el trabajo no cesan de aumentar en Cali. A este importante componente de consumo de tiempo diario se le conoce en inglés como commuting time, y es tristemente célebre por considerarse uno de los momentos de mayor infelicidad en el día de las personas[1], así como por tener un efecto muy negativo en la prosperidad material de las ciudades al ser un claro reductor de la productividad del trabajo.

Según el DANE, a nivel nacional la variación de las ventas de vehículos automotores y motocicletas se incrementó en 15.5% en el mes de mayo con respecto al mismo mes del año 2018. Entre enero y junio de 2019 se han matriculado en Cali 11.973 nuevos vehículos, que añaden a la congestión vehicular. Pero, evidentemente la solución a este caos no debe buscarse en la reducción de nuevos propietarios de vehículos, pues el confort de conducir y la seguridad que ofrece frente a otros medios de transporte como la motocicleta son evidentes y constituyen un avance hacia una mayor libertad y bienestar. La solución al caos vehicular de la ciudad pasa irremediablemente por la mejora de la infraestructura vial.

Preguntaréis, y qué hay del uso de la bicicleta, el MIO o la ampliación del Pico y Placa. Pues que no son las soluciones que se cree y muchas veces pueden producir más problemas de los que resuelven.

Comencemos por el uso de la bicicleta. Es ecológico, al reducir las emisiones de CO2, constituye un buen ejercicio cardiovascular, mejorando la salud y la productividad de las personas, pero su baja velocidad la hace inviable para grandes distancias y Cali es una ciudad donde los recorridos pueden ser largos y por consiguiente absorber una porción de tiempo demasiado grande. No obstante, el mayor problema es que a pesar del avance en el número de kilómetros de ciclo-rutas disponibles, andar en bicicleta constituye un claro riesgo para la salud al poner a su conductor en vulnerabilidad frente a los automóviles y motocicletas. Los accidentes poden ser incluso fatales. Desde mi punto de vista, la bicicleta es un medio de transporte propicio para ciudades como Ámsterdam donde los carros que entran a la ciudad circulan a muy bajas velocidades y donde los conductores de automóviles están muy bien educados en cuanto a normas de tránsito y las respetan, pero no para Cali, Bogotá o Medellín donde los automóviles pueden circular a más de 30 km por hora y donde la cultura vial está apenas por construirse. Solo resultaría funcional para cortas distancias y vías poco transitadas.

Sigamos con El MIO. Su gran ventaja es la de transportar a muchas personas en un solo vehículo, a la cual se añade un conjunto de normas claras y estaciones bien mantenidas que superan en civismo el caos del sistema de buses y busetas de antaño, el cual por cierto persiste en muchos barrios. Su gran problema, la lentitud. Los buses del MIO deben parar en cada semáforo y deben detenerse en muchas estaciones. Un trayecto de norte a sur puede durar más de dos horas. A esto se añade los largos tiempos de espera en las estaciones. En la calle 5 el MIO ocupa todo un carril que muchas veces se encuentra completamente inutilizado, mientras los carros y motos padecen el insoportable trancón. La ciudad no debería gastar más en este tipo de infraestructuras, y en cambio debería ambicionar un sistema moderno de metro o tranway, cuyos costos se reducen con los avances tecnológicos.

Otra medida muy popular, sobre todo por quienes poseen más de un vehículo, es la ampliación del pico y placa. Esta ampliación se puede hacer para que los vehículos no circulen durante toda la jornada o incluso para añadir un día más de restricción. De todas las medidas, es la peor, pues desconoce el esfuerzo y la libertad de quienes han realizado el impresionante gasto que constituye adquirir un automóvil. Además, desestimula el emprendimiento y el comercio, pues los recursos que se asignarían a nuevos negocios o a gastos en diferentes categorías de comercio se redirigen a la compra de un segundo vehículo, lo cual suele favorecer a la industria automotriz, fundamentalmente extranjera, en detrimento del sector servicios que es esencialmente local.

Nos quedan entonces las dos opciones más costosas, pero que son las únicas que resuelven realmente el problema. La primera, es realizar las obras de infraestructura que la ciudad reclama a gritos desde hace años. En el sur, los puentes de la Pasoancho con carrera 100 y su gemelo de la calle 16. El puente de la autopista con carrera 66, la eliminación de la Glorieta Ciudad Jardín de la Cañasgordas con la carrera 105, la supresión de las bahías de parqueo sobre la Cañasgordas y sobre la Calle 16, y la ampliación de la Circunvalar.

En el Norte, se debe hacer un puente a la altura de Chipichape, y otro que articule, en dirección Sur-Norte, la calle 26 con la Avenida 2da Norte. Además, se debe dar una solución al acceso hacia el oeste desde la carrera 5, cuando se va de sur a norte. Estas obras no son las únicas, pero sí las más urgentes y podrían realizarse en un “Plan A Todo Vapor” en el transcurso de no más de cuatro años. Son costosas, es cierto, pero cuesta más la corrupción y la pérdida de productividad por inacción.

Para finalizar, los caleños deberían soñar con su metro, ya lo tiene Medellín y pronto Bogotá. No se consigue lo que no se sueña y ese debe ser el primer paso. Realizar los estudios y apostarle a este proyecto en un horizonte de no más de 8 años. Con estas soluciones Cali no caería en la penosa dinámica de la Bogotá de los últimos 20 años y lograríamos mejorar el bienestar y la competitividad de la ciudad frente al país y frente al mundo.

[1] Layard, R. (2005)La Felicidad. Editorial Tauros. P. 27.

Imagen: https://bit.ly/2LpTRgI

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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