El HUV no se enfermó, lo hirieron de muerte

La crisis del Hospital Universitario del Valle es quizás el fracaso más estruendoso del Estado colombiano al nivel departamental. Si este centro médico fuera una empresa, tendría las herramientas necesarias para ser exitosa: talento humano altamente cualificado y suficiente, conocimientos muy especializados, tecnología y una demanda cautiva, dado que sabe hacer lo que muy pocas empresas saben -por no decir que ninguna-. Sí, el HUV es el hospital público más grande de Colombia, dispone del mejor talento humano en la atención de todas las disciplinas de la salud y es prácticamente el único centro asistencial estatal en su categoría en todo el suroccidente del país. Y, aun así, lo quebraron. ¿Cómo pudo ser eso? Como suele suceder con los activos más valiosos del Estado, por cuenta de la negligencia administrativa asociada a la corrupción y el clientelismo.

Con la decisión de la gobernadora del Valle y la Junta Directiva del Hospital de suprimir casi 600 puestos de trabajo, se agitaron de nuevo las aguas y volvieron las inquietudes sobre por qué se quebró este centro médico y cuál es el camino que debe seguirse. No estoy particularmente en desacuerdo con la decisión de intervenir económicamente al HUV dado el nivel acumulado de sus pasivos, teniendo en cuenta que estamos frente a obligaciones que superan los 200 mil millones de pesos y que en condiciones normales difícilmente podrían pagarse. Sin embargo, tengo mis dudas sobre si, además de técnicamente efectivo, es éticamente aceptable que los correctivos por años de desgreño administrativo deban ser asumidos por los trabajadores con sus puestos de trabajo. De hecho, aún no se presenta a la opinión pública los estudios que demuestran la conveniencia financiera de reducir la planta de personal.

A la fecha, buena parte de los problemas del Hospital siguen sin ser tocados: tercerizaciones onerosas y contratos cuestionables en los que el HUV asume las pérdidas mientras los contratistas se embolsan las ganancias. Caso elocuente que representa esta situación es el contrato de suministro de medicamentos a una polémica Unión Temporal, donde según el informe de auditoría de la Contraloría Departamental se contrata la provisión de fármacos a un precio muy superior al que se le cobra a las EPS, con un resultado negativo para el Hospital -y por tanto para nuestras finanzas públicas-. Según el informe citado, la pérdida se presenta en 129 de los ítems analizados, con una suma de $511.998.668. Y el panorama se repite con particular fuerza en contratos de tercerizaciones o externalizaciones que, por demás, no se explica para un hospital que debería tener capacidad de integrar los servicios y de evitar intermediaciones que elevan los costos operativos. La pregunta es, si sabemos la inconveniencia de esos contratos, ¿por qué se siguen renovando? ¿qué hay detrás de ese empeño en tercerizar las operaciones del HUV?

Otro asunto que llama poderosamente la atención es cómo el HUV, con problemas serios de caja, mantiene sin hacer gestión de recuperación de algunas cuentas por cobrar que suman $120.765 millones de pesos y que, insólitamente, pretende también entregarse a un tercero para que a través de un contrato de externalización haga la recuperación de esos recursos.

En síntesis, el HUV refleja fielmente el problema del sistema de salud en Colombia: un problema de administración y de decisiones sub-óptimas carentes de criterio técnico. En la teoría de las organizaciones hay un aporte muy interesante del Nobel de Economía Ronald H. Coase, quien advertía que las empresas deben crecer hasta donde técnicamente se demuestre que integrar la mayor cantidad de operaciones posibles tenga un costo igual o superior al de contratar esas mismas operaciones en el mercado. A la fecha, no existe un estudio serio que demuestre que la tercerización es menos costosa que la integración de las operaciones dentro de la entidad y más bien parece haber un interés oculto de algunos sectores de forzar las externalizaciones. Uno podría, como dicen popularmente, pensar mal y acertar: parece que los interesados son los mismos que hirieron de muerte al HUV, una entidad que gozaba de cabal salud.

 

Nota: los datos en esta columna han sido tomados del informe de auditoría de la vigencia 2015 de la Contraloría Departamental del Valle del Cauca.

 

 

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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