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Hay espacios para nuevos líderes – Entrevista a Esteban Piedrahita

Esteban Piedrahita Uribe es el presidente de la Cámara de Comercio de Cali desde 2013 y fue Director General del Departamento Nacional de Planeación. Ha sido asesor de la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Embajada de Colombia en los Estados Unidos y editor económico de la Revista Semana. Es economista de la Universidad de Harvard y master en Filosofía e Historia de la Ciencia de la Escuela de Economía de Londres. Hablamos con él sobre su lectura de la coyuntura económica de la región y temas de interés nacional.

La semana anterior una columna de Juan Gossaín causó revuelo por sus conclusiones sobre Cali. En redes sociales uno encuentra que esas conclusiones para muchos son acertadas, para otros como usted son totalmente lejanas de la realidad, ¿a qué atribuye esa brecha entre lo que dicen las cifras y lo que sienten los distintos sectores?

Nadie puede negar que, como todas las ciudades del mundo en desarrollo, Cali tiene grandes problemas y desafíos, y que en varias dimensiones está rezagada frente a otras de las grandes capitales colombianas. Lo que no se ciñe a la realidad (y esto no es cuestión de percepción) son aseveraciones temerarias del artículo en mención como que “Entre las cuatro grandes ciudades colombianas, Cali es la que muestra un mayor rezago en todos los indicadores económicos y sociales”. Eso simplemente no es cierto. Claro que en varios indicadores hay rezago, pero en muchos no es así y en algunos es lo contrario, sobre todo en comparación a Barranquilla. Luego, no se puede hablar de que ‘todos están rezagados’ sin pecar de irresponsable. Por otro lado, hablar de una “ciudad en crisis” me parece falaz e insensato. En la inmensa mayoría de indicadores de seguridad, sociales, económicos y fiscales Cali está mucho mejor que hace 5 años y, de nuevo, en algunos está mejor que sus pares. Ahora, si vamos a hablar de percepción, debemos hacerlo con datos representativos, no con la ’sensación’ que nos generan las redes sociales. No sé si sabe, por ejemplo, que en la última encuesta de Ciudades Cómo Vamos, el porcentaje de caleños que se consideran pobres (13%) es más bajo que el de bogotanos (17%), medellinenses (21%) y barranquilleros (24%).

El Valle del Cauca ha demostrado un buen desempeño económico en los últimos cinco años y ha contrastado con otras regiones, ¿cuáles considera han sido los aciertos de los gobiernos locales para conseguir esos resultados positivos en materia de inversión privada y el mejoramiento del clima de negocios en Cali y en el Valle?

El desempeño económico de una región lo determinan, en buena medida, factores económicos estructurales ajenos al gobierno de turno. Esto no quiere decir que los gobiernos no puedan contribuir (para bien o para mal) a esa dinámica. En el caso del Valle, los años del auge minero-energético del país no fueron especialmente buenos por varios motivos. De una parte, no somos productores mineros ni petroleros, ni refinadores, ni nuestros puertos movilizan esas mercancías y, además, fuimos en los últimos años el departamento que menos regalías por habitante recibió. Al mismo tiempo, la revaluación a la que contribuyó el ‘boom’ minero afectó importantes sectores productivos de nuestra región como la industria y el agro y redujo sensiblemente el influjo de remesas a la región (somos, de lejos, los mayores receptores de esos giros del país). Las crisis de Venezuela, EEUU y España nos afectaron particularmente vía menores exportaciones y remesas. En esta nueva coyuntura de bajo precio del petróleo y dólar fuerte, el tejido productivo del Valle tiene todo que ganar. Las remesas, por ejemplo, han pasado de $2,4 billones en 2014 a $3,5 billones el año pasado, y este superarán los $4 billones. El desempleo en Cali ha bajado del 15,1% en septiembre de 2011 al 10,6% en septiembre de 2016. Ahora, yo sí creo que los últimos gobiernos en Cali han generado confianza en el sector privado lo cual, sin duda, ha estimulado la inversión y el consumo.

¿Se sienten ya los efectos de la entrada en vigor del Acuerdo de la Alianza del Pacífico en el Valle del Cauca? 

Si bien la Alianza del Pacífico es el principal socio comercial del Valle, tenemos cerca de 30 empresas mexicanas, chilenas y peruanas asentadas en nuestra región y más de una docena empresas vallecaucanas con plantas y presencia en esos países, siento que aún no estamos aprovechando debidamente los beneficios de la Alianza. Por la composición de nuestro tejido empresarial (enfocado a la manufactura y al agro mucho más que a las industrias extractivas) y por nuestra ubicación tenemos todo para ganar de la integración regional. Hace poco inauguró una planta en la región HeroMotocorp, el mayor productor de motos del mundo, interesado en atender el mercado colombiano pero también en exportar a la Alianza del Pacífico y como este ejemplo hay varios más. Pero estamos todavía en una etapa muy incipiente donde los beneficios y posibilidades apenas se empiezan a conocer. Tengo la expectativa de que muchas más empresas de nuestra región puedan aprovechar sus ventajas.

Hace poco una importante revista económica dio un balance algo agridulce de los tratados de libre comercio, en el caso particular de la región ¿cómo ha reaccionado la economía vallecaucana al TLC con los Estados Unidos?

Es difícil emitir un veredicto claro a estas alturas. El acuerdo entró en vigencia en momentos en que EEUU atravesaba la peor recesión económica desde los años 30 y Colombia tenía una tasa de cambio sobrevalorada a causa de los altos precios del petróleo. Estos factores explican en parte porque los efectos positivos del tratado no se han materializado en forma importante. Sin embargo, creo que debemos dar un compás de espera y ver cómo se comporta el comercio en los próximos años que serán de una economía norteamericana más fuerte y un peso más débil. Es alentador el que en los primeros 8 meses de este año los despachos del Valle a EE.UU hayan crecido un 18,3% frente a igual período de 2015 y que, en el mismo lapso, el número de partidas arancelarias exportadas desde el Valle a EE.UU. se hay incrementado un 11,3%.

Es normal pensar que detrás de todo ciclo económico positivo, viene alguna dificultad, ¿tiene alguna preocupación o inquietud sobre la economía del Valle para los años que vienen?

A pesar de que creo que la economía del Valle se va a desempeñar mejor que el promedio colombiano en los próximos años, por supuesto que tengo inquietudes. Algunas tienen que ver con problemas nacionales que nos afectan como el déficit fiscal. Y otras tienen que ver con problemas, comunes a otras regiones del país, pero que sí son en buena medida de nuestra responsabilidad como lo son los pobres resultados en educación. Si bien tenemos 5 universidades con acreditación de alta calidad y otros centros de educación de superior importantes, el promedio de nuestros muchachos, si se gradúan de bachilleres, están saliendo muy mal preparados. Este es quizás el mayor desafío a nuestra prosperidad en el largo plazo.

Pasemos a un tema nacional: la reforma tributaria es el tema más polémico hoy, ¿cree que como está es realmente estructural o se trata de un esfuerzo que sigue sin ser suficiente? ¿comparte la visión de algunos sectores que la catalogan como “regresiva”?

Me parece que es más ‘estructural’ que las que se han acometido en el país en los últimos tiempos. Es decir que va más allá de la urgencia del recaudo y busca incidir en dimensiones claves de la economía como la competitividad, la equidad y la formalidad, entre otras. La reforma simplifica el engorroso sistema tributario colombiano, reduce exenciones y excepciones, incluye medidas contra la evasión (como su penalización), fortalece a la DIAN y, en general (y notablemente), adopta cerca del 70% de las recomendaciones de la comisión independiente de expertos conformada por el Gobierno a principios de 2015. En cuanto a su ‘progresividad’, le veo aspectos positivos como, por ejemplo, la creación de impuestos a los dividendos (que perciben, desproporcionadamente, los colombianos más ricos) y la ampliación de la base de declarantes de renta al 10% de la población de mayores ingresos. El aumento del IVA si es potencialmente más ‘regresivo’, pues aunque no afectará mucho a los más pobres (la canasta familiar no tendrá IVA y la mayoría de ellos están en la economía informal), si afecta a las clases medias. Sin embargo, dada la desbarrancada de las rentas petroleras, esta medida luce inevitable.

El tema del acuerdo con las FARC nos tiene expectantes. En el Valle el Sí ganó, pero lo que se dice es que la clase empresarial se dividió entre quienes apoyaban y rechazaban el acuerdo, ¿cuál es el ambiente hoy entre los empresarios de la región con miras a un nuevo acuerdo? ¿qué cree debe tener el nuevo acuerdo que no tenía el rechazado en las urnas?

Entre los empresarios que, recordemos, no son solo los grandes y en el caso del Valle son decenas de miles, las opiniones frente al acuerdo, como en los diferentes estamentos del país, estuvieron divididas. Sin embargo, considero que a la luz de los resultados del plebiscito hay un consenso amplio en torno a la necesidad de sacar un acuerdo ‘ajustado’ adelante y de no dar marcha atrás en el objetivo de terminar el conflicto con las FARC. Yo no me atrevo a hacer recomendaciones sobre lo que debe o no incluir ese nuevo acuerdo más allá de reconocer que para que tenga amplio apoyo popular y, por ende, más probabilidad de ser eficaz y perdurar en el tiempo, debe, razonablemente, incorporar algunos de los puntos sensibles planteados por quienes votaron por el No.

Los resultados del plebiscito del 2 de octubre dejan sobre la mesa una serie de reflexiones, pero en particular usted en una columna de opinión señala cómo en los sectores urbanos más pobres, por ejemplo, ganó el rechazo al acuerdo con las FARC, lo cual dejó en evidencia un malestar difícil de retratar, ¿cómo interpreta ese malestar? ¿cree que ese inconformismo puede explicar la progresiva desconexión de los ciudadanos con sus representantes políticos?

 En efecto es muy interesante constatar que en ciudades como Bogotá y Cali, donde ganó el Sí, el No ganó en las comunas más pobres. Yo veo diversas explicaciones para eso. La primera es que la mayoría de los ‘vulnerables’ y ‘pobres’, así como muchos miembros de la clase media emergente, no reconocen la terminación del conflicto con las FARC como unas de sus prioridades o algo que los afecte de manera importante. Sus principales preocupaciones (incluyendo la violencia urbana) son otras. En cambio, puede que sí perciban que resolver ese problema, que no les atañe tan directamente, les puede representar un costo en términos de mayores impuestos y/o menor inversión social en las ciudades. Igualmente, pienso que estas personas, a quienes les ha tocado bastante duro, no ven con buenos ojos algunas de las ‘gabelas’ que, necesariamente, recibirán las FARC en el marco de un acuerdo de paz, especialmente las económicas. En un país con tantas necesidades y dificultades es bastante entendible que muchos de aquellos que menos perciben los beneficios del sistema desconfíen de los líderes políticos.

Como dirigente regional, seguramente habrá escuchado que algunos sectores han venido diciendo que en el Valle hay una crisis de liderazgo, ¿comparte esa apreciación? ¿en el Valle del Cauca hay líderes cívicos y políticos capaces de promover el desarrollo integral?

Yo veo muchos liderazgos jóvenes vallecaucanos en una variedad de campos. Donde quizás hay un déficit es en el ámbito político. Creo que nuestra región apenas está emergiendo de casi dos décadas en que los incentivos para involucrarse en lo público eran mínimos, por la permeación de nuestra política por el narcotráfico, la violencia y la corrupción. Tengo la convicción de que eso está cambiando y que cada día hay más espacios para nuevos liderazgos.

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