FRAGMENTOS, obra de la artista Doris Salcedo

Guardar la esperanza de un cambio en un país que cada día se fragmenta más, no es fácil.  Vamos al garete. Esa es la verdad. El gobierno no atiende la minga indígena, y parece que los habitantes del sur occidente fuéramos de segunda categoría. El gobierno objeta la JEP por inconveniente. Seguramente lo que conviene son otros cincuenta años de guerra. El presidente norteamericano regaña al Presidente de la República de Colombia como si se tratara de un subalterno suyo. Los congresistas del partido de gobierno no apoyan al primer mandatario y el Senador José Obdulio Gaviria digno representante del Centro Democrático ataca de frente a la Ministra de Justicia y le comunica al país por una emisora radial en tono de mofa, solo para descalificarla, que él no sabe dónde se encuentra la ministra Borrero.

En este contexto es difícil levantar el ánimo. Sin embargo, personas como la maestra Doris Salcedo nos permiten seguir creyendo. Por su trabajo de siempre contra la violencia, en su investigación infatigable por el mundo entero, oyendo el clamor y las narrativas de todas esas víctimas, que le han inspirado obras enormemente conmovedoras y “sacudidoras”, la han reconocido en los escenarios de la plástica más exigentes del mundo; Doris tenía entonces todas las características para ser la escultora colombiana a quien se le encargara uno de los tres monumentos que se convino realizar con las armas fundidas de las Farc.

Cuando se lo propusimos lo hicimos con temor; si ella contestaba no, estábamos en un verdadero lío. Su nombre era indiscutible para todas las partes. Contestó sorprendida y manifestó que se tomaría su tiempo. Nosotros en cambio estábamos contra el tiempo.

Un día llamó y dijo que quería reunirse con el Presidente Santos para plantearle su visión del Monumento. Fue enfática en proponer un CONTRA MONUMENTO. Habló de su experiencia con víctimas, y propuso un espacio en el que ella haría una intervención. Un espacio de silencio. También dijo que el horror de la guerra no se puede monumentalizar. La Maestra parecía haber leído íntegramente al Presidente. Esa propuesta fue aceptada por las partes sin ningún reparo.

Ella se recorrió el centro de Bogotá. Quería que el contra monumento quedara cerca de todos los lugares que representan al poder político. Encontró exactamente lo que imaginó. Una casa en ruinas ubicada en la Carrera 7 No 6B -30. Allí están en el piso de la nueva edificación 37 toneladas fundidas de las armas de los desmovilizados de las Farc.

Se trata de un espacio, de profundo recogimiento, que se recorre rodeado de silencio. Donde el piso enorme, gris, martillado y frío, es el resultado de la intervención en la que colaboraron con Doris Salcedo mujeres víctimas de violencia sexual. Es imposible entrar allí y no sobrecogerse por los horrores de la guerra. Es además un espacio donde a través de convocatorias abiertas, otros artistas, dos por año,  podrán trabajar y exponer sus obras interpretando desde su perspectiva lo que ha sido el conflicto armado en Colombia

Todo colombiano que visite Bogotá tiene una cita obligada con Fragmentos. Desde allí, parado sobre lo que algún día fueron las armas de las Farc, en un acto de profunda reflexión imagine y decida desde su propio yo, cuál será su aporte a la paz, y al futuro.

Imagen: https://bit.ly/2zUCgpP

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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