Fracasomanía y revocatoria

Revocar a un gobernante es tan legítimo como elegirlo. Así está establecido en nuestra legislación y bajo cualquier óptica, parte de un principio de participación ciudadana y responsabilidad política de los electores y los elegidos. Sin embargo, tener la intención de revocar a un gobernante exige unos esfuerzos adicionales para asegurar que el ejercicio tenga objetividad y responsabilidad. En Cali, un grupo de ciudadanos ha iniciado la labor de buscar la revocatoria del alcalde Armitage, bajo el argumento que ha incumplido su plan de gobierno y que la ciudad está sumergida en el caos, ¿hasta dónde ambos argumentos tienen sustento y son hechos ciertos? Eso tenemos que verlo.

Uno de los grandes peligros del debate político que se está proponiendo desde los grupos de la revocatoria es que se está agitando una insatisfacción generalizada en contra del alcalde sin reconocer aciertos e ignorando deliberadamente los tiempos necesarios para que sus iniciativas, programas, políticas y proyectos tengan resultado. Basta con que haya un robo o un homicidio, para que se desacredite el esfuerzo de la Administración Municipal. En cierta medida, la manipulación de la información conduce a que la gente piense que, si el alcalde no reduce a cero los delitos, por ejemplo, simplemente estamos frente a un fracaso. Dadas las características de la violencia en Cali, esa pretensión está carente de cualquier sustento y parte de supuestos equivocados.

En una Administración donde los homicidios se reducen de forma notable (16% menos homicidios en 2017 con respecto a 2016), que consigue la menor cifra de muertes violentas en 25 años (hace diez años morían violentamente más de 2000 personas al año, hoy menos de 1300), parece que hay motivos para pensar que la violencia se puede frenar de forma progresiva. Sin embargo, ante esto no hay ni existe interés de los promotores de la revocatoria de hacer mención alguna.

La fracasomanía que algunos están usando como herramienta para ganar adeptos consiste fundamentalmente en hacernos creer que todo va mal y que no hay mérito para celebrar ningún avance. La retórica del todo o nada de ciertos sectores políticos en Cali pretende que creamos que, si no llegamos a cero homicidios, cero robos o cero minutos de retraso en el MIO, es menester un cambio en la Administración municipal. No importa si hay hechos ciertos en torno a la reducción de homicidios, en la inyección de recursos al sistema de transporte -que empieza a mostrar algunas mejoras en las frecuencias de los buses-, o si hay gestiones importantes para invertir medio billón de pesos en educación e infraestructura en lo que resta del cuatrienio de Maurice Armitage. De eso no se hablará dentro de los promotores de la revocatoria, la idea es convencer al ciudadano que si no pasa nada es porque, efectivamente, no ocurrirá nada.

Si bien la desaceleración económica del país se ha sentido en Cali, los últimos años han permitido que, con la adecuada gestión, a nuestra ciudad llegara el doble de la inversión extranjera entre 2010 y 2016 (el doble que en el lustro anterior), lo que ha repercutido positivamente en la reducción del desempleo, en el aumento de los ingresos de las familias, del consumo y de la demanda a nivel local. Hay razones de fuerza para creer que se está haciendo bien la tarea. Pero la fracasomanía conveniente de algunos quiere que ninguno de nosotros lo sepa. Soy un absoluto creyente que en Cali están ocurriendo cosas buenas.

 * Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

 * Imagen extraida de WordPress Thinking Out Loud. Disponible en línea en:  https://teryndriver.wordpress.com/2012/07/14/the-power-of-the-people-3/

 

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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