Fallece Germán Holguín, el gran defensor del acceso a los medicamentos en Colombia

“(…) fue un revolucionario de la salud pública”

Tras dedicar parte de su vida a luchar contra las barreras que impiden a muchas personas acceder a medicinas, este caleño de 83 años murió en Bogotá. Uno de sus grandes logros fue haber evitado que el TLC con EE.UU. aumentara los obstáculos para adquirir fármacos en Colombia.

Xavier Seuba, profesor de la Universidad Pompeu Farba, en Barcelona (España) e investigador asociado de la U. de Estrasburgo (Francia), intentó una vez definir quién era Germán Holguín. Tras recordar que por años había sido la voz de un movimiento que ha luchado por facilitar el acceso a los medicamentos y que tanto Colombia como los países de América Latina tenían una gran deuda con él, las mejores palabras que encontró resumen su vida: “fue un revolucionario de la salud pública”.

Holguín, de 83 años, abogado, economista y director de la Fundación Misión Salud, falleció el viernes en la noche. Su corazón, “enorme y generoso”, como dice Andrea Carolina Reyes, subdirectora de esa organización, no resistió un infarto que lo llevó a cuidados intensivos. “Simplemente, fue un ser humano excepcional y un gran profesional”, replica.
Es difícil resumir en unas pocas líneas la vida de este caleño que, casi por azar, terminó convertido en un luchador por el acceso a los medicamentos. Tras ser un exitoso empresario de la construcción (su firma era Holguines S.A), tuvo que enfrentar la crisis del sector a finales de los años noventa. Entonces, dedicó su tiempo a evaluar la normatividad relacionada con propiedad intelectual y los medicamentos.

Luego de un mes y medio de leer documentos y de comprender las complejidades del mundo farmacéutico, se dio cuenta de que algo no estaba bien en ese mercado. “Era un problema mayor del que muy pocos tenían idea y que estaba afectando a la población más vulnerable. Es un problema comparable a la falta de agua potable. Aún mayor que el del hambre y la desnutrición”, le dijo a este diario en 2014.

A lo que se refería es a las barreras con las que suelen encontrarse millones de personas a la hora de acceder a las medicinas. “La falta de acceso a medicamentos en el mundo en desarrollo”, escribió alguna vez, “es el más grande problema sanitario que afronta hoy el planeta: afecta a más de 2.000 millones de personas y, según estimados de la Organización Mundial de la Salud, es responsable de la muerte de más de diez millones de personas cada año”.

Altos precios, obstáculos para producir genéricos, exigentes términos para proteger las patentes, monopolios y estrategias de algunas multinacionales para bloquear la competencia y aumentar sus ganancias eran algunos de los factores que Holguín solía criticar con dureza desde que se percató de aquel problema. Desde entonces, dedicó su vida y sus ánimos a buscar caminos para resolverlo.

Además de haber impulsado la fundación de Misión Salud en el 2000, coordinó la Alianza LAC-Global por el Acceso a Medicamentos, presidió el Comité de Veeduría y Cooperación en Salud (CVCS) y estuvo al frente del Banco de Medicamentos, un programa que nació hace más de una década y que ha entregado más de 16 millones de unidades de genéricos a personas de bajos recursos.

En medio de esas tareas, dio una batalla que asumió como propia: hizo por años un juicioso seguimiento a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Fue el único representante de la sociedad civil, dice Reyes, que veló por que no se impusiesen más barreras para acceder a los medicamentos en Colombia. En otras palabras, Holguín, cuyas exequias serán este 16 de diciembre en Bogotá, evitó que el TLC estuviera lleno de “goles” en términos de patentes y propiedad intelectual.

Su pelea, incluso, lo llevó a hablar con 50 congresistas de EE.UU. para pedirles que frenaran el TLC en caso de que no se retiraran las concesiones que había hecho el Gobierno de Álvaro Uribe. “El Partido Demócrata hizo por la salud del país lo que no pudo nuestro Gobierno”, dijo en esos días.

Después de lograr su objetivo, de dedicar un par de años a detallar ese problema en el libro “La guerra contra los medicamentos genéricos. Un crimen silencioso”, Holguín se dedicó, junto a otras organizaciones, a llenar a Colombia de argumentos para que permitiera el ingreso de los llamados biosimilares, los genéricos de los medicamentos biotecnológicos. Entre su lista de logros también está haber estado en grupo que lideró el proceso para que el Ministerio de Salud declarara, por primera vez en la historia, un fármaco como de interés público: el Imatinib, clave para tratar la leucemia mieloide crónica y otros siete tipos de cáncer.

“Pero su gran logro”, le dijo hace un par de años a El Espectador Francisco Rossi, entonces director de la fundación Ifarma, “fue haber tenido la capacidad de juntar a todos los actores que estábamos trabajando por el tema de precios, de uso de medicamentos, de propiedad intelectual y hacer entre todos un frente común”.

“Fue una de las principales voces de la lucha por la igualdad y la justicia en salud”, escribió el profesor Seuba en el prólogo del libro de Holguín. A sus ojos, su vida estuvo llena de determinación, pasión y tenacidad y por eso consiguió cambios trascendentales que han impactado la vida de muchas personas, aunque ellas no lo sepan. No se inmunizó ante el dolor, apuntó, sino que se creció ante el mismo. Eso le permitió encontrar “un cauce y nuevas pistas” para trabajar en favor de un problema de salud pública que aún sigue sin resolverse.

Fuente imagen y artículo: El Espectador. https://bit.ly/2r2A4vm

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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