Evitar la hecatombe hotelera

Una de las características del Estado colombiano ha sido la inconsistencia. Las políticas públicas son circunstanciales, cambian según el capricho y las inquinas de los gobernantes. Es por ejemplo lo que sucedió con la producción de etanol impulsada por el gobierno Uribe y gravemente amenazada durante la administración Santos. Esta cedió ante los importadores para inundarnos de un alcohol extranjero fuertemente subsidiado y de mala calidad. No importó que la medida pusiera en peligro inversiones cuantiosas y numerosos puestos de trabajo. Tampoco consideraron el impacto sobre un emprendimiento oficial transformador como Bionergy, cuya sobrevivencia está en entredicho.

Pero necio sería desconocer que en el mandato de Santos hubo también aciertos. Uno de ellos fue propiciar el fortalecimiento de la industria hostelera, actividad económica cuya capacidad de crear empleo no calificado, irrigar demanda de servicios en otros campos, generar ingresos y atraer divisas está fuera de toda duda. La estrategia era congruente con la mejoría de la seguridad general esperada tras la firma del acuerdo de paz, circunstancia que propiciaría el repunte del turismo.

Contrario a lo que hiciera Santos con el etanol, Duque tuvo el buen criterio de mantener y reforzar las medidas de apoyo destinadas a los hoteles. En ese contexto los negocios del sector y las actividades complementarias mostraban un crecimiento sostenido, hasta cuando llegó el Covid-19 barriendo la movilidad de las personas que es la sangre de la hospedería. De la noche a la mañana cerca del 95% de los establecimientos de la región debieron cerrar sus puertas; la inmensa mayoría de los trabajadores vinculados al sector y a la industria de viajes y turismo quedaron cesantes o en peligro de perder sus empleos. El golpe ha sido tan duro que según algunas estimaciones cerca del cincuenta por ciento de los establecimientos hoteleros vallecaucanos estarían heridos de muerte.

Gracias en buena medida a la labor diligente de Cotelco, gremio que agrupa al sector hotelero formal, el gobierno nacional tomó decisiones que ayudarán a hacer más llevadera la crisis. Entre tales disposiciones se cuentan la exención temporal del IVA a los servicios turísticos y hoteleros; la suspensión de la sobretasa de energía; la eliminación del anticipo del impuesto de renta y el aplazamiento de la contribución de turismo. A estas determinaciones se suma en lo local el aplazamiento del pago con descuento del impuesto predial.

La mala noticia, sin embargo, es que estos alivios aunque van en la dirección correcta, son insuficientes para evitar la hecatombe que se cierne sobre las industrias hotelera y afines. El impacto favorable de la suspensión del IVA solo se verá en tanto se restablezca la ocupación de los establecimientos, y para ese propósito es inaplazable permitir el flujo de pasajeros bajo condiciones de bioseguridad. En segundo término los municipios deben entender que aún con los plazos adicionales estos negocios no podrán pagar el impuesto predial, y si se quiere su continuidad para que a futuro sean fuente de tributación es indispensable una amnistía total de aquel tributo en este año.
Finalmente es inaplazable establecer líneas de financiación específicas para proveer de capital de trabajo a las empresas del sector dispuestas a continuar operando.

Imagen: https://bit.ly/3dUZs9f

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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