¿Es posible una sociedad donde no se asesine?

Matar es inherente a los seres humanos, la historia del mundo está marcada por la guerra y la forma de alcanzar la paz, así como la seguridad a través del uso de la violencia. Estas son frases comunes, escuchadas continuamente y reforzadas a través de los medios de comunicación, la educación, la política y otras instituciones claves en los procesos de socialización.

De igual forma los datos existentes parecen respaldar estas afirmaciones, cada año en el mundo aproximadamente 437 mil personas mueren, en promedio 6 asesinatos por cada 100 mil habitantes. El 74% de las víctimas de homicidio son hombres, notablemente asesinados por otros hombres. En Latino América y el Caribe el porcentaje aumenta a 81%. Del total de homicidios globalmente y en Latino América y el Caribe el 35% y 63% son respectivamente cometidos con armas de fuego (Monitor de homicidios, 2016).

Este panorama hace imposible pensar en una sociedad en la que no ocurran muertes violentas. Sin embargo, existen 36 países en el mundo con tasas de homicidio por debajo de 1 por cada 100 mil habitantes, 20 de ellos están ubicados en Latino América, 11 en Asia, 3 en Oceanía y 2 en África. Andorra, Mónaco y Grecia tienen las tasas de homicidios mas bajas en el planeta (Monitor de homicidios, 2016). Por consiguiente, es posible demostrar no solo su factibilidad, sino también examinar como algunos países han tomado medidas concretas que contribuyen a ello.

En primer lugar, es necesario definir que significa una sociedad en la que no se mate. De acuerdo con Paige (2009) es una comunidad humana que sin importar su tamaño se caracteriza primero, por no matar ni usar la amenaza de matar seres humanos; segundo, no requiere de condiciones sociales que empleen o amenazan con matar humanos para su sostenibilidad o transformación; tercero, la ausencia de armas al igual que de argumentos que justifiquen matar.

Comprender la posibilidad de la existencia de una sociedad en la que no se mate requiere un cambio en los paradigmas que imperan actualmente y que restringen la forma en la que se entiende la naturaleza humana, la política y la seguridad. Implica desafiar creencias profundas acerca de estos elementos de la sociedad para avanzar hacia la no militarización.

La primera idea usada para justificar la imposibilidad de una sociedad donde no se mate es que los humanos son inherentemente violentos y propensos a matar. Esta creencia ha tenido un impacto significativo al darle forma a la política, particularmente al rol del Estado, así como la centralidad del uso de la violencia para el control del territorio, la población, alcanzar los intereses nacionales y garantizar la defensa.

La academia ha encontrado información que va en contra de la idea de que la violencia es parte de la naturaleza humana. Paige (2009) afirma que la mayoría de los humanos no son asesinos ni tampoco se involucraran en asesinatos durante sus vidas. Mas importante aún, discute la relevancia de los procesos de socialización de los individuos y de los valores culturales en las comunidades, específicamente la aceptación de la violencia o la promoción de la creencia de no matar. Giorgi (2019) va más allá y señala que la violencia y la guerra aparecen solo con el advenimiento de grandes asentamientos humanos debido a la consolidación de la producción en grandes cantidades de comida. En estas sociedades altamente estratificadas aparecen la guerra y la violencia sistemática como formas de sostener la inequidad existente.

El segundo argumento generalmente empleado para negar la posibilidad de una sociedad donde no se asesine, es la necesidad del uso de la violencia por parte del Estado para gobernar. Importantes autores de la filosofía política han teorizado proporcionando justificaciones para el uso de fuerza letal por parte del Estado para garantizar la seguridad y los derechos de los miembros de la sociedad, contribuyendo a la legitimación de matar como parte del mantenimiento de esta, así como para la promoción de políticas de guerra que obstaculizan aún mas una aproximación a la seguridad que no implique matar.

Tanto las creencias acerca de la naturaleza humana como de la política han servido para justificar políticas de seguridad donde el ejercito tiene un rol central en la consecución de los objetivos del Estado a través del uso de la fuerza, convirtiéndolo en una institución casi indispensable, hasta el punto en el que es impensable tener seguridad sin usar violencia. Este enfoque ha ocasionado la destrucción masiva de vidas humanas en múltiples guerras, así como la creación de armas nucleares que representan una amenaza para la existencia de la vida humana.

Si no existen características biológicas ni genéticas que obliguen a los humanos a matarse entre sí, es necesario romper con las creencias que al interior de las sociedades justifican este fenómeno y comenzar una transformación hacia un futuro diferente. Para alcanzar ese objetivo es necesario reconocer diversos ejemplos de políticas públicas que demuestran efectivamente la posibilidad de consolidar sociedades en las cuales no se mate y explorar la contribución de la desmilitarización a ese propósito.

 En primer lugar, la abolición de la pena de muerte en 94 de 195 países (Paige, 2009) ejemplifica como el Estado puede transformar la forma en que la seguridad doméstica es entendida, pasando de una perspectiva en la que el Estado reclama para sí el poder para decidir sobre la vida o muerte de sus ciudadanos, a una en la cual la vida de la gente bajo su control es sagrada. En consecuencia, el Estado se convierte en un guardián del derecho a la vida de los ciudadanos al grado en el que renuncia a parte de su poder sobre ellos.

En segundo lugar, 54 países para 2005 han reconocido en su legislación hasta cierto grado el derecho de los ciudadanos a reusarse a matar durante el servicio militar a través de la objeción de conciencia por diversas razones, proporcionando alternativas a este como el servicio comunitario (Paige, 2009).

En tercer lugar, a nivel mundial existen 18 regiones desmilitarizadas a través de distintos acuerdos, de hecho, no existe la posibilidad de introducir fuerzas militares en territorios comunes como la Luna (Paige, 2009). La existencia de estos territorios representa una decisión consciente y soberana de algunos países, así como una disposición colectiva en otros casos, que avanza hacia la comprensión de la seguridad del Estado como independiente del uso de equipo militar y del despliegue de personal armado.

En cuarto lugar, existen 26 países en el mundo que no tienen un ejército, cuatro de ellos cuentan con prohibiciones expresas para la creación de una tropa armada en sus constituciones políticas (Barbey, 2015). Estos países han renunciado completamente a emplear violencia a través de un ejército para defenderse de posibles amenazas internacionales, por el contrario, utilizan formas de seguridad colectiva como tratados, o recurren a organizaciones como la OEA o la ONU.

La forma en que estos países entienden la seguridad es completamente diferente y demuestra la factibilidad para cualquier otro de mantener su integridad y soberanía sin un ejército. De hecho, abrazar esta posibilidad hace posible para el país diseñar políticas y estrategias que integren efectivamente su nuevo estatus, a la vez que promueven la prevención y resolución de conflictos pacíficamente. Aun en los países donde no existe un ejercito ni pena de muerte como Costa Rica, la seguridad domestica sigue siendo garantizada a través de una policía armada, que, si bien responde a estándares internacionales y esta regulada, conserva la potestad de matar en el cumplimiento de sus funciones.

Una alternativa que vale la pena explorar es la defensa basada en la ciudadanía, que implica el uso sistemático, estratégico y planeado de un conjunto de métodos no-violentos (Evans Pim, 2019). La efectividad de este tipo de políticas incluso en escenarios de graves amenazas a la seguridad, soberanía e integridad de un país como una invasión, reside en la comprensión de la naturaleza del poder no como monolítica, sino por el contrario, cambiante y que habita en los ciudadanos. Por consiguiente, la habilidad de la ciudadanía para privar a actores políticos, económicos, entre otros, de su consentimiento para gobernarlos o de su acceso y control a los pilares que mantienen la sociedad, incrementa los costos, obstaculiza el proceso y genera incentivos en el oponente para desistir de alcanzar sus objetivos.

Las políticas discutidas anteriormente son ejemplos claros de que es posible concebir sociedades desmilitarizadas y en las cuales no se mate. Las experiencias de los países que han tomado la decisión de avanzar en esa transformación a través de distintas estrategias son muy relevantes para la comunidad internacional pues permiten aprender de los éxitos y desafíos que otros ya enfrentaron, con el ánimo de facilitar el cambio para los demás países. Tanto la desmilitarización, como una sociedad donde se promueva la paz, son procesos graduales de cambio, que implican la voluntad decidida de sus miembros, la colaboración de distintas instituciones y la ruptura con paradigmas obsoletos para desmitificar la posibilidad de alcanzar un mundo sin asesinatos.

 Referencias

Barbey, C. (2015). Non-militarization: Countries without Armies Identification criteria and first findings. Mariehamn: The Åland Islands Peace Institute.

Evans Pim, J. (2019).Taking Nonmilitarisation Seriously: The Alternatives of Civilian Based Defence, Nonmilitarisation and Countries Without Armies. Symposium conducted at the meeting of the Fourth Explorations in Peace & Conflict Research of the Programme in Peace, Mediation and Conflict Research of Åbo Akademi University and the Center for Global Nonkilling, Vaasa, Finland.

Giorgio, P. P. (2019, March). Good News for Disarmament: the nonviolent nature of human beings, Nonmilitarisation and Countries Without Armies. Symposium conducted at the meeting of the Fourth Explorations in Peace & Conflict Research of the Programme in Peace, Mediation and Conflict Research of Åbo Akademi University and the Center for Global Nonkilling, Vaasa, Finland.

Monitor de homicidios. (2016). Hechos importantes. Brasil: Igarapé Institute. Recuperado de https://homicide.igarape.org.br/

Paige, G.D. (2009). Nonkilling Global Political Science. Honolulu: Center for Global Nonkilling.

Peters, B. A. (2013). Security without deadly violence. In Evans Pim, J. (Ed.).   Nonkilling security and the State (179-195). Honolulu and Omaha: Center for Global Nonkilling, Creighton university and Asian World Center.

Imagen: https://bit.ly/2GqA78S

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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