ELECCIONES FATALES

Tal como está el panorama político en nuestro convulsionado subcontinente, con la eclosión del volcán social en Chile, el cuestionado triunfo de Evo Morales en Bolivia y la victoria de la protesta indígena y social en el Ecuador contra Lenin Moreno, podemos concluir que las elecciones se han convertido entre nosotros en un ritual mortal. Han dejado de ser una institución para la legitimación democrática y se están transformado en una sofisticada coartada para la represión autoritaria. Ya lo expresó el presidente chileno, Sebastián Piñera: «Estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite, incluso cuando significa la pérdida de vidas humanas, con el único propósito de producir el mayor daño posible”.  Solo le faltó reconocer que él fue quien declaró la guerra, al tomar una medida que disparó la protesta popular.

Joker en Chile

Elecciones cada vez menos legales y democráticas, si tenemos en cuenta el efecto de Petrobras y Odebrecht, poderosas multinacionales para corromper y elegir presidentes en Brasil y Perú, donde la complicidad de “la clase política” y su dinámica corruptora no alcanzaron a controlar plenamente el poder judicial, como acontece en nuestro caso y Venezuela. Pero, a pesar de tan desolador panorama, todos los mandatarios de nuestros países se reclaman auténticos demócratas, simplemente por el hecho de ganar elecciones, así sea violando sus constituciones: modificando “articulitos” con cohechos (Uribe); desconociendo los resultados en referendos y elecciones (Evo Morales); clausurando el Congreso y reprimiendo violentamente a los opositores (Maduro) o sobrepasando los topes de financiación con aportes de Odebrecht (Santos y Zuluaga). No es de extrañar, entonces, que, ante tanta mentira e impostura, revestida de prepotencia y cinismo democrático, la respuesta de los gobernados sea iracunda y violenta, especialmente cuando sus presidentes toman medidas tan impopulares como las de Lenin y Piñera. Ya la gente no soporta que, además de la confianza depositada en las urnas, le roben también el sueldo, esquilmen sus pensiones y conviertan sus sueños en pesadillas. Por ello no es coincidencia, ni mero efecto imitativo, que en las protestas en Chile empiecen a aparecer entre la multitud máscaras del Guasón, (Joker) ya desesperados de tanto comediante exitoso, soberbio y enriquecido, que hoy funge de gobernante demócrata.  Entonces las elecciones, esa especie de comedia política, se convierten en  una tragedia social, tal como sucede en la película con la humillación y exclusión del Guasón y está pasando en Chile, Bolivia y Ecuador con la burla de las esperanzas populares. Pero el asunto en la vida real siempre es más complejo que en el celuloide. Porque en ella no basta con cambiar el reparto de comediantes, eligiendo y subiendo a otros en el escenario del poder hay que cambiar también el teatro y su decorado y ello no es un asunto que se resuelva en unas elecciones. Como lo dijo Álvaro Gómez, que conocía bien el entramado del poder y sus vericuetos, lo que hay que tumbar es el régimen.

Un Teatro deplorable

Empezando por el régimen municipal y su corporación de elección popular, el Concejo Municipal, responsable con el alcalde de la buena, mala o pésima administración de la ciudad. Como se puede leer en el último boletín del Observatorio CALI VISIBLE, de la Universidad Javeriana (https://www.javerianacali.edu.co/sites/ujc/files/node/fielddocuments/field_document_file/boletin_especial-2019_final.pdf), en el actual Concejo de nuestra ciudad hay doce (12) sindicatos y  el 46% (en promedio) de sus afiliados conforman las Unidades de Apoyo Normativo (UAN) de los concejales para el periodo enero 2016 a diciembre 2018.  La pregunta obvia es  ¿Qué relación existe  entre los sindicatos y los concejales? ¿Cómo explicar la existencia de 12 sindicatos en una corporación de 21 miembros? En el Concejo de Bogotá, conformado por 45 miembros, existen cinco sindicatos. Los 21 concejales nuestros tienen un fondo de aproximadamente $32.000 millones de pesos para conformar sus equipos técnicos de apoyo, mejor conocidas como Unidades de Apoyo Normativo. De acuerdo con el reglamento del Concejo de Cali, cada concejal dispone de 42,5 salarios mínimos mensuales legales vigentes, es decir, cada concejal tiene cerca de 400 millones de pesos anuales para conformar su UAN (puede ser por vía prestación de servicio o por libre nombramiento). CALI VISIBLE encontró que el 47% de las UAN designadas por nombramiento están desempeñadas por bachilleres y el 26% por profesionales; igualmente que, de quienes pertenecían a las UAN mediante contrato de prestación de servicios, el 35% eran bachilleres y el 36% profesionales. Queda claro que las UAN, pagadas con nuestros impuestos, son un reducto de clientelismo, personalismo y amiguismo, pues poco se puede esperar de un apoyo normativo competente a cargo de bachilleres.

Actores de reparto

Mediante una serie de indicadores de retención del talento humano, el Observatorio buscó explorar la estabilidad de las UAN de los concejales.  El indicador se aplicó solo para quienes tenían contrato por prestación de servicio vinculados al fondo de las UAN. Se encontró que once (11) concejales  tienen un índice de retención de su UAN por prestación de servicio inferior al 30%; 6 concejales tienen un indicador de retención de su UAN superiores al 30% pero inferior o igual al 50%; sólo 3 concejales superan el 70% de retención y esto particularmente se explica por dos razones. La primera, dos de estos concejales entraron al Concejo como reemplazo de curul, por lo que no tuvieron oportunidad de contratar sino hasta el segundo año de ejercicio en el Concejo. Y, la segunda, un solo concejal tiene un indicador del 100% de retención de su UAN, que la conforma una sola persona, a quien contrato a lo largo del periodo. Con ello, queda demostrada la utilización de las UAN con criterio clientelista y personalista en desmedro de una orientación técnica al servicio de intereses públicos, pues poco se puede esperar de asesores con una rotación y movilidad tan elevada, como simples actores de reparto. Así, pues, valdría la pena que al votar por los candidatos al próximo Concejo, tuviéramos presente que, más allá de sus calidades personales, hay que exigirles un cambio en el entramado del Concejo para que éste le cumpla a la ciudad y no a las clientelas partidistas. A propósito, ¿Sabe usted cuáles candidatos al Concejo apoyan a su candidato a la Alcaldía? De tales apoyos dependerá, en gran parte, nuestra calidad de vida en los próximos cuatro años.

 

Fuente imágenes: Observatorio Cali Visible

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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