El trino de las aves

Nada más placentero y reparador para el espíritu que el canto de las aves.  Sus trinos apaciguan el caudal de pensamientos en que navegamos y nos conectan con el más encantador de los sonidos de la tierra. De ahí que sea una riqueza invaluable del Valle del Cauca y de Cali, la gran variedad de aves que albergan. El canto de ellas es un estimulo a la esperanza  de la región y un motivo de más para quererla y protegerla.

El Valle se precia, con razón, de sus aves. Subsisten por fortuna bellas especies a pesar de la inmensa merma de árboles y vegetación en campos y ciudad. Según  datos de la página web de la Alcaldía de Santiago de Cali, 800 especies de aves se encuentran en el Departamento y 562 están en el Distrito de la ciudad, algunas de las cuales no se hallan en ningún otro lugar del mundo, tal como el Totoró Bailador, el Bichofué, el Pechirojo, el Azulejo, la Pigua, el Gavilán Caminero, el Carpintero Real, la Tangara Multicolor y los Toritos Cabecirrojos, entre otros. Unas tantas se encuentran amenazadas y en peligro crítico de extinción, riegos y vulnerabilidad. La gran variedad de especies ha hecho del avistamiento de aves una atracción para los amantes de la naturaleza provenientes del resto del país y del exterior. Es un turismo que mientras respete el lugar y la fauna, puede estar a tono con el cambio de mentalidad que opta por una sana comunicación con el medio ambiente.

En el otro lado de la moneda, está la cara de la responsabilidad máxima que significa tener tal riqueza. No puede ser solo motivo de orgullo si se quiere preservarla,  para lo cual, como bien se sabe, es necesaria la  protección del hábitat propicio. Y es ahí donde intervienen los agentes que sin ética, o entre los resquicios de la ley o la laxitud de las autoridades, rompen los linderos en pos del lucro para su exclusivo provecho, a través de muy diversas actividades que afectan la biodiversidad.  De la conservación de los ríos y árboles depende la subsistencia de esa vida maravillosa. Reforestar y descontaminar las aguas  es imprescindible para ello.  Lo deseable es que los vallecaucanos y sus moradores, así como organizaciones públicas y privadas – como lo hacen algunas por fortuna -conviertan en práctica dichas actividades. La permanencia y continuidad de ellas a todo nivel, cumpliría además el objetivo de recuperar el tiempo y el espacio perdido.

Entre los dramáticos efectos del calentamiento global, hay uno no menos sobrecogedor: de acuerdo con un estudio, el descenso generalizado de las poblaciones de aves ha tenido como consecuencia campos cada vez más silenciosos. Los cantos de los pájaros se han reducido y simplificado (EL PAIS, 2-11- 2021). En tierras agrícolas parece un suicidio del hombre que además de la deforestación hasta el último metro de la superficie, se acuda a pesticidas que atentan contra la vida de las aves, así como de las abejas que tan caras y necesarias son para la polinización que hace posible la  producción de frutos y semillas. La ausencia de las aves también se puede constatar en las ciudades, como es el caso del gorrión copetón emblemático en Bogotá, que ya casi no se ve, ni se oye su característico triste canto.

La fertilidad de las tierras del Valle del Cauca y la exuberancia de su naturaleza está a la vista de todos y desde siempre fue admirada. La inolvidable novela María de Jorge Isaacs, más allá de su bella historia de amor de Efraín y María, tiene la virtud de narrar otras historias y describir un valle que se adentra en el horizonte con su magnífica naturaleza. En ella se aprecia la cultura y vida de quienes llegaron por fuerza al país, en especial la de Feliciana, ó Nay, su nombre original, que siendo princesa en su tierra natal fue hecha prisionera y vendida como esclava. Son aportes que dejan ver una conciencia social del autor y su conocimiento de la naturaleza, pero además nos permite comprender nuestra diversidad y riqueza. Pasan por sus páginas las enredaderas, los jazmines, los florecidos písamos e higuerones frondosos, rosales, florecillas azules, floridas parásitas, azucenas silvestres, flores del cachimbo, flores de carbonero y de guabos churimbos, venturosas, azucenas, lirios, claveles, campanillas moradas, flores de montenegros y mejoranas, azahares y albahacas. Era el edén en los tiempos de Efraín y María: “Cuando desperté las aves cantaban revoloteando en los follajes de los naranjos y pomarrosos, y los azahares llenaron mi estancia con su aroma tan luego como abrí la puerta (…) Las aves domésticas alborotaban recibiendo la ración matutina; en las palmeras cercanas, que había respetado el hacha de los labradores, se mecían las oropéndolas bulliciosas en sus nidos colgantes, y en medio de tan grata algarabía, oíase a las veces el grito agudo del pajarero, que desde su barbacoa y armado de honda, espantaba las guacamayas hambrientas que revoloteaban sobre el maizal.”

Se anuncian grandes esfuerzos y metas en la conferencia de cambio climático celebrada en Glasgow, Escocia, entre otras, la reforestación y la reducción de emisiones de gas metano. Falta ver si serán lo suficientemente efectivas para los objetivos, cómo se implementarán en cada país y hasta dónde será posible alcanzarlos sin la participación de los países más contaminantes, o con mayores tasas de deforestación. Tampoco se vislumbra que empresas e individuos hayamos asumido suficientemente la responsabilidad en los hábitos de consumo y manejo de residuos. La inacción es tan grave como la acción directa que atenta contra .la naturaleza. Está a cargo del común de las personas actuar en los varios temas pertinentes que están a su alcance, si se quiere contribuir a detener los gravísimas daños que sobre la tierra ocasiona la actividad humana. En cuanto a la aves, vale la pena tener en cuenta las recomendaciones señaladas en la página de la alcaldía: link.

Fotos por Fernando Palau.

 

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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