El renovado impulso en la depreciación del peso inquieta a los colombianos

Durante los meses de abril y mayo, el peso colombiano se ha debilitado fuertemente frente al dólar americano y el euro. En lo corrido del año, hasta la redacción de este artículo, la variación del tipo de cambio frente al dólar ha sido de un -3.3%, y de un -5.8% desde principios de abril.

La persistencia de las cotizaciones en niveles superiores a los 3.300 pesos por dólar y su peligrosa aproximación a los máximos históricos de 3.434 pesos tienen a consumidores, importadores y al Banco de la República con los nervios de punta.

A pesar de que este fenómeno cause largas sonrisas en el gremio de exportadores, sus efectos negativos sobre los consumidores pueden ser devastadores para la economía al afectar el poder adquisitivo y minar la confianza del consumidor. La posibilidad de que la devaluación se transforme en inflación comienza a encender las alarmas del Banco de la República. Por consiguiente, los movimientos al alza de la tasa de interés se vuelven ahora más probables, comprometiendo la reactivación de la inversión y el crecimiento.

La agudización en la dinámica de debilitamiento del peso ocurre en un entorno complicado. El Índice de Tasa de Cambio Real ya estaba bastante subvaluado en 2018, de forma que el nuevo brote de devaluación disminuye aún más nuestra la capacidad importadora para dar un nivel adicional de descuento a los precios que se pagan por nuestras exportaciones.

La esperanza es que esta ayuda artificial de competitividad vía precios compense en el corto plazo las fuertes dificultades de productividad que enfrenta el sector industrial, cuyas razones subyacentes emanan de un marco institucional desencuadernado que engendra altos niveles de corrupción.

Pero una moneda subvaluada limita las propias posibilidades de renovación tecnológica de la industria y frena fuertemente el desarrollo del sector servicios, en especial el relacionado con la vertiente digital de la economía naranja.

– Hay razones para preocuparse.

Varias razones más allá de la imposibilidad de mejorar sustancialmente la calidad institucional en el corto plazo, apuntan a que la debilidad del peso pueda instalarse cómodamente en lo que resta del año.

Entre ellas sobresalen la impresionante fortaleza de la economía americana que crece al 3.2%, y el crecimiento menor de lo esperado de la economía colombiana al 2.8%, en el primer trimestre de 2019. Recordemos que la teoría de Solow predice que las economías desarrolladas deberían crecer a un menor ritmo que las economías en vía de desarrollo. Pues está pasando todo lo contrario. También preocupa, la inestabilidad política y social experimentada tras los paros indígenas; la crisis del sistema de justicia y el colapso de los diálogos de paz con el ELN. Se suman, la volatilidad del precio del petróleo y las dudas frente a la demanda procedente de China que tiende a reducir las cotizaciones.

Y por último, pero muy probablemente, una de las razones de mayor peso en la coyuntura actual, el deterioro del saldo de la cuenta corriente con unas exportaciones no tradicionales que decrecen un -1.7% durante el primer trimestre del año, a pesar de contar con un tipo de cambio subvaluado.

La crisis venezolana nos estaría entonces pasando una doble factura, la primera por la vía del mayor déficit fiscal que ocasionó el relajamiento de la regla fiscal, y, en segunda instancia, al limitar el potencial exportador de nuestro país a su socio natural, cuyo costo de oportunidad se estima en cerca del 1% del PIB colombiano.

Sin embargo, para exportar más, en el mediano y largo plazo, la estrategia de desarrollo debe pasar por fortalecer el marco institucional y trasladar los costos de la corrupción a mejores niveles de calidad educativa, infraestructura de transporte e innovación tecnológica que harán innecesario recurrir a la competitividad vía precios, léase, devaluación, para  atraer el interés de los compradores externos.

Para finalizar, la coyuntura actual del mercado cambiario impone grandes retos a la autoridad monetaria que debe navegar en las turbulentas aguas de un mayor riesgo inflacionario,  en tiempos de alto desempleo y crecimiento económico persistentemente bajo.

Imagen: https://bit.ly/2Z8zasH

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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