¿El poder de la información?

“La información es poder. Pero como todo poder, hay algunos que quieren quedarse con él”, declaraba Aaron Swartz en un manifiesto que se convertiría en su momento, en la expresión más importante de rebeldía contra la privatización de la información. Esto ocurriría cinco años antes de que, con la misma tenacidad, tuviera que enfrentar una lucha interna que no lograría ganar y que terminaría en el momento en que tomara la decisión de interrumpir su vida.

Mártir de una revolución, Aaron inspiró a muchos a luchar por tener el poder de acceder a la información que sólo algunos tenían. Inspirado por sus ideas, muchas veces me pregunto si realmente hemos avanzado en esa lucha y si hoy, más de 10 años después de la publicación de aquel manifiesto, podemos decir que el poder de la información ya no se concentra tan dramáticamente en algunos individuos. No responderé esta pregunta aún, pero hablaré esta vez de dos términos que brindan herramientas para responderla.

Información vs. Datos

No es extraño que en la cotidianidad se utilicen estas palabras indistintamente. Sin embargo, es necesario comprender que la primera, la información, hace referencia a comunicaciones de conocimientos que permiten aclarar o ampliar un tema. La información está sujeta a la interpretación de quien la divulga y sin importar qué tan riguroso/sa se sea, no se termina retratando con precisión el tema mismo.

Por otro lado, los datos son una representación idealmente precisa de un tema. Los datos están desagregados, libres de manipulaciones y disponibles para ser procesados, analizados e interpretados. Hablar de datos es hablar de una valiosa oportunidad de generar información sobre un tema.

Si se publica un informe sobre la accidentalidad de tránsito en una ciudad, muy seguramente se estará presentando una comunicación que ya ha pasado por algunas manos, por algunas interpretaciones. Si, por el contrario, se publica una base de datos con los registros de los accidentes, tipo de vehículo en el que se transportaban los involucrados, fecha y ubicación del hecho, y el número de víctimas, esto representa la fuente principal de conocimiento y la base para poder generar cualquier informe. Por eso los términos en cuestión son distintos; quizá complementarios pero distintos. Esto no significa que los datos sean perfectos y que haya que usarlos y citarlos a ciegas, de hecho, no es posible hacer interpretaciones de unos datos sin conocer su origen, su propósito de recolección y su propósito de publicación. Todo hace parte del ejercicio de interpretación.

Seguramente, esta conceptualización no sea suficiente para contestar aquella pregunta de si realmente hemos avanzado en esa lucha por democratizar el poder de la información, pero por ahora la invitación será a que  piense si al final del día está teniendo acceso a la interpretación de un otro, o si está teniendo la oportunidad de ser usted mismo/ma quien pueda hacer ese ejercicio.

Fuente imagen: https://bit.ly/2uh9oF1

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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