EL MARXISMO CULTURAL Y LA DICTADURA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Corría la década de los años treinta y el brillante filósofo marxista, Antonio Gramsci, -producto de una epifanía-, se dio cuenta de que la estrategia hasta ese momento adoptada por los partidos políticos de corte comunista,  no estaba surtiendo el efecto deseado.

Él llegó a la conclusión de que la toma máxima del poder no se iba a producir como consecuencia de una improbable lucha de clases, sino que por el contrario, esta se iba a dar luego de un proceso cuidadoso de cooptación de espacios.

Fue así como el marxismo intelectual abandonó la espuria idea de la lucha de clases y se avocó a la conquista del ámbito cultural. Poco a poco, las universidades e intelectuales adoptaron al marxismo como ideología de cabecera. Foucault se convirtió en el nuevo prohombre de occidente y los movimientos culturales revolucionarios, proliferaron de la mano de las camisetas del Che Guevara y de las banderas de arcoíris.

En un corto lapso, el marxismo cooptó otros espacios como el de los movimientos sociales. El feminismo de la tercera ola, los grupos LGTBI, el ecologismo, el arte moderno, la literatura, e inclusive, la religión.

Así entonces, el neo marxismo, bajo una estrategia supremamente bien elaborada -y pensada- , logró inmiscuirse de manera indirecta – e imperceptible- en la psique de al menos dos generaciones de jóvenes, quiénes, de manera diaria y sin misericordia, fueron -y son- bombardeados por estas ideas.

Por ello, hemos llegado al grado de estupidización colectiva más grande de la historia. La dictadura de lo políticamente correcto se ha cernido como un negro nubarrón sobre la libertad de expresión y en este momento, cualquier opinión, por intrascendente que sea, puede llegar a desencadenar un linchamiento general sin que medien motivos y sin consideración de las consecuencias.

George Orwell con elocuencia lo anticipó en su obra cumbre 1984. En este momento, gran parte de la población mundial se encuentra subyugada por una minoría autodefinida como la políticamente correcta. Esta minoría nos indica qué pensar; qué decir, qué hacer, qué aceptar, cómo vivir y en qué creer. Las consecuencias de disentir o de opinar en contra de lo socialmente aceptado en este escenario distópico suelen ser brutales. Un chiste, un tuit, una opinión malinterpretada -o interpretada al amaño de estos salvajes- puede llegar a provocar linchamientos, pérdidas de empleo o inclusive, puede llegar a ocasionar el suicidio.

Es hora de que alcemos la voz y nos opongamos a lo políticamente correcto. Aún estamos a tiempo y seguimos siendo libres.

Imagen: https://shutr.bz/2IYr9AF

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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