El lado bueno y el lado malo

Algunos personajes de la literatura son universales porque encarnan una personalidad cuya dimensión desborda la obra de un modo cautivante, reconociéndose en ellos alguna condición de la naturaleza humana. Al común de las gentes estos personajes les llegan fácil a sus sentidos y los perciben con familiaridad y simpatía, les son inolvidables sin necesidad de concienzudas lecturas o análisis. Lo hace posible el logro en la creación del personaje y la fuerza que del mismo emana.

La literatura española ha dado dos personajes universales, La Celestina y El Quijote de la Mancha. Muchas generaciones se han deleitado con la personalidad de La Celestina de Fernando de Rojas: ambiciosa y alcahueta, presta sus servicios valiéndose de todos los medios por el dinero, pero goza al lograr el enamoramiento de los jóvenes. Y tanto o más, ha encantado el Quijote como antihéroe incomprendido de causas imposibles y medio loco, que lucha contra los molinos de viento, en diálogo con su leal y opuesto Sancho.

El príncipe Hamlet de Shakespeare en la famosa obra de la lengua inglesa, sobresale por su gran conflicto interno ético y filosófico al enfrentar situaciones trágicas que pasan por el fratricidio, la venganza y la impotencia. El carácter del personaje y sus cuestionamientos existenciales es motivo de muchas interpretaciones y adaptaciones. En otra esfera de las situaciones de la vida, está Madame Bovary de Gustave Flaubert. Ella representa con gran realismo la inconformidad ante una vida de clase media rutinaria y aburrida, contra lo cual lucha en su anhelo de tener una ilusión. A un estado patológico de frustración crónica se le menciona como bovarismo o síndrome de madame Bovary.

En la literatura colombiana Úrsula es la mujer enérgica organizadora de Macondo en sus Cien años de Soledad. También Melquíades hace parte del imaginario colectivo respecto de la figura del gitano que llega para deslumbrar. Es el personaje que trae la invención del hielo, enseña la Alquimia a José Arcadio y escribe en pergaminos el destino de Macondo.  Y entre otros grandes personajes literarios nuestros, uno especial para recordar por su figura poética y errante: Maqroll, el Gaviero, alter ego de Álvaro Mutis. Cuando como ahora, los desplazamientos en el mundo se han detenido y se espera el viaje soñado, es reconfortante conocer a Maqroll en La nieve del Almirante, en un viaje a bordo de su diario de hojas amarillas, encontrado en una librería de viejo en el bolsillo de la tapa de un libro. A pesar del movimiento del obsoleto lanchón río arriba, Maqroll descubre que el único sentido de la vida es el viaje por el viaje, lejos del puerto y del tedio. Este viaje singular es el tema central, como lo es el del hombre, en lo que se refiere a su paso por la vida, una aventura incierta e indefinida, en la cual los sueños son la clave para sobrellevarla.

Pero hay también otros personajes oscuros y dobles que despiertan un temor recóndito. Son los que revelan el lado malo de la condición humana. Es el caso del famoso Dr Jekill y Mr Hyde de Robert Louis Stevenson, referida a la doble existencia del respetable doctor Jekill. Había pensado éste que el bien y el mal de las personas se podía separar y había dado con la fórmula para hacerlo. El personaje se identifica con la capacidad de ocultar la otra faz o las verdaderas intenciones. En los Desposeídos, una utopía ambigua, de Úrsula K. Leguin, el científico Shevek se aplica a la reconciliación de dos planetas opuestos entre el capitalismo y la anarquía, encontrándose que bajo cualquier sistema existe el lado bueno y el lado malo de las cosas, aún con los mejores propósitos.

Y no falta el personaje maquiavélico en varias novelas, inspirado en las estrategias políticas en que se enfoca El Príncipe de Nicolás de Maquiavelo. Estrategias que consultan políticos y gobernantes. Más allá del sentido de la obra, en el argot común, el término “maquiavélico” tiene una carga de malignidad e inmoralidad para referirse a la búsqueda del poder siguiendo prácticas condenables.  Para ellos el fin justifica los medios. Y como la realidad supera la ficción, hay personajes salidos de aquellas páginas, cuyas andanzas en función de sus ambiciones personales,  tienen dimensiones insospechadas. Son emergentes de la demagogia para captar emociones antes que ideas, con discursos y consignas de odio  y falsedades, manipulando así el cerebro de grandes masas. Como es propio de quienes se dedican a tal oficio,  su proceder amenaza y erosiona la edificación de la democracia y de la sociedad. Las características de estos personajes tocan el ámbito de la psicología y la política, cuyos estudios sobre el particular contribuyen a identificarlos y evidenciarlos.

El universo de personajes literarios y reales es muy amplio, como lo son las incontables expresiones y manifestaciones de la existencia humana.  Sean del lado bueno o del lado malo es importante reconocerlos cuando vienen y asoman entre los vericuetos del camino.

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