El ‘espectro político’ y otras discusiones bizantinas

«¿Por qué seguimos hablando de ‘izquierdas’ vs ‘derechas’?»

“El centro político no existe”, fue una frase que escuché mucho durante la última campaña electoral colombiana, en medio de una fuerte crisis electoral que permitió el regreso del uribismo al poder y el fortalecimiento de la clase política tradicional.

La frase me causó mucha intriga, no solo porque me hizo reflexionar seriamente sobre la existencia o (in)existencia del llamado ‘centro político’, sino porque me hizo replantear la noción misma de ‘espectro político’ y abordar a profundidad otra arista de la discusión que ha sido descuidada: que el espectro político es una ficción a través de la cual intentamos enmarcar tendencias de política pública y de formas de liderazgo.

Peor aún, es una ficción que se modifica según el periodo histórico o el contexto político del cual estamos hablando y que generalmente sirve para establecer una falsa dicotomía en un escenario donde existen múltiples y enriquecidas opciones.

Las categorías que hemos construido para entender el mundo político son entonces insuficientes. No todos los movimientos políticos que se autoidentifican como “de izquierda” comparten las mismas demandas y preferencias en materia de política pública. Tampoco comparten sus formas de liderazgo o sus sistemas de gobierno. No existe una forma de clasificación de dichos movimientos que logre sobrepasar un examen histórico, social y geopolítico. En resumen, no son equivalentes la Venezuela de Chávez y el Uruguay de Mujica.

Entonces, ¿por qué algunos analistas se empeñan en repetir el sonsonete anteriormente referido? ¿Por qué seguimos hablando de ‘izquierdas’ vs ‘derechas’? ¿Por qué la entrada en escena del ‘centro político’ parece tan amenazante?

La respuesta para mí es simple: en un escenario de contienda electoral, reducir el debate a ‘izquierda’ vs ‘derecha’ es una estrategia diseñada específicamente para descalificar al adversario, construir un enemigo común y sostener una base electoral altamente obediente. Lo cual, naturalmente, siempre ha sido la intención detrás de los procesos de identificación colectiva en campañas electorales.

Tener una contienda electoral sana implica emancipar a los ciudadanos de estas categorías tan difusas, haciéndolos menos proclives a pecar por solidaridad ideológica. Dicho de otro modo, quitarle la carga semántica a categorías como “Izquierda” o “Derecha” (en mayúscula excluyente) permite que el votante promedio critique diferentes formas de gobierno y de organización económica de manera objetiva, desprovista de solidaridad por quien dice representar el sector del espectro político con el que uno siente afinidad.

No creo que lleguemos a un punto en el que se elimine todo proceso de solidaridad ideológica. Especialmente, si tomamos en cuenta que es inevitable que se construyan nuevas categorías que generen empatía en el ciudadano. Pero, creo que si logramos romper la dicotomía clásica del ficticio espectro político, podríamos empezar la formación de personas un poco más críticas y libres.

Imagen: https://bit.ly/30r5pnY

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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