El efecto Francia

 

Si en 2016 el suspenso lo trajeron las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y la victoria de Donald Trump, ahora nuestros ojos deben orientarse a mayo de 2017, cuando casi cincuenta millones de franceses habilitados podrán ir a las urnas a elegir al próximo presidente de la Quinta República francesa. Tratándose de uno de los dos ejes de la Unión europea, de una de las diez economías más importantes del planeta y de una potencia nuclear, lo que ocurra en Francia no es de poca monta. Más situados en la coyuntura, la nación europea hoy está embarcada en una lucha frontal contra el Estado Islámico y juega un papel preponderante en el conflicto en Siria, lo que la ha puesto en el ojo del terrorismo. De hecho, hoy Francia sigue en estado de emergencia, declarado por el presidente Hollande en noviembre de 2015, tras los atentados que dejaron casi 200 muertos en París.

Por supuesto, la amenaza a la seguridad de Francia ha generado el fortalecimiento de la derecha y de la extrema derecha, particularmente del Front National, cuya candidata Marine Le Pen lidera los sondeos para la primera vuelta de abril, donde con toda seguridad no se definirá al próximo jefe de estado. Sin embargo, hay aspectos adicionales que contribuyen al ascenso del conservatismo radical francés y que tienen mucho que ver con la percepción de los franceses sobre su propia situación: por un lado, si bien el gobierno socialista ha mostrado notables avances en materia de derechos civiles y ha dirigido causas notables como el Acuerdo sobre el Cambio Climático de París en 2015, en el manejo de la economía francesa persiste la insatisfacción y en eso el socialismo no logró marcar una distancia con respecto a Sarkozy. Es ahí donde el discurso de Le Pen se vigoriza y se convierte en una alternativa.

En el eje del discurso de la extrema derecha están puntos que sin duda pueden tener un impacto relevante a nivel mundial: el euroescepticismo podría desencadenar expresiones similares al brexit en Francia, con los efectos ya conocidos en los mercados internacionales ante una incertidumbre de esas proporciones. Una salida de Francia de la Unión europea no solo resulta inconveniente para el comercio internacional, sino para la inversión y la estabilidad de los mercados financieros. No obstante, para el francés de a pie el experimento integrador europeo no aporta respuestas a sus inquietudes y el desempleo por encima del 10% no ayuda a despejar las dudas y paliar las angustias. De hecho, el desempleo juvenil en Francia, según cifras oficiales, subió en 2016 a 24,3% lo que en términos prácticos pone en las calles francesas a casi un millón setecientos mil jóvenes a su suerte.

En el panorama político no hay respuestas sensatas para responder a la pérdida progresiva del poder adquisitivo, al desempleo y a la sensación de inseguridad que tienen los franceses. Mientras Hollande entra al ocaso de su periodo, con logros no reconocidos, pero sí compromisos importantes en materia económica, las candidaturas de izquierda, centro y derecha buscan construir programas alternativos que deberían responder a los retos de competitividad y a hacer más eficiente al gigante Estado francés. Sin embargo, discursos como los de Marine Le Pen no aportan esas soluciones, pero ponen sobre la mesa sofismas de fácil digestión para el elector francés: que el problema está en la migración, en el euro y en el comercio. No obstante, no parecen ser caminos ciertos.

El gran problema de un candidato como François Fillon -a hoy el único que puede detener a Le Pen- es que su agenda conservadora moderada pone en riesgo conquistas progresistas en materia de derechos civiles, aunque su programa económico aporta luces para el complejo panorama francés. Sin embargo, creo que para garantizar los avances sociales logrados en el gobierno socialista y recuperar el dinamismo de la enclenque economía francesa -que mantiene crecimientos apenas encima del 1%-, parece necesario concentrar la atención en candidatos como Manuel Valls y Emmanuel Macron. Quizás ellos puedan hacer que el efecto Francia no hunda al mundo un poco más en la paranoia y en la incertidumbre: construir sobre lo ya avanzado es lo más sensato. Lo cierto es que, en este primer semestre, la segunda potencia europea tendrá la atención del mundo.

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

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