“Descenso a los infiernos”

El título de este artículo no es mío. El genial historiador británico Ian Kershaw lo usó para titular su libro de historia de Europa entre 1914 y 1949, el periodo más violento y convulso que ha vivido la humanidad. Lo aterrador, además de las crudas imágenes que nos dejaron las guerras mundiales, es cómo un siglo después acudimos a escenas que no parecen tan disímiles. Los atentados terroristas en París, Bruselas y Londres, el ascenso de movimientos de extrema derecha nacionalista y la polarización cada vez mayor entre occidente y oriente, fijan la aguja en terrenos ya conocidos por el mundo. Espanta ver cómo París vio la acción de grupos anarquistas en 1893 y en 1932, que dejaron como resultado la muerte de dos presidentes de la República francesa, o Italia con el asesinato del rey Humberto I en manos de otro anarquista. Quizás, genera mayor conmoción que entre 1893 y 1914 murieron cuatro reyes y un presidente, aunque fue la muerte de Francisco Fernando de Austria en Sarajevo la que desató la conflagración. La entrada para la carnicería de 65 millones de personas en la primera mitad del siglo XX.

Hay consenso en afirmar que la guerra que estalló en 1914 no fue producto del azar ni mucho menos el resultado de las muertes de unos gobernantes. En su lugar, las muertes de jefes de estado y de gobierno por la acción violenta de grupos anarquistas y terroristas fueron el resultado de tensiones cada vez mayores entre las potencias europeas que al final llevarían a la guerra. El revisionismo territorial, producto de las pretensiones colonialistas; la agitación causada por el discurso contra el marxismo y la amenaza bolchevique, que se convirtió en una paranoia en los países de Europa central, particularmente; el ascenso del nacionalismo basado en prejuicios raciales y la crisis económica de entonces fueron la mezcla para que el mundo sucumbiera al belicismo. No sé si al lector le cause alguna clase de sorpresa las grandes similitudes entre las preocupaciones del siglo pasado y las de hoy.

La Historia tiene como características que no se compone de eventos aislados. Los ataques terroristas de los grupos fundamentalistas islámicos son el resultado de una polarización entre oriente y occidente. Si en los albores del siglo XX hablábamos de potencias colonialistas, en los últimos 20 o 30 años hablamos de esas mismas potencias, pero que han consolidado su hegemonía a través del control de la explotación de materias primas y la intervención directa en conflictos políticos internos (Siria, Irak, Mali, por citar apenas unos casos). Mientras Oriente se hacía más inestable política y económicamente, cientos de miles de personas emigraron en búsqueda de más oportunidades hacia Occidente. Y llegó la crisis económica de 2008, lo que hizo que los recelos entre propios y extraños se materializaran en expresiones segregacionistas como el Frente Nacional en Francia y otros partidos nacionalistas xenófobos europeos. Pretensiones territoriales, crisis económica, ascenso de grupos nacionalistas y la segregación racial, como hace un siglo, hoy volvieron a protagonizar la escena política internacional. Incluso Colombia no ha sido ajena a estos fenómenos. Basta ver los foros de opinión de los diarios y publicaciones en redes sociales para notar la paranoia contra el comunismo y el socialismo.

Es difícil y arriesgado pensar que el mundo camina peligrosamente hacia una conflagración como las vividas en el pasado. Pero las tensiones políticas, culturales y económicas a las que hoy asistimos deberían ser un motivo de profunda reflexión, estudio y, por supuesto, preocupación, por los asombrosos parecidos al periodo previo a la Primera Guerra Mundial. El mundo está acumulando energías que, en algún momento han de estallar: no sabemos dónde ni cuándo, pero la historia se encarga de contarnos que, en cualquier caso, el descenso a los infiernos se hace por el mismo camino.

  * Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

** Imagen extraida de inkpantry. Disponible Online: http://www.inkpantry.com/category/prose/

* Las opiniones expresadas en este espacio de deliberación, pertenecen a los columnistas y no reflejan la opinión ni el pensamiento de la organización Consorcio Ciudadano.

Deja un Comentario